Editorial & Opinion

Abra una empresa

Sherman Calvo / Empresario

viernes 31, enero 2020 - 12:00 am

De verdad disfruté de este pensamiento de Paulo Tenorio, CEO de Traktor, en el que nos insta a abrir una empresa: “Yo invito a todos a abrir una empresa un día y experimentar por algunos años lo que es la responsabilidad de enfrentar una planilla, la regularización de impuestos, el proceso de selección de personal, la inversión en equipos, infraestructura y comodidad para el lugar de trabajo.

Invito a todos a que hagan ese experimento. Que aprendan a calcular el valor de una hora de trabajo. Aprendan a calcular el valor de un salario. Que inviertan incontables horas con contadores. Que queden otras noches sin conseguir dormir preocupados por las cuentas. Invito también que experimenten formar personas, inspirar lo mejor en cada uno. Motivar con palabras, con respeto, honestidad y con dinero. Invertir en marketing, ponerse la camiseta y salir a la calle para atraer clientes. Pruebe también sujetar la onda cuando los enemigos y las críticas lleguen. Cuando duden de usted y cuando usted mismo dude... De verdad lo recomiendo.

Recomiendo descontar un cheque propio, o pedir prestado, para no retrasar un día los pagos. Pruebe también mirarle a los ojos a un empleado y despedirlo. Llegar a casa frustrado por cada proyecto, idea, estrategia que no dé resultado. Pero, aun así, seguir firme y animado tratando. Haga esta prueba. Se va a ver despertando a las tres de la mañana sin motivo aparente, pero con el pensamiento en un producto, en una conversación de oficina o en un plan para evitar la quiebra. Intente ser el jefe por algunos años: ¡Ser visto como explotador! Haga esta prueba. Pero hágalo por creer que el propósito de su negocio va mucho más allá de ganar dinero. Y cuando hablen de usted o alcance el éxito... recuerde todo lo que ha pasado. ¡Guárdelo en el alma! Por eso haga este experimento de abrir una empresa”.

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Puedo añadir a este magistral manifiesto empresarial, que ser emprendedor, es una de las labores más honrosas y dignas de admiración que existen. Hay mucho en juego y casi nadie lo valorará. Y aun así usted tiene fe, lucha por un sueño y está mejorando la vida, no solo la suya sino de todos los involucrados. Otros se preocupan por llevar comida a su mesa. Usted, emprendedor, empresario, se preocupa por llevar comida a varias mesas además de la suya. Los funcionarios, las grandes obras, las campañas electorales, todo, se hace con los impuestos que pagamos. Por ello emprendedores y empresarios, desde el que pone una abarrotería, una carpintería, un taller hasta los grandes emprendedores. Ser empresario significa tomar acciones humanas, creativas y rentables para construir algo de valor, en muchos casos a partir de prácticamente nada. Debe estar consciente de que su familia le hará reclamaciones porque “trabaja mucho”. Sus acreedores le harán reclamaciones porque sentirán que se está haciendo rico a costa de ellos. Su salud le hará reclamaciones porque habrá días que no coma bien, que no duerma lo suficiente. Si las cosas salen bien le tendrán envidia, dirán que tuvo suerte, que hizo fraude, que se lo regalaron. Si las cosas salen mal, dirán que es un tonto, hablarán de cómo “se debería haber hecho”. Si hay ganancias, si hay fama, tendrá muchos amigos, muchos de ellos falsos. Si hay pérdidas, nadie le dirá: ¿necesitas ayuda? ¿Necesitas un préstamo? ¿Te ayudo a recomenzar?

Como ya lo he escrito en artículo anteriores, El Salvador necesita muy buenos empresarios. Requerimos de muchos y buenos empresarios. El Estado salvadoreño tiene que ayudar a formarlos, a defenderlos, a mejorarlos y hacerlos pilares del desarrollo económico-social, porque los empresarios son indispensables en la creación de centros de trabajo y de producción. Los empresarios, a través de las fábricas, de los centros de trabajo, son los mejores vehículos para redistribuir la riqueza. Las empresas son el mejor instrumento para hacer justicia social, y la mayor garantía para que los países progresen y se desarrollen equilibrada y democráticamente, cordialmente entre sus habitantes.


Por ello, vuelvo a repetir: ¡Emprendedores, los felicito, los admiro, los aplaudo, los respaldo, los entiendo! Y, sobre todo, están en mis oraciones, porque solo quien carga el saco sabe lo que pesa.




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