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Editorial & Opinion

2.1 millones sumidos en el sector informal

Jaime Ulises Marinero / Periodista

lunes 22, octubre 2018 - 12:00 am

Siete de cada diez salvadoreños trabaja en el sector informal. Es decir, son un poco más de 2.1 millones de compatriotas que se ocupan en actividades económicas informales sin tener acceso a la seguridad social, lo que implica que no tienen derecho a pensionarse ni a atención médica en el Seguro Social.

Lo anterior es el resultado del último informe de Coyuntura Social 2017-2018 brindado la semana pasada por la Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social (FUSADES), que señala que la economía salvadoreña enfrenta cada vez más dificultades para absorber la fuerza laboral.

Quienes trabajan en el sector informal, si nunca salen de él, no podrán pensionarse y estarán condenados a trabajar hasta ancianos o vivir de la caridad ciudadana o pública. Además están sentenciados a ser atendido por la red pública hospitalaria, la que antes y en este momento es deficiente por falta de medicinas, médicos y por las condiciones infraestructurales y de equipo.

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Un dato entristecedor señalado por FUSADES es que el desempleo nacional ronda el 7.5% y que el desempleo juvenil (jóvenes entre 15 y 29 años) ronda en un 12%. Peor aún, el informe señaló que el 27.2% de los jóvenes no trabajan ni estudian y que la mayor parte de ese porcentaje son mujeres. Por cada 100 jóvenes 27 no tienen ni siquiera un trabajo informal, lo que obviamente los convierte en vulnerables en todo sentido. Un joven que no trabaja ni estudia cae en ocio y en ese estado se vuelve “caldo de cultivo” para los vicios, la vagancia y la delincuencia.

El informe señala que ante la falta de oportunidades laborales y ante la inseguridad, un 42% de nuestra juventud ha considerado más de alguna vez en marcharse del país a buscar nuevos derroteros. Los jóvenes se sienten sin apoyo institucional del Estado, lo que afecta su integridad, su seguridad y su bienestar social, por lo que creen que la movilidad humana es una alternativa y apuntan a Estados Unidos.


Desde hace años la falta de oportunidades laborales y el empleo informal se ha convertido en un círculo vicioso que los diferentes gobiernos han preferido ignorar. Es una espiral de la cual no logramos salir, una especie de pantano de arenas movedizas que pareciera no tener fin y que se acrecienta con otros problemas que son igual  o más graves, como la inseguridad misma.

Quienes han gobernado no le apuntan a una verdadera política de Estado para frenar las desigualdades sociales, la falta de oportunidades o la generación de fuentes de trabajo, ni siquiera hacen suyo el problema de la delincuencia, que a la postre se convierte en el mayor freno al desarrollo. Al contrario, quienes han gobernado buscan un provecho político de la delincuencia al ver como votos a los pandilleros o como justificación de políticas fallidas. Cuántos salvadoreños emprendedores han buscado salir adelante a través de un negocio o una innovación, pero son frenados de tajo por la delincuencia que ha hecho de las extorsiones un modo de vida.

Hasta ahora ninguno de los cuatro candidatos a la presidencia ha planteado un esquema idóneo, justo, creíble y práctico para generar fuentes de trabajo formal. Ni siquiera informal. Los candidatos han recorrido el territorio, pero al igual que el  “Flautista de Hamelín” han entonado la tonada que sus adeptos han querido escuchar y los han llevado directo a la inconsciencia. Si sumáramos las promesas  de generación de fuentes laborales de los candidatos, cada uno de ellos ofrece “hasta dos o más trabajos”  para cada salvadoreño. Si las promesas fueran alimentos viviríamos en un país de obesos extremos.

Ni Hugo Martínez, ni Nayib Bukele, ni Carlos Calleja, ni Josué Alvarado, han realizado una propuesta seria y concreta. Se reúnen con un sector determinado y se  limitan a hablar de creación de empleos, que casi son subempleos, pero no han hablado de modelos, leyes o esquemas viables de empleos que garantizan el acceso a la seguridad social. Hasta ahora les he escuchado hablar de creación de empleos de mala calidad, casi empleos informales o trabajos que apenas alcanzan el pago del salario mínimo. Ojalá que me equivoque, pero lo más probable es que dentro de un año, cinco años o más, cuando FUSADES  rinda un nuevo informe de Coyuntura Social, estará hablando de las mismas cifras o porcentajes  muy parecidos. El país necesita funcionarios con visión de nación…. Y por el momento no hay ni se ven.




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