Editorial & Opinion

Adaptarnos o Morir por el Clima

Juan Marco Álvarez / Experto en sostenibilidad Twitter: @jmagreen

jueves 26, septiembre 2019 - 12:00 am

Debido a las condiciones de alta degradación ambiental y vulnerabilidad que posee El Salvador, y sin menospreciar actividades potenciales de mitigación de gases, invertir con urgencia en adaptación es sumamente crítico para nuestro País. De acuerdo al Panel Intergubernamental de Cambio Climático de Naciones Unidas (IPCC), la adaptación se refiere a “las iniciativas y medidas de ajuste encaminadas a reducir la vulnerabilidad de los sistemas naturales y humanos ante los efectos reales o proyectados de un cambio climático.”

La adaptación es necesaria para enfrentar los impactos del clima y que ya estamos sintiendo en carne propia. Las proyecciones climáticas para Centro América muestran frecuencia de eventos extremos como sequías e inundaciones y el aumento en el nivel del mar. Todos estos cambios tendrán repercusión directa o indirecta en la mayor parte de las actividades productivas del país, así como en las personas y el medio ambiente, en especial el recurso hídrico.

La realidad es que es complejo aterrizar un plan nacional de adaptación, pero hay que hacerlo cuanto antes. Por ejemplo, debe generarse información más aterrizada sobre escenarios climáticos y también sobre escenarios socioeconómicos y su respectiva vulnerabilidad climática. Deben evaluarse los efectos e impactos del cambio climático en sectores como el agrícola y el energético, y en sistemas naturales, como manglares y humedales, así como deben analizarse opciones actuales y futuras de adaptación para estos sectores y sistemas naturales prioritarios.

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Existen ejemplos interesantes como los de Colombia y Chile, que ya han avanzado con sus planes nacionales de adaptación.  Chile visualiza su plan como el instrumento articulador a partir del cual se definió la política pública de adaptación frente a los efectos del cambio climático. Es un marco conceptual que provee lineamientos para la adaptación de sectores que han sido priorizados: forestal/agrícola, biodiversidad, pesca, salud, infraestructura, recursos hídricos, energía, ciudades y el sector turismo. Lo interesante del ejemplo Chileno es que cada uno de estos sectores cuenta con su propio plan de adaptación al clima e incluye una fuerte participación del sector privado.

Colombia, que desarrolló su plan en el 2011, formuló 11 planes territoriales de adaptación al clima, los cuales identifican acciones prioritarias para cada uno. Estos planes descentralizados ayudan a los tomadores locales de decisión a identificar vulnerabilidades en sus propios territorios, y definen medidas de adaptación para incorporar diferentes instrumentos de planificación para el desarrollo local. Además, Colombia ha identificado seis sectores prioritarios a los cuales le apostará fuertemente con el tema de la adaptación: transporte-infraestructura vial, energía, agricultura, vivienda, salud, y comercio-turismo-industria.


De igual forma, El Salvador debe apostarle a sectores críticos para la adaptación al clima. Entre los sectores o temas que debemos priorizar como País se encuentran el recurso hídrico, el tema salud, el sector energético, el sector agrícola, las ciudades, el turismo, y el recurso marino-costero.

Y por último, aunque no menos importante como sector o tema, El Salvador debe invertir en adaptación para mejorar o mantener en buen estado su capital natural (áreas naturales, bosque cafetalero con sombra, ríos, humedales, manglares, etc.), ya que estos actúan como áreas de infiltración y barreras ante eventos extremos como los incendios, inundaciones, sequías y mareas altas. Algunas actividades podrían focalizarse en restaurar y proteger cuencas, humedales, ríos y otros sistemas naturales de drenaje, incluyendo la asignación de caudales ambientales en los ríos para asegurar provisión de agua de calidad, así como proteger la costa y alejar las construcciones de la misma.

Para potenciar estas actividades, es apremiante aterrizar un  Plan Nacional de Adaptación cuanto antes, con el MARN a la cabeza, pero junto a sectores clave, incluyendo al privado, e iniciar inversiones con recursos propios y recursos externos provenientes de fuentes como el Fondo de Adaptación, el cual financia proyectos y programas que ayudan a comunidades vulnerables en países en desarrollo, y en especial, del Fondo Verde para el Clima, y cuya meta es contribuir de manera ambiciosa al logro de objetivos de mitigación y adaptación al cambio climático de la comunidad internacional. El Salvador debe comenzar esta tarea antes de que sea demasiado tarde.




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