Editorial & Opinion

Agua “chuca”

Rafael Domínguez / Periodista

miércoles 29, enero 2020 - 12:00 am

La experiencia vivida hace dos semanas con el agua potable entregada por Anda nos recuerda la fragilidad humana y lo sensible que puede ser nuestro sistema social a un problema inesperado, lo cual también nos debe llevar a madurar en la responsabilidad que existe detrás de los servicios públicos, que no solo se trata de derechos, precios o política partidaria, también debe existir capacidad, ciencia, tecnología y métodos eficientes que garanticen calidad, inocuidad y protección de los usuarios.

Tomar agua en malas condiciones o contaminada es, a la larga, un costo elevado para el mismo gasto público, eleva la inversión en atención de salud y produce en el caso de la enfermedad renal personas menos productivas, por ende más carga familiar y menos productividad en general. Es importante reconocer que el agua lo es todo, sin ella no podemos vivir, no podemos desarrollarnos y casi que ninguna área económica puede alcanzar progreso sin ella, dependemos del agua pero es lo último en lo que hemos estado pensando como nación.

El agua, a partir de esta dura experiencia, debe convertirse en objetivo fundamental del ciudadano, del Estado y de toda la institucionalidad; debemos enfocarnos en cómo regenerar los mantos acuíferos, cómo conectar el desarrollo a la viabilidad del agua potable; esforzarnos en comprender nuestra responsabilidad en mantener intacto el ciclo del agua; reforestar, limpiar cuencas, utilizar plantas de tratamiento de aguas servidas; todos debemos enfocarnos en el agua para alcanzar un mejor desarrollo, no solo por el derecho a consumirla y tenerla, también por  las obligaciones que tenemos para mejorarla y utilizarla de mejor manera.

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En  El Salvador siempre se ha dicho que contamos con mucha agua y es cierto, pero no contamos con agua potable en cantidad y calidad suficiente; nuestros recursos ya no son fáciles de limpiar, casi toda el agua de ríos y lagos está contaminada, pero lo único que escuchamos son reclamos, echadas de culpa, acusaciones, politización, pero no soluciones o alternativas, aun existiéndolas, porque las hay, comenzando por repensar Anda, repensar el sistema de trabajo y gobernanza de agua, buscando sustitutos de agua a ciertos procesos, usarla menos y producir más; debemos ver incluso más allá de la ley que aún se discute; debemos comenzar a reperfilar el uso, administración y distribución del agua con ojos en las alternativas tecnológicas.

Abrir pozos no es la solución que aparenta, considerando que más del 60 % del agua potable producida se pierde en las fugas de tuberías, el precio es altamente subsidiado y el consumo para nada o muy poco desestimulado; por eso me atrevo a decir que darle más agua a la gente en estas condiciones es hacer más grande el problema, porque nadie reflexiona sobre el recurso hasta que este será realmente inviable producirlo.


El agua es para la vida, para generar alimentos, para darnos recreo pero principalmente darnos una plenitud de salud; sin embargo, la mal gastamos y la valoramos poco.

Mientras sigamos engañándonos con políticas populistas respecto al agua, muy poco podremos caminar a la solución real que pasa por reciclar, pagar precios más cercanos al costo de producción, cambiar hábitos de limpieza y salud, multas altas a los abusadores del agua, etc… mientras no seamos todos parte de la solución seguiremos tomando agua chuca y de baja calidad; seguiremos produciendo menos y desperdiciando un recurso de gran valor que todavía Dios nos regala en abundancia.




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