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Editorial & Opinion

A la vista nuestro mayor escrutinio

Armando Rivera Bolaños / Abogado y Notario

sábado 5, enero 2019 - 12:00 am

Pausadamente, pero en forma indetenible, hemos llegado en nuestro país a la fase culminante que señalan, tanto la Constitución de la República como el Código Electoral, que es de acudir a las urnas todos los ciudadanos aptos el próximo domingo 3 de febrero, para elegir al futuro mandatario de nuestra amado El Salvador, abatido por problemas socioeconómicos e ideológicos, que vuelven necesario e imprescindible que la mayoría de electores hagamos conocer, por medio del voto libre e igualitario, cuál es la persona que deseamos la mayoría para dirigir los destinos patrios durante los próximos cinco años.

La elección es un acontecimiento de primer orden e importancia en la vida social de cualquier país, siempre y cuando se respeten los postulados democráticos que garantizan la honestidad en el proceso electoral, la voluntad del electorado y la transparencia en el escrutinio.

Me pareció muy oportuna, la entrevista que nuestro Diario EL MUNDO publicara de mi estimado exalumno josefino, abogado reconocido y magistrado del Tribunal Supremo Electoral (TSE), licenciado Miguel Ángel Cardoza quien, en forma categórica, enfatizó que “está preparándose desde su propia trinchera, para garantizar que hayan elecciones libres, transparentes y que se respete la voluntad de la población”, un compromiso público ineludible y conociendo, desde su juventud, al colega, estamos seguros que llevan el sello de su experiencia y moralidad reconocidas. Y aunque las decisiones del TSE, son siempre colegiadas, la sola presencia de un magistrado intachable, impide que se trame cualquier fraude a la voluntad del pueblo. Eso no implica que le estamos restando méritos a los demás magistrados, a quienes también expresamos nuestra plena confianza como ciudadanos y como profesionales del Derecho.

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Aparte de ese compromiso, importante por provenir de uno de los magistrados del máximo tribunal electoral, nos complace saber que al evento asistirán delegaciones de observadores internacionales, también de reconocida solvencia en tales asuntos, así como la presencia de organizaciones nacionales no partidarias, conformadas por profesionales sin tacha, mucho menos con preferencias individuales para tal o cual partido en contienda, que se viene a constituir en otro valladar contra cualquier fraude y, por último, pero siempre el más predominante en importancia, es el papel que desempeñemos ese domingo los ciudadanos, de uno  y otro género, acudiendo temprano, puntual y masivamente, a depositar nuestro voto a las diferentes juntas receptoras que se habilitarán para tan histórica fecha. A estas alturas, la ciudadanía capaz de emitir sufragio, prácticamente ya está decidida y convencida por quién de los candidatos, emitirá su voto. Y aun más: ningún ciudadano, ningún elector, llegará a las urnas en forma vacilante  a esperar que otros decidan su voluntad personal o indicándole dónde marcar una determinada bandera. La difusión pública sobre la forma de votar, doblar la papeleta, depositarla en la urna, etcétera, ha sido amplia y profusa que, cualquier intento extraño de querer torcer la voluntad del elector, debe ser denunciado de inmediato para que las autoridades, tanto electorales como policiales, procedan de inmediato contra el o los infractores.

Hacemos esta acotación, por cualquier suceso desagradable, o inesperado, que pudiere suscitarse en esta fiesta del pueblo. Considero, en esta parte, que los partidos insistan en la asistencia masiva, libre y espontánea del electorado salvadoreño, para que la decisión final se conozca en la misma noche del domingo 3 de febrero próximo, o sea, en primera vuelta y no en una segunda como algunos líderes y voceros del oficialismo, está anunciando en diversas formas. Una segunda elección es desgastante, generalmente con menos asistencia de votantes, lo cual favorecería mezquinos intereses que podrían estar fraguándose en algún punto del universo politiquero. Debemos asistir el 100% de electores a las urnas que se habiliten a lo ancho y largo del país. Debemos desayunar temprano, como decía mi abuelita: “con un huacalito de café amargo y un pedazo de shashama o quesadilla”, para evitar espurios ofrecimientos y formar las filas que nos indiquen, para acercarnos a la junta respectiva y…¡votar secreta y libremente!





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