Entretenimiento

Aquaman: el tsunami arrasador de cliches de DC

Atilio Flores

jueves 27, diciembre 2018 - 12:00 am

Emerger de las aguas de lo “poco esperado” fue la estrategia clave de Aquaman, y no es para menos que, aunque fue la única película de DC que estrenó este año, sea la mejor del universo extendido de la franquicia de Warner Bros y la casa editora de DC Cómics.

El director James Wan, retoma el imaginario del hombre pez, mejor conocido como Aquaman, el príncipe bastardo de la Atlántida, quien se verá en la necesidad de enfrentar a su medio hermano, “El Amo del Océano”, el rey Orm Marium, que planea extender el poderío de Atlantis sobre las especies terrestres y devolver la gloria que tiene sumergida a su imperio perdido.

Es aquí donde el conflicto de la historia entra en acción cuando Arthur Curry (Aquaman), interpretado por Jason Momoa, intenta imponerse ante el mundo que desconoce y ante los deseos de su hermano, lo que hace que el resto del filme tome trascendencia en las casi dos horas y media que dura, en la búsqueda y aceptación del personaje central.

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Este “tsunami” arriba de forma monstruosa develando que las cosas cuando se quieren hacer bien, pueden surgir precisamente bien, y no porque nos muestre algo nuevo, sino porque crea y mitifica a la nostalgia en su máximo esplendor.

Describir lo que vimos en sí, es una amalgama de situaciones y referencias que no pueden pasar por inadvertidas para el ávido cinéfilo; no obstante, la forma en que fueron presentadas demuestra un gran ingenio a nivel de guión tal como vimos en “Los Increíbles” en 2004, que mezcló varios elementos de los superhéroes y de la época con el cine de espionaje y la guerra fría.


Someramente en este filme, a medida de “spoiler”, es una mezcla de “Atlantis el imperio perdido” (1999); “El espanta tiburones” (2004); “Las aventuras de Tintin” (2011); “La Sirenita” (1989); “Buscando a Nemo” (2003); “Furia de Titanes” (2010); ‘Indiana Jones” (1981); y “La leyenda de Aang” (2005), siendo estas algunas de las referencias más claras, aunque igual esconde muchas más que pueden ver la luz si se pone más reparo.

Sin embargo, este Frankenstein es funcional en su cometido, evitando las fallas evidentes de sus predecesoras, en relación a tratar de englobar situaciones complejas que no tienen descenlaces en lo que el público del subgénero de superhéroes busca realmente ver: ¡Acción!; y es que la película tiene esa constante, escenas que mantienen al espectador en la butaca -de principio a fin- y que no se limita a tres simples actos con un patético climax, sino que abona a seguir y a seguir, gozando de un equilibrio entre lo sombrío y lo cómico, sin caer en los abusos.

Ello también permite que podamos interiorizar -hasta cierto punto- en las personalidades de los protagonistas que van enfrentando diversos retos, más allá de una posición de “semidioses” dentro de la historia, haciendo que tengan introspección y crecimiento; algo que permite humanizarlos, lo que conlleva a que exista una identificación o empatía de podernos reflejar con sus personajes, haciendo inclusive que Aquaman sea ahora uno de nuestros superhéroes favoritos.

Dentro de este punto, es válido resaltar que si bien este universo extendido de DC Comics en la pantalla grande hubiese iniciado por esta película, junto a la “Mujer Maravilla”, sin lugar a dudas hubiese sido mucho mejor que presentarnos una abrupta reunión de “La Liga de la Justicia” en 2017, en la que tres de sus personajes principales, incluido entre ellos “Aquaman”, le hubiese permitido conocer la dirección de sus historias individuales y como convergían en ese filme, así como también del porqué de sus actitudes y temores. Lo que significó un riesgo que dejó un mal sabor de boca.

Asimismo,  Aquaman resalta en sus efectos especiales, particularmente por la recreación del  mundo subacuático, algo  que seguramente marcará nuevas pautas en la realización de películas de este tipo como el live action de “La Sirenita” de Disney.

Si bien algunas tomas y escenas rayaron en lo poco creíble, creó una sensación de no saber a qué realmente nos estamos enfrentando, siendo este defecto uno de los principales y evidentes achaques; despertando incluso el recuerdo de los primeros filmes de  Georges Méliès a principios del cine para recrear las fantasías subacuáticas de sus historias interponiendo peceras entre los actores y la cámara.

La banda sonora de Rupert Gregson-Williams nos recrea un imaginario entre la personalidad ruda y tosca de los personajes que encabezan con Aquaman, otorgando inclusive atisbos a la utilizada en “Tron: Legacy”, a cargo de Daft Punk.

Otro elemento que hace entretenida esta producción es la elección del cast, en el cual se reafirma Jason Momoa como “Aquaman” y que posiblemente le marque un ascenso en la industria del cine de acción. Del mismo modo la vuelven entrañable la apariciones de Nicole Kidman como la reina Atlanna y Willem Dafoe como Vulko, quienes le inyectan un factor de antaño. Similarmente la elección de Amber Heard como Mera, es una las piezas estéticas y de carisma que hacen espectacular el filme.

Aquaman, marca un buen precedente que levanta de nuevo las expectativas y los ojos sobre el universo extendido de DC que, aunque con un inicio prematuro, se puede decir que va aprendiendo a utilizar a sus personajes sin arrojarlos a un licuado catastrófico. Esperemos que sea la reivindicación de su universo y sea evidente que la lección este encaminada en aprender de sus errores…




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