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Editorial & Opinion

30 días para definir cinco años o más

Mauricio E. Colorado / Abogado

lunes 7, enero 2019 - 12:00 am

A diferencia de la tragedia política de lo ocurrido en la llamada la perla de las Antillas, Cuba, donde Fidel Castro Ruz, asaltó el poder hace sesenta años, e impuso un régimen en el cual no se volvió a conocer la libertad política suprimiendo las elecciones para escoger a los gobernantes de la isla e imponiendo a la familia Castro por seis décadas sometiendo al pueblo bajo el poder de las armas, en nuestro país, ante el grotesco ejemplo cubano, los salvadoreños se han resistido a dejarse domesticar en tan ignominiosa forma.

En efecto, las circunstancias políticas pudieron de alguna forma ser similares puesto que las ambiciones de los gobernantes llegan e extremos intolerables, que provocan que los ciudadanos se alcen en armas contra los abusos y desmanes de quienes se consideran mesias reivindicatorios de la población, insustituibles, y eternos, lo cual provoca alzamientos y derrocamientos sangrientos de los falsos líderes, y consecuentemente, la implementación de nuevos gobiernos que con frecuencia, caen en los mismos vicios de los que han removido.

De esa forma, Fidel sustituyó a Batista en Cuba, pero con mano de hierro, y a base del paredón de fusilamiento, limpió de opositores la política, e impuso su ideología que quiso, y logró establecer su régimen, y exportarlo a varios países de África y de América, donde sobreviven aún, los de Venezuela, y Nicaragua, bajo el mismo Sistema de fuerza y violencia. En nuestro país, la cosa les ha resultado diferente, aunque la intención de los seguidores del sistema cubano no ha dejado de ser la misma, la fuerza armada, a la par de políticos democráticos nacionalistas, impidieron la toma del poder por la fuerza y lograron unos acuerdos de paz, en los cuales se estableció que no había vencedores ni vencidos, y que los obligó a someterse a un proceso racional para optar al poder, proceso que los obligaba a someterse a elecciones, lo cual implicaba obedecer una Constitución Política pre establecida, que les impedía hacer y deshacer a voluntad  sus caprichos dictatoriales, sometiéndose a un Sistema Judicial Igualitario. Semejante Estatus Legal, impidió que sus promesas de cambio y riqueza para todos se fuera al traste, y la tal riqueza se tornara solamente a favor de cierta limitada y escogida dirigencia que en la actualidad goza de las mieles del poder, y que los supuestamente favorecidos, como en los países “liberados” como Cuba, Venezuela o Nicaragua, hayan empeorado su precaria situación de supervivencia.

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En la actualidad, y ante la necesidad (a la que Fidel no tuvo que someterse) de celebrar elecciones, se escuchan lastimeras declaraciones de que ahora sí van a corregir los errores que han cometido en los dos períodos anteriores; que ahora sí van a hacer nuevos hospitales; que ahora ya no habrá corrupción; que votar por Bukele es igual que votar por Saca, etc. etc. etc. La realidad es que toda la campaña del partido de gobierno es una mezcla que pretende demostrar una falsa democracia que Fidel nunca tuvo. Desde el inicio, la dirigencia trató de imponer a otro Martínez, pero no a Hugo, sino que a Gerson, pero al darle visos de democracia, las bases escogieron a Hugo.

Ahora “debajo de agua” como se dice, pretenden hacer un pacto con Nayib (a quienes unos tienen por traidor del FMLN, a quien expulsaron de dicho partido) con tal de no salir del todo del poder Ejecutivo, porque saben que la única posibilidad es que haya una segunda vuelta entre el primer  lugar, ARENA, y el segundo, GANA. En esta guerra de troles y encuestas, se nos hace difícil predecir un ganador. Sin embargo, tenemos la impresión que el votante racional repudia la violencia, al igual que las amenazas de toma de calles o de violencia por fraudes imaginarios, y que en ese sentido, buscará al candidato más serio, al más preparado, al más racional. Con la experiencia vivida de los candidatos populistas que ofrecieron honradez y resultaron una pifia, esperaríamos, una seria reflexión al otorgar el voto.





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