Editorial & Opinion

Alea iacta est: la suerte está echada

Armando Rivera Bolaños / Abogado y Notario

sábado 19, enero 2019 - 12:00 am

Con mente alerta, grabadora lista y conciencia tranquila, presenciamos el gran debate de los candidatos a la Presidencia, organizado tanto por la Asociación Salvadoreña de Radiodifusores, ASDER, como por la Asociación de Universidades Privadas de El Salvador, AUPRIDES, en nuestra calidad de ciudadanos interesados por el porvenir del país en el próximo quinquenio administrativo, que dará inicio el 1 de junio venidero.

El evento importante se efectuó a la hora señalada bajo la conducción de la reconocida presentadora internacional de noticias, la periodista Glenda Umaña, quien desempeñó un papel crucial en el control del tiempo acordado para las respuestas que dieron los candidatos asistentes Carlos Calleja, Hugo Martínez y Josué Alvarado. De este último, el señor Alvarado, según mis apreciaciones, fue “el candidato sorpresa de la noche”, porque sus intervenciones relacionadas con los temas de la inmigración y la educación tecnológica, fueron muy realistas y dieron la imagen de alguien que conoce la verdadera situación de casi tres millones de nuestros compatriotas en Estados Unidos de América, así como de los riesgos a los que están siendo expuestos debido a las políticas y demostraciones erráticas del actual gobierno salvadoreño, por su abierta simpatía y adhesión ideológica a regímenes ilegítimos y oprobiosos como el de Ortega en Nicaragua, y el de Nicolás Maduro, en Venezuela.

La primera ronda correspondió abrirla al candidato Calleja, de la Alianza por un Nuevo País que aglutina los partidos ARENA, PDC, PCN y CD. A pesar que Calleja es un candidato novato, le correspondió abrir el debate y eso provoca, hasta en el más experimentado, alguna sensación de timidez, pero lo vimos actuar serenamente desde el inicio y a todo lo largo del evento, permaneciendo atento a lo que expresaban los demás e incluso, interpuso sus propias conclusiones cuando fue necesario efectuarlo ante la conductora Umaña. Su desempeño en este debate en lo personal mereció calificarse como excelente, pues no solo hizo aportes muy propios, sino que sus proyecciones de gobierno en caso ganaren, se apartan fundamentalmente de la línea que ha sostenido la derecha tradicional en los gobiernos areneros anteriores. Y así lo reiteró al final, cuando dijo en forma enfática “no me juzguen por los errores de los demás” que, en buen cristiano, es como decir: “Hermanos, lo pasado no pesa en mí. Júzguenme por lo que haga en el presente y el futuro”. En sus propuestas para los diversos temas afirmó que serán siempre consensuados, analizados con detenimiento y acentuó la importancia de dar enseñanza superior técnica a los jóvenes de escasos recursos, con becas apropiadas y darles oportunidades de empleo, como formas de prevenir la violencia o que sean reclutados por la delincuencia organizada. Apuntó mejorar el sistema de pensiones y el control estatal del territorio. Para mí, fueron temas de gobierno adecuados y sensatos, sin alardes, expresados con sencillez y practicidad, por lo que mereció que con mi grupo familiar, le asignamos a Calleja una calificación inicial de nueve punto cero, de excelente en términos docentes.

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Respecto a Hugo Martínez, en un inicio lo vimos muy seguro de sí mismo, advertimos, incluso, que conocía muy bien ciertos temas que interrogaba Glenda a los participantes, pero pronto comenzó a reiterar su postura de referirlo todo a su desempeño como canciller de la República, al servicio de dos gobiernos efemelenistas. Repetía en mejorar lo ya hecho por el FMLN en sus diez años de gestión criticable. Cuando las cosas eran apremiantes, como cuando Glenda se refirió al caso del apoyo a Nicolás Maduro, o al “asilo” del fugitivo Mauricio Funes, el excanciller fue incapaz de tomar una actitud independiente y muy personal. Incluso, mostró   simpatía al régimen madurista, pese a que Glenda le recordó que la OEA y la Unión Europea lo habían deslegitimado, e incluso, no dio una respuesta que satisficiera con relación a una posible extradición de Funes para que comparezca a juicio en los tribunales del país. Desde ese momento, la luz que resplandecía para Hugo en el inicio, comenzó a opacarse rápidamente quedando, al final, como un simple vocero gubernamental y fiel a los dictados de la “troika todopoderosa” de su partido postulante, el FMLN. Lamentable.




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