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Editorial & Opinion

Administren su derrota, administraremos nuestra victoria

Aldo Álvarez / Abogado, catedrático, directivo del CD

viernes 8, febrero 2019 - 12:00 am

Es de humanos errar y de sabios rectificar, pero para poder hacerlo hay que tener plena y absoluta conciencia del error, de sus causas y de sus autores. El pasado 3 de febrero terminó de una buena vez –pues ya se había dado el principio del fin- un ciclo político que comenzó en la inmediata posguerra. Un ciclo político adonde si bien es cierto se trató de “democratizar” el sistema político a partir del empoderamiento de los partidos políticos, en verdad lo que se hizo fue sentar las bases de lo que después se degeneró en la llamada “partidocracia”, producto que este nuevo poder político que se les concedió a los partidos políticos se dio en dos contextos: Por un lado una institucionalidad muy endeble, producto de un pasado adonde las instituciones estaban al servicio de los intereses del gobernante de turno –y éste a la vez de los grupos oligárquicos de poder-, que les dictaba a los funcionarios de las instituciones lo que debían hacer o no hacer y, por otro lado, partidos muy atrasados, primitivos, poco o nada democráticos y sobre todo verticales y con características corporativas.

Este contexto facilitó que: Por un lado permitió que el poder en los partidos de acción cupular se revistiera en unas pocas personas en la cumbre, que estas personas encontraran que con ese poder podían negociar casi cualquier cosa para lograr objetivos muy particulares y hasta personales, que ello podía servir para enriquecerse en forma casi ilimitada, que se podían “transar” las instituciones y poder colocar personas que fueran afines a tales partidos –dirigentes-, que al igual que en el pasado dictatorial, se les podía dictar lo que tenían que hacer o no hacer, y por último, que dicho estado de cosas se mantuviera durante el mayor tiempo posible, porque de eso se beneficiaban los que de dicho estado de cosas lo hicieron.

ARENA y el viejo bloque de derecha –junto al PCN y PDC- fueron los primeros en poner a funcionar el mecanismo de la partidocracia, de hecho ellos la inauguraron, y así se especializaron desde el ejecutivo en robar, saquear, privilegiar los intereses de sus grupos corporativos que los financiaban a ARENA, pero poco o nada les importaron las necesidades de la gente o asumir políticas públicas que de una manera honesta tuvieran el objetivo de sacar a esa masa de pobres de su calamitosa realidad. Y era completamente explicable, pues de ese estado de cosas se beneficiaban los grupos oligárquicos, no sólo del saqueo desde el ejecutivo, de los privilegios que a sus empresas les conferían las instituciones públicas, sino de la propia consecuencia de la desigualdad estructural, que el éxodo de migrantes y la llegada de remesas les beneficiaba a ellos y por eso crearon una economía fincada en el sector terciario de la economía –comercio y servicios-, importación y venta en comercios –ubicados mayoritariamente en centros comerciales cuyo máximo dueño es uno de los oligarcas-, sino también un clima de inseguridad generalizado que de alguna manera garantizase la afluencia a tales lugares cerrados y “seguros”, para tener cooptado el comercio en ellos, o sea, el colmo de la perversidad humana. Y por eso, y por mil razones más, ARENA tiene un pasado tan sucio y enlodado, que si no realiza una reingeniería casi que a la prácticamente refundación de su instituto político, está condenada a convertirse en la mínima expresión de sí mismo. Y ese repugnante, anacrónico y jurásico himno de la guerra fría que viven sonando, creo que les hunde más de lo que les beneficia. Hasta eso deberían reevaluar, si quieren seguir siendo una fuerza medianamente aceptable, en términos políticos, y no llegar a convertirse gradualmente en irrelevantes. Administren bien su derrota, desháganse y destrábense de las taras del control corporativista que los oligarcas financistas les han impuesto, y que son los verdaderos responsables de su derrota. El Coena es el responsable formal, pues fue el que dirigió la campaña y es la autoridad estatutaria, pero el verdadero responsable material, ese es el grupo oligárquico de poder económico que los financia, que les impone al candidato presidencial, que les dicta lo que tienen que hacer y que los ha llevado al despeñadero en que se encuentran. Administren bien su derrota, pero sobre todo, corrijan el rumbo, pues si no se vuelven realmente democráticos, van camino al cadalso. Por cierto, ¿se acuerdan cuando dieron indicación de cancelar a CD?, ahí comenzaron a cavar su propia tumba…

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