Cerrar [X]

Editorial & Opinion

Antecedentes en aglutinar municipios

Armando Rivera Bolaños / Abogado y Notario

sábado 16, marzo 2019 - 12:00 am

Nuestro amado país, El Salvador, territorialmente es el más pequeño del istmo centroamericano. La información no era desconocida para los gobernantes de hace muchísimo tiempo, cuando teníamos un rimbombante “Ministerio de Guerra, Marina y Aviación”, allá por los años 20 del siglo pasado, incluso, mucho antes de que llegara el general Maximiliano Hernández Martínez al mando de la nación, en diciembre de 1931.

Precisamente, mi amado padre, que fuera profesor y después oficial del Ejército, solía narrarme muchas anécdotas de los mandatarios de aquellos lejanos tiempos, a partir del que consideraba el último caudillo cusca­tleco, el general Tomás Regalado, cuya “primera maestra de letras” fue, precisamente, mi abuela paterna, doña Mariquita Alvarado de Rivera, cuando junto con su hermano, el educador Antonio Alvarado, codirigieron un colegio en Santa Ana, a mediados del siglo XIX.

Nuestro país, reitero, pese a su reducido territorio, cuenta con 262 municipios, con sus respectivos concejos presididos por un alcalde. Esto significa un excesivo gasto tanto para los habitantes de cada jurisdicción, como para el gobierno central que eroga ingentes cantidades de dinero en obras y proyectos impulsados o proyectados por esa enorme cantidad de gobiernos municipales que, ahora, han solicitado que se les aumente el llamado Fondo de Desarrollo (Fodes) hasta un 2 % más del actual que, en números redondos, suman muchos millones de dólares.

publicidad

Esa carga edilicia ha motivado de nuevo la vieja idea de reducir los municipios y agruparlos en menos circunscripciones, en forma de distritos más densos, pero más dinámicos e impulsores del progreso y vigilancia efectiva de sus recursos.

El primer antecedente se remonta a San Salvador, donde a pocas cuadras al sur del centro capitalino existía, desde la época de la colonia española, un pueblecito llamado “San Jacinto”, con su concejo municipal, su autoridad militar (comandancia local), además de su propia Iglesia y su respectivo párroco. Eso, sin contar su territorio municipal autónomo al de la capital. Cuando Rafael Carrera invadió nuestro país en la época de Gerardo Barrios, acampó sus tropas precisamente en San Jacinto, para atacar a los capitalinos que se defendían hasta con las uñas de un ejército combinado de guatemaltecos, hondureños y nicaragüenses. Una tarde, en un acto atrevido, Barrios, con algunas copitas “entre pecho y espalda”, espoleó su caballo hasta ese pueblo y desde una colina retó al cacique de Mataquescuintla, “a batirse con espadas”. Carrera guardó silencio. Años después de ese episodio sangriento, muy común en el siglo XIX, el pueblo de San Jacinto fue anexado como barrio al municipio de San Salvador.


También, desde la época de la colonia, al norte de San Salvador existían dos pueblos originarios, Paleca y Aculhuaca, de donde son mis familiares Rivera, cuyos alcaldes y jueces peleaban por cosas baladíes que se cometían en sus territorios no bien delimitados, pues los linderos eran medidos por albañiles y carpinteros. Martínez fundió esos dos pueblecitos en uno solo, al que llamó entonces Villa Delgado. En la época del ingeniero José Napoleón Duarte, y puedo dar fe de ello, se planteó efectuar una reingeniería edilicia, que comprendía, precisamente, la reducción de municipios cercanos, reuniéndolos en uno solo, sin que eso significara perder su historia, su nombre o sus propias características.

Las ventajas de reducir municipios son muchas y, por cierto, muy benéficas, que confiamos explicar en detalle posteriormente. Para el caso, le expusieron al presidente Duarte, el detalle de Mejicanos, Cuscatancingo, Ayutuxtepeque y Delgado, cuatro municipios cuyas jurisdicciones se pierden en una amalgama de colonias que nadie sabe en qué municipio vive, hasta que llegan los consabidos recibos de cada tesorería edilicia. Ahí se puede integrar un solo municipio, con un solo concejo, una sólida política de crecimiento, desarrollo y atención colectiva, mucho más efectiva y eficaz para miles y miles de habitantes, hoy bajo gobiernos municipales a veces opuestos y celosos entre sí. Más al norte, podríamos tratar el caso de Apopa, Nejapa, Guazapa y quizás hasta El Paisnal, para integrarlos en un solo municipio más dinámico y progresista, que atenderlos separadamente. Eso se podría analizar en todo el país y, además, reducir sus departamentos. Catorce gobernaciones en un país chiquito, es desperdiciar recursos.




RECOMENDACIÓN DE LA REDACCIÓN



Opine y Comente

Diario El Mundo abre este espacio de opiniones para que se pueda debatir, construir ideas y fomentar la reflexión. Por eso, pedimos que se evite hacer uso de ataques ofensivos, que incluyan malas palabras, de lo contrario nos reservamos el derecho de publicación.

Recuerde que este es un medio que está para generar opinión constructiva.