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Editorial & Opinion

¿Y el sistema financiero?

Carlos Alvarenga Arias / Abogado y MAE

sábado 8, septiembre 2018 - 12:00 am

En los años 90 montón de bancos quebraron en Latinoamérica como piñatas en México en las vigilias y alboradas. ¿Fue epidemia? No, realmente fue pandemia financiera. ¿Qué pasó?

Las potencias, el G 7, convocaron a una reunión mundial en Basilea, para hablar sobre el tema, bueno, la verdad, el tema venía tratándose desde hacía ratos pero fue hasta Basilea donde se habló en serio sobre el tema: el crimen organizado estaba infestando el sistema bancario internacional. Había que hacer algo.

Ya el narcotráfico había ganado su carta de naturalización en la historia, pero no era reciente, o sea, no era el primero, ya las mafias del opio, el contrabando, el tráfico de armas para las guerras de guerrillas, etcétera, tenían décadas de estar lavando dinero en el sistema, distorsionándolo con su contaminación.

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¿Por qué entonces, hasta entonces, se reunieron para hablar sobre el tema? Porque hasta esa época los Estados Unidos se estaban enfrentando al fenómeno de la inundación de capitales sucios en su sistema financiero.

En Latinoamérica se dieron cuenta los malos banqueros, aquellos que iniciaron sus negocios no por vocación financiera, sino por intereses espurios, por conveniencia, por simple trabajo o por la alevosa intención de robarse los dineros de los ahorrantes.


Así los organismos internacionales, a la luz de las 21 reglas de Basilea, presionaron a los países de la subregión esta tan caótica, desordenada, caudillista, para que pusieran orden, cuidado, atención sobre los bancos, aseguradoras, financieras, etcétera, y crearan las instituciones necesarias, idóneas, con recursos para todas esas actividades, o sea, que supervisaran las instituciones que obtienen dinero ajeno para ponerlo a trabajar.

Pues así lo hicieron, pero de mentiritas, o sea, como que se pusieron de acuerdo muchas personas (funcionarios, banqueros y abogados), cuyos bancos y/o empresas estaban relacionados entre sí, para planear un mega fraude.

Crearon intendencias, superintendencias, comisiones, instituciones reguladoras del sistema financiero, pero no dieron resultado. La crisis de los 90 en Argentina, Serfin en México, Credissa en El Salvador y en Honduras, de forma particularmente escandalosa, quebraron bancos.

Las acciones eran simples para detectar, muy burdas, por lo tanto, sorprende que no hayan podido ser detectadas con tiempo. ¿Qué pasó? Otra vez la misma pregunta. Pues sencillo, las oficinas administrativas encargadas de detectar esos movimientos raros, eran puestos por el poder ejecutivo, el cual, financiado en sus elecciones por banqueros o millonarios vinculados a aquél, no permitirían que las investigaciones avanzaran.

Por lo tanto, el fraude estaba asegurado: delincuentes de cuello blanco coludidos con políticos. La cena estaba servida para ser comida.

Miles de millones de dineros de los ahorrantes desviados a paraísos fiscales, para viajes a los Estados Unidos o Europa, compra de joyas, pagos de tarjetas de crédito personales, cambio de amantes, etc., y luego la quiebra estrepitosa.

Quizá no todo fue tan banal, quizá mala administración, poca vocación financiera, cosas así, pero al final del día lo que importa es que esquilmaron el dinero de los ahorrantes, y a mí, estos días que estoy dando clases de Legislación financiera, me surge la pregunta: ¿Está la región preparada? Ahora se habla de una nueva crisis financiera en ciernes, similar a la crisis del 2008, la cual se está consolidando para darnos un gran susto.

Los mercados emergentes están jugando con fuego, sobrecalentando la economía global, maquillando estados contables, se endeudan más allá de lo sensato y razonable, producen en exceso, manipulan, confabulan, etc.

Los países más vulnerables a una crisis de magnitudes galácticas no son las pequeñas o grandes, sino las que tienen gobiernos populistas, esas dirigidas por caudillos a los cuales les habla un pajarito, los que tienen una vicepresidenta esotérica, los que pasaron en las montañas, como también los de izquierda que no entienden de Economía, pero ni siquiera el estornudo de Adam Smith, etc. Todos esos países son más vulnerables que los que pudieran sufrir durante meses inundaciones, terremotos y tornados. Esas naciones cuya clase política piensa que todo eso es de mentiras, que es una más del imperio, en fin, las cuales no le ponen importancia a las ciencias económicas, ni muchos menos a las contables, administrativas ni financieras.

En Honduras, mi país adoptivo, entre 1998 y 2001 quebraron tres bancos. Los socios se repartieron préstamos sin ningún respaldo. El país tuvo que cerrar ese hoyo financiero sacando dinero de la bolsa de los contribuyentes por más de 100 mil millones de dólares, y nadie fue preso, nadie pagó una condena.

Me da miedo que esa historia se vuelva a repetir.




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