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Editorial & Opinion

Ya no pueden seguir así, el país no da para más

Aldo F. Álvarez / Abogado y catedrático

Editorial & Opinion | Diario El Mundo

Jueves 2, Junio 2016 | 12:00 am

En la actualidad la deuda pública ronda cerca de un 63 a 64 % del PIB, y no parece comenzar una racha descendente, especialmente después de la malsana costumbre –que ya se volvió “regla general” todos los años– de transformar la deuda de corto plazo –el pago de las LETES- en deuda de largo plazo, a través de la emisión de bonos, lo que en el argot financiero se conoce como “roll over”. Dicho en corto: Emitir deuda para pagar deuda.

Este año nuevamente se ha presentado ya la propuesta de un nuevo “roll over” por parte del gobierno, y el principal partido de oposición -y algunos de los partidos visagra- nuevamente han traído a cuento la solicitud de la aprobación de una ley de responsabilidad fiscal. Dicho en corto, una especie de Deja Vu político.

A este punto debemos decir que es inadmisible seguir pagando más gasto corriente ni subsidios a puro endeudamiento. Pero cabe preguntarse válidamente ¿Cuál es la relación intrínseca entre el descomunal endeudamiento público y la dolarización de la economía? Es que hay que decir de entrada que la dolarización es la responsable en gran medida de la crisis económica que tenemos, del bajo crecimiento de la economía, y de las limitadísimas herramientas de política económica que el gobierno tiene para poder hacer frente a los problemas económicos internos y a los choques externos.

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El carecer de política monetaria por estar metidos en la dolarización sin estar incorporados a EE.UU. –como el caso de Puerto Rico-, y ya no digamos integrados como Estado federado -o en una unión monetaria al menos como la euro zona- adonde existen Bancos Centrales que para el caso estén inyectando liquidez a los sistemas financieros de los Estados y bajando tasas de interés activas para, entre otras cosas, incentivar el crédito productivo. Pero en nuestro caso, estamos en el peor de los mundos, porque uno de los grandes problemas de nuestra economía es precisamente la cada vez más grande iliquidez -escasez de dólares-, producto entre otras cosas, del alto déficit comercial que tenemos -las importaciones casi triplican a las exportaciones-, lo que hace que salgan más divisas que las que ingresan, algo que no es del todo complementado por las remesas familiares, a pesar que representan cerca del 16 % del PIB.

Sin política monetaria, el Banco Central de Reserva no puede adquirir deuda pública del Estado –lo que sí hacen para el caso los bancos centrales emisores de moneda-, para compensar su gran déficit fiscal, entre otras cosas por la elevada carga fiscal por los programas sociales y el pago de la cada vez más elevada deuda pública, así como por el abultado gasto corriente que se ha incrementado en los últimos años.

Así, nuestro problema con la dolarización se vuelve más complejo, ya que por un lado usamos la misma moneda que los EE.UU. sin estar integrados a ellos política y económicamente, y por otro lado, al carecer de un Banco Central que pueda inyectar liquidez al mercado, ya sea adquiriendo deuda pública o títulos de deuda privados del sistema financiero, estamos a merced de las divisas externas producto de las exportaciones -que son deficitarias frente a las importaciones-, de las remesas familiares, o a la compra directa de dólares por parte del Estado, que es extremadamente caro para el país.

No se puede negar que la dolarización fue una especie de paroxismo neoliberal en que metieron al país los Gobiernos de ARENA -entre otras cosas para evitar el riesgo cambiario de las instituciones financieras-. Fueron muy “creativos” con las remesas que llegaban desde el exterior –y luego de 2001 directamente en dólares-, potenciaron el consumo a partir de las importaciones en detrimento de la producción, crearon una “economía de centros comerciales” para que la gente gastara en ellos lo remesado, en vez de crear una base productiva e invertir adecuadamente lo enviado como remesas, para así incrementar la producción interna y estimular el mercado interno a base de aumentar el poder adquisitivo de las personas sobre la base de ingresos provenientes de fuentes de empleo formales.

Las élites extractivas “succionaron” todo lo que pudieron con la ventaja de tener el control del aparato de Estado, pagando pocos o nulos impuestos, evadiendo y eludiendo escandalosamente y hoy día tienen su capital transnacionalizado y regionalizado.

El no discutir el tema de la dolarización es tanto o más irresponsable como la decisión de dolarizarnos de aquel ex-presidente ya fallecido. ¿Cuándo va a asumir este gobierno su responsabilidad histórica de evaluar seriamente la perspectiva de la desdolarización?.



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