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Editorial & Opinion

A la zaga nuestro capital humano

Armando Rivera Bolaños/Abogado y Notario

miércoles 17, octubre 2018 - 12:00 am

Gravísima condición de nuestro capital humano reflejan los recientes informes del Banco Mundial, por medio de su Índice al respecto, al ubicarnos en una muestra de 157 países, en el nada favorable lugar 97 que, en términos sencillos, significa que nuestro país no reúne ni ofrece las condiciones deseables para que todo recién nacido tenga las expectativas necesarias para “alcanzar el conocimiento, las habilidades y la salud que una persona promedio  puede acumular, para desarrollar su potencial como un miembro productivo de la sociedad”.

En una palabra, no hemos logrado crear ni implementar en el país un plan óptimo y aceptable de educación y de salud que abarque, de manera especial, el sector infantil de la población salvadoreña, desde cero años de edad hasta la adolescencia, para extenderla después a la primera juventud que corresponde a los niveles de bachillerato y preuniversidad. Seguimos manteniendo un anacrónico e injusto sistema educativo de naturaleza piramidal, donde a la base, la educación básica todavía es insuficiente para miles de niños, que siendo de nueve años en básica, muchos solo estudian seis o menos años, con déficits incluso en los estratos superiores demostrados por las PAES, con grandes porcentajes de jóvenes que no llegan al bachillerato ni la universidad, porque son aún niveles privilegiados de minorías. Una solución a ello, según el Índice publicado, es cuando nos hace un llamado perentorio e ineludible para iniciar un vasto y agresivo programa de atención prenatal, natal y posnatal. La desnutrición sigue atacando a nuestros niños y adolescentes, lo mismo que las enfermedades infectocontagiosas, que se ven favorecidas porque no hay educación sanitaria en la población que debería tener varias líneas de acción como la de inculcar la vacunación temprana, el depósito y eliminación racional de desechos orgánicos, higiene hogareña y alimentación nutritiva sin muchos gastos económicos. Muchas deficiencias escolares se deben no tanto a factores de retraso mental, dislexias o discalculias, sino a problemas alimenticios que inciden en la salud general del educando, lo cual afecta su normal proceso de enseñanza-aprendizaje. Una correcta coordinación del Ramo de Educación con el Ministerio de Salud sería recomendable, para que se atienda, en forma periódica, la población escolar del país, para detectar oportunamente toda situación que ocasione esos problemas.

Los datos proporcionados son enfáticos en afirmar que el capital humano centroamericano es uno de los más afectados, hasta el grado que el salvadoreño que nace hoy solo alcanza un promedio de 0.50 de su potencial productivo en una escala corta que oscila de 0 a 1. Este dato es, de por sí, revelador y preocupante. Es muy difícil que alcancemos un pleno desarrollo si a la base tenemos una niñez con pocas probabilidades en educación y salud, que, de hecho, también implica que no hemos alcanzado un nivel aceptable en salud materno-infantil, mucho menos prenatal, que abarca en especial, reiteramos, las zonas rurales y marginales del país. Casos de ceguera, de sordera y otras deficiencias, se deben principalmente, no tanto a la acción de factores patógenos internos y externos, sino en el descuido de la vacunación apropiada y ausencia de una alimentación balanceada durante el embarazo y el tiempo de lactancia, cuya funesta consecuencia es que el 99 % de niños nacidos solo sobrevivan hasta los cinco años, es decir, tenemos los salvadoreños una de las tasas de mortalidad infantil más elevada de América Latina.

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Mientras Costa Rica, Panamá y Nicaragua están en mejores condiciones que nosotros, aunque no son las óptimas, como lo están naciones ejemplares que ocupan las primeras posiciones del Índice en comento, tal es el caso de Singapur, Corea del Sur, Japón y Hong Kong, nos hacemos solidarios de la más importante recomendación que formula el Banco Mundial y que citamos textualmente: ”Es muy importante que los ministros de finanzas interioricen o internalicen que la inversión en capital humano es tanto o más importante que la inversión en capital físico”. Ergo, me pregunto: ¿De qué sirve construir mega obras como pasos a desnivel, carreteras de varios carriles o enormes aeropuertos, si abundan familias de extrema pobreza, enfermas, sin trabajo formal y con hijos sin acceso a la educación? Reto muy duro, pero superable.




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