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Editorial & Opinion

Zimbabue frente a su historia

Eugenio Chicas / Diputado del FMLN al Parlacen

miércoles 8, agosto 2018 - 12:00 am

Por fin, en los cinco días que establece la ley, la Comisión Electoral de Zimbabue publicó los resultados oficiales de las elecciones generales celebradas el lunes 30 de julio, que dieron por ganador al candidato Emmerson Mnangagwa del partido de gobierno ZANU-PF (Union Nacional Africana de Zimbabue) con el 50,8 % de votos; frente al opositor que encabeza al MDC (Movimiento por el Cambio Democrático) Nelson Chamiza quien obtuvo el 44,3 %. El resultado de la integración de la Asamblea Nacional de 210 escaños también favoreció con la mayoría relativa y absoluta al ZANU-PF con 145 diputaciones, mientras el MDC se quedó apenas con 63, el Frente Patriótico Nacional con uno, igual que los Independientes.

Estas elecciones se desarrollaron en el marco de una gran expectativa internacional de cambios, sobre todo porque el partido de gobierno ha ocupado el poder ininterrumpidamente desde su independencia en 1980, fecha del triunfo sobre los racistas blancos que a lo largo de una centuria dominaron y saquearon a esa nación. Ese mismo liderazgo estuvo a la vanguardia de las heroicas luchas de las negritudes de ese noble pueblo que desde inicios de los 60 se organizó de manera firme para abolir el cruel yugo colonial.

Sin embargo, una fuerza política tan experimentada no está exenta de errores y aunque con frecuencia hubo elecciones periódicas, la falta de recambio en el liderazgo del país condujo a la ceguera política del mandatario y a la vez líder del ZANU-PF, anunciando a la edad de 94 años su pretensión de ser el candidato para otra reelección, o en su defecto la promoción de su consorte.

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Este hecho desencadenó en noviembre una crisis al enfrentar las pretensiones presidenciales de su vicepresidente que se opuso tanto a la reelección como al “liderazgo” de la primera dama y terminó siendo desplazado al exilio, desde donde encabezó la deposición del legendario presidente Robert Mugabe, quien terminó enfrentado: al Ejército, a su mismo partido que le retiró el apoyo y lo destituyó de su liderazgo, al Congreso con mayoría de la fuerza política que lo llevó al poder y que finalmente inició su “Impeachment”; instituciones que al final lo conminaron a negociar su renuncia de la presidencia, generando una profunda crisis política que arrastró al gabinete de gobierno.

El vicepresidente regresó del exilio, asumió el poder conforme a la Constitución y encabezó una apertura democrática que permitió elecciones libres, mayor libertad de prensa, organización y movilización; libre inscripción de candidaturas y propició amplia observación nacional e internacional que no ocurría desde hace 16 años. Finalmente con semejante crisis política partidaria y de gobierno, contra todo pronóstico, triunfa en estas elecciones y obtiene mayoría absoluta en el Congreso.


El líder del opositor del MDC, Nelson Chamiza, es un impulsivo joven abogado de 40 años, meteóricamente catapultado al asumir el liderazgo de este movimiento tras el fallecimiento del padre político, el carismático y legendario líder del poderoso congreso de sindicatos -excandidato en 2008-, Morgan Tsvangirai. Su expectativa de una posible victoria se vio acrecentada por el éxito en las principales ciudades -aunque el 70 % de la población es rural- y principalmente por la simpatía que se granjeó entre jóvenes urbanos debido al habilidoso impacto de su campaña en redes sociales en un país que con más de 13 millones de habitantes tiene más de 12 millones de líneas celulares activas. La juventud nuevamente votó poco, como tradicionalmente ocurre, y se limitó a participar en redes.

La madurez del liderazgo mediático de Chamiza ha sido cuestionada por anticiparse  declarándose ganador de los comicios, desconociendo los resultados oficiales, alegando fraude, sin haber presentado hasta hoy datos electorales sustantivos y probatorios por los canales legales que comprobaran el presunto fraude.

De acuerdo a las diferentes misiones de observación, tanto nacional como la respetada organización “Red de Apoyo a las Elecciones en Zimbabue” o las diversas misiones internacionales, coincidimos en que el día de las elecciones se desarrolló con bastante tranquilidad y un elevado nivel de participación que rondó el 75 %, según datos oficiales. En esto coincide también la cobertura de relevantes medios de comunicación como BBC, CNN, agencia Reuter, El País, Prensa Latina, RT, Xinhua, entre otros.

La mayor debilidad en este proceso, como en muchos de nuestros países, es la profunda desconfianza política, la debilidad y carencia de recursos de las instituciones electorales, la falta de consenso en la decisión y promoción oportuna de reformas políticas y electorales que vayan a tono con las tendencias de nuestro tiempo, por supuesto a tono con la cultura política e historia de cada sociedad y con la capacidad de recursos materiales que se deban y puedan empeñar para el desarrollo democrático.

Zimbabue no cuenta con un mecanismo de escrutinio de resultados preliminares que genere confianza, tranquilidad y certeza. Esta carencia, al final, dio por resultado el lamentable fallecimiento de seis personas y 14 heridos en las refriegas por el reclamo de resultados oportunos y la inmadurez de líderes que lanzan a sus bases sin fundamento en sus pretensiones.




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