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Deportes

Aficionado albo se costeó la universidad con la venta de tostadas

Astrid Mejía

sábado 5, enero 2019 - 12:00 am

Del lado del césped: un jugador que trabajando tres horas diarias gana como mínimo $1,000 mensuales. Del otro lado de la malla metálica: personas que deben rebuscarse por la vida, laborando incluso 15 horas diarias. Y no hablo del aficionado con capacidad adquisitiva de gastar $15 por un boleto en el sector de platea para ver un partido de Alianza, sino de otro al que la vida se la ha puesto más dura, pero se las ingenió para, de a poco, ir alcanzando sus sueños.

Muchos de los que están del lado de la grama, pese a ganar $1,000, $2,000, $3,000 o $4,000, no pasan de bachillerato aunque tienen mucho tiempo libre para sacar una carrera universitaria, pero un vendedor de tostadas nos da una gran lección de superación, aunque para ello tiene que trabajar alrededor de 15 horas diarias.

William Miranda Cortez es un joven de 29 años originario de la colonia Monte Blanco, contigua a Bosques del Río en Soyapango, San Salvador. Comenzó a trabajar desde los 10 años ayudando en un negocio familiar de fabricación de tostadas, las cuales vendían posteriormente en el centro de la capital salvadoreña.

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“Mis papás tienen el negocio prácticamente desde que yo nací, entonces empecé a trabajar desde los 10 años en la casa pelando (plátanos, papas y yuca) y embolsando, haciendo cosas pequeñas y, luego, a los 14 años, comencé a vender en el centro”, explica William.

A los 15, comenzó a ir al estadio a ver a Alianza FC, pero pronto tuvo que renunciar al disfrute de los partidos como cualquier aficionado, teniendo que acostumbrarse a cantar los goles discretamente haciendo malabares con un huacal de tostadas en mano y en la otra un recipiente con curtido.


Con ello, la visión cambió. Desde entonces, la mirada de William ya no se redujo al rectángulo de juego, ampliándose a todos los sectores del estadio, a cada uno de los aficionados y a ver el fútbol como un campo fértil para cualquier persona con deseos de superarse, para lo cual no necesariamente tienes que tener habilidades con el balón.

La habilidad de este joven comerciante son los números. Mientras muchos hinchas tienen la mirada fija en el balón, de quien está atento William es de cada uno de ellos, aunque pareciera que se pierden entre la multitud. Así, mientras unos cuentan goles, él cuenta el dólar por tostada vendida.

Sus estudios universitarios

De dólar en dólar, este joven emprendedor logró costearse buena parte de sus estudios universitarios. En 2009 comenzó a cursar la Licenciatura en Administración de Empresas con Énfasis en Computación en la Universidad Tecnológica de El Salvador (Utec), carrera que se financiaba con la venta de tostadas, pero en 2010 tuvo que parar debido a que los “muchachos” de la colonia comenzaron a extorsionar a sus padres con la famosa “renta” por el pequeño negocio que sustenta a una familia compuesta por cinco miembros.

“Los muchachos aquí nos pusieron renta, entonces ya no pudimos pagar la matrícula y mensualidad de la Universidad, por lo que dejé de estudiar tres años… Pero gracias a Dios en 2014 ya se comenzó a vender un poquito más y retomé los estudios, con la ayuda de un tío, quien me apoyó por dos años”, cuenta William, quien está próximo a egresar.

Al ver su esfuerzo por salir adelante, la Unidad de Becas de la Utec, a cargo de Carlos Loucel, decano de estudiantes, lo apoyó con una beca completa, por lo que desde 2018 hasta junio de 2019, mes en el que William espera egresar, no cancela cuota ni matrícula por sus estudios.

“Como yo llevo el huacal a cualquier lado, pues no me da pena andarlo, un día en la ‘Tecno’ había un evento y yo llevé la venta, entonces   un Licenciado me presentó con el decano de estudiantes y le dijo que así me pagaba la Universidad y de la nada me dijo que me iba a dar la beca completa”, narra el estudiante, quien agradece mucho a la Utec por el apoyo brindado.

 

Expandir el negocio

“Más que todo, la idea de la Licenciatura es apoyar el negocio, no es para ir a ser un empleado; después de graduarme, quiero hacerlo crecer, porque me gusta este trabajo. Hemos comenzado haciendo otra presentación del producto y le estamos vendiendo a algunas escuelas. La idea es llegar a más, pero con un mejor producto. En unos dos años que salga de la Universidad quiero hacer el registro, poner la marca y seguir con el trabajo”, manifiesta.

La elaboración del curtido que acompaña las tostadas también es diferente, pues usa jugo de remolacha y jugo puro de limón como base, en vez de la tradicional vinagre. “Trato de darle lo mejor al cliente”, afirma.

El fútbol no es solo fútbol y él lo sabe bien. Gracias a las oportunidades que abre y a quien las descubre y aprovecha, William será el primero de su familia en tener una carrera universitaria.




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