Editorial & Opinion

Amnesia gubernamental

Eugenio Chicas / Diputado del FMLN al Parlacen

miércoles 22, enero 2020 - 12:00 am

Desde 1992, el 16 de enero, conmemoramos y refrendamos el compromiso del país con los Acuerdos de Paz, suscritos entre las partes beligerantes ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU): Gobierno, Fuerza Armada y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional. El cruento conflicto de más de 11 años, según datos de la Comisión de la Verdad, dejó más de 70 mil víctimas mortales, cinco mil desaparecidos, miles de lisiados, huérfanos y desplazados. Han transcurrido 28 años desde aquella gesta que sentó las bases para construir el espacio vital en el que hoy se desenvuelve la más amplia gama de organizaciones.

El proceso de paz no fue obra únicamente de las partes enzarzadas en aquel encarnizado conflicto, fue la voluntad de toda una sociedad que aportó sangre, sudor y lágrimas de miles de hombres y mujeres, desde humildes obreros y campesinos, hasta líderes sociales, gremiales, comunales y religiosos de todos los credos -principalmente de la Iglesia católica y cristianas evangélicas-, que se comprometieron desde el principio con una salida pacífica aun cuando unos eran brutalmente asesinados y otros sufrían persecución y destierro. El Santo Romero, el sacerdote Rutilio Grande, el reverendo Augusto Cotto, las monjas y misioneras de la Orden Maryknoll, así como los sacerdotes Jesuitas son un incólume símbolo del sufrimiento de aquel angustioso periodo.

Los costos humanos no escatimaron escalas, fueron asesinados periodistas, como los cuatro holandeses; promotoras de Derechos Humanos como América Fernanda Perdomo, Marianella García Villas; profesionales de la salud como Fernando Espinoza, Madeleine Lagadec, Ana Sonia Cruz Tamayo; maestros, promotores comunitarios, estudiantes de secundaria como Romel López Bonilla; universitarios como Raúl Hernández y Carlos Arias; dirigentes sindicales como Febe Elizabeth Velásquez, perseguidos y asesinados en Fenastras; prominentes figuras políticas opositoras como Héctor Oquelí Colindres o los líderes del FDR: Enrique Álvarez Córdova, Juan Chacón, Manuel Franco, Humberto Mendoza y Enrique Barrera.

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La parte medular de los Acuerdos de Paz ha sido la desmilitarización del Estado y de la sociedad. La reforma constitucional acordada puso fin al terrorismo de Estado instaurado por dictaduras sucesivas por más de 60 años y la nueva doctrina, concepción y diseño de la Fuerza Armada la separó del dominio tanto de la seguridad pública como de los asuntos políticos del país, dándole un nuevo rol en la sociedad y abriendo la ruta para su modernización y profesionalización. Esta misma reforma creó el nuevo marco de seguridad pública a partir de la Policía Nacional Civil, como un cuerpo concebido desde la ciudadanía y para ella.

El proceso de los Acuerdos de Paz tuvo la virtud de abrirnos un gran espacio en el mundo, a partir de sensibilizar a la opinión internacional sobre la legítima y justa lucha del pueblo salvadoreño, así como sobre la decisión de adoptar la vía del diálogo y la negociación hasta alcanzar acuerdos verificables, fundamentados en la solidez de una correlación militar, política, social y diplomática. Fue invaluable el acompañamiento de todos los internacionalistas que aportaron su esfuerzo y sacrificio; de la solidaridad internacional comprometida con la paz, especial mención merece el pueblo norteamericano que siempre nos acompañó; a los cuatro países amigos facilitadores del proceso de paz -México, España, Venezuela y Colombia-; y a la extraordinaria generosidad y solidaridad sin límites de los pueblos y gobiernos de Cuba y Nicaragua, que aun enfrentando altos costos, no dudaron en ofrendar todo su apoyo hasta alcanzar la paz.


Los hombres marcan la historia y, en este caso para la izquierda y fuerzas progresistas, la figura de Schafik Hándal es la síntesis de ejemplo revolucionario de persistencia, ética, honradez, sencillez, visión política estratégica, firmeza y claridad ideológica de rumbo, cuyo papel fue esencial en la paz alcanzada.

Nuestra sociedad no puede ignorar las justas demandas de las víctimas sobrevivientes de ese álgido periodo; así como las reivindicaciones de los excombatientes del FMLN y de los veteranos de la Fuerza Armada.

Por tanto, es incomprensible la omisión del presidente Bukele y su gobierno; pretender borrar la conmemoración de los Acuerdos de Paz es querer desvanecer la vida entregada de miles de personas. La paz es un tema de Estado, que supera las diferencias ideológicas, ni los gobiernos más reaccionarios de la derecha dejaron de conmemorar como corresponde este acontecimiento histórico, considerado el más relevante después del Acta de Independencia. Una omisión como esta solo puede ser producto de la más crasa ignorancia, o del más inmaduro odio.




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