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Economía

Bordando con los hilos de la explotación

Maryelos Cea (Tercera de cuatro entregas)

miércoles 22, agosto 2018 - 12:01 am

Mujeres Transformando realizó dos estudios con base en los testimonios de 183 bordadoras a domicilio. /Laura Ortega

Sandra logra que la aguja penetre con precisión en la tela y con el hilo naranja va dibujando un león con gorrito de payaso. Un par de puntadas más y pronto le hará compañía a la carpa de un circo y a un elefante que guarda equilibrio en un taburete. Una vez se finalice y entregue, esta pieza formará parte de una prenda infantil que se venderá hasta en $200 en alguna tienda de Estados Unidos o Europa.

Pero éste no es un negocio redondo, ni siquiera rentable, para las artesanas salvadoreñas que diseñan y bordan estas figuras. Sus derechos laborales no se han reconocido pese a que el bordado a domicilio tiene al menos 20 años de existencia en el país. Estas mujeres constituyen, quizá, el eslabón más débil de una industria que cada año deja más de $2,000 millones solo en exportaciones.

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ADEMÁS: El trabajo a domicilio pasó 34 años sin tarifa oficial de salario mínimo

“Me decían: ‘no se bañe, no coma, no duerma porque esas tiras las quiero para el martes. A las 7:00 (de la mañana) las quiero’. Y no lo decían en broma porque si yo no llegaba el día y a la hora que me decían, estaban con una cara…”, asegura Sandra, quien durante 15 años trabajó como bordadora a domicilio para dos empresas textiles salvadoreñas.


Así como las demás mujeres que se dedican al bordado, esta madre de cuatro hijos trabajó para compañías legales, pero nunca recibió un salario que se acercara al mínimo establecido para el rubro textil, carecía de seguridad social, de un contrato por escrito, vacaciones o asuetos. A Sandra las empresas le decían que trabajar desde su casa no la hacía sujeta de derechos laborales.

El bordado a domicilio en El Salvador es una forma de trabajo que existe desde hace más de dos décadas, estima Mujeres Transformando (MT). Esta organización fue la primera en revelar en dos investigaciones, publicadas en 2013 y 2014, un entramado de explotación que involucra a siete empresas y unas 300 mujeres que residen en comunidades pobres de Rosario de Mora, Panchimalco, Santo Tomás, en San Salvador, de Santa Cruz Michapa, en Cuscatlán, y Coatepeque, en Santa Ana.

Me decían ‘no se bañe, no coma, no duerma porque esas tiras las quiero para el martes. A las 7:00 (de la mañana las quiero’. Y no lo decían en broma”
Sandra (nombre ficticio)
Bordadora a domicilio

 

Leyes que no se cumplen

La Constitución de la República y el Código de Trabajo señalan que los empleados a domicilio gozan de los mismos derechos que el resto de trabajadores, incluido un salario mínimo establecido de forma oficial. No obstante, poco se ha hecho para cumplir las leyes. Ni siquiera una reciente sentencia de la Sala de lo Constitucional, de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), ha logrado beneficiar a las bordadoras.

El 8 de noviembre de 2017, la Sala declaró ilegal la omisión del Presidente de la República y del Consejo Nacional del Salario Mínimo (CNSM) por no haber establecido una remuneración mínima para las personas que trabajan a domicilio.Refiriéndose al artículo 41, la Sala afirma en su resolución que “la Constitución establece de forma expresa y sin ambages el mandato de que la tarifa de salario mínimo de los trabajadores a domicilio también debe ser fijada oficialmente por las autoridades competentes”.

 

80
Piezas
Con tarifas que rondan $2 por piezas, ni haciendo 80 bordados al mes estas trabajadoras logran obtener un salario mínimo.

Con este fallo, la Sala se convirtió en la primera instancia del Estado en reconocer los derechos laborales de personas como las bordadoras. Ordenó al CNSM establecer los salarios mínimos para el trabajo a domicilio, pero advirtió no podían ser inferiores a los que se devengan en la actividad económica donde se desempeñan estos empleados.

El 22 de diciembre de 2017, el Consejo publicó en el Diario Oficial los decretos ejecutivos con las tarifas. En el caso de las bordadoras, que se desempeñan en el sector de la maquila textil y confección, desde el 1 de enero de este año debían devengar al menos $9.84 diarios o $1.23 por hora. Es decir, $299.30 mensuales. “Ya logramos que se fije una tarifa, ahora debemos lograr que se cumpla”, señala Montserrat Arévalo, directora de MT.

Las bordadoras no tienen un salario fijo. La tarifa es por pieza y ronda los $2. “La que uno dice que está bien pagada vale $2.50”, señala Sandra. Pero, si el trabajo final no cumple los estándares de la empresa, esa pieza no se paga. En uno de sus estudios, MT estima que el pago promedio por pieza oscila entre $2.11 y $2.27. Los ingresos de una bordadora que hiciera 40 piezas al mes oscilarían entre $88.40 y $90.80. Si lograra hacer 80 bordados, llegaría a $168.80 o $181.60 al mes. En cualquier caso, la cantidad a ganar está muy por debajo de los $299.34 establecidos como salario mínimo nacional para el rubro textil.

 

183
Testimonios
Los estudios de MT recopilan los testimonios de 183 bordadoras a domicilio, quienes señalan a siete empresas que demandan sus servicios pero violan sus derechos laborales.

Sandra calcula que si las piezas son “de las más fáciles”, se pueden bordar siete a la semana, pero la necesidad las obliga a comprometerse con 10, 20 y a veces más; de ahí que sus jornadas diarias excedan las ocho horas que establece el Código de Trabajo. MT señala que el bordado requiere de ocho pasos que toman entre nueve y 15 horas completar, por lo que hacer 20 piezas necesita de 16 horas al día.

En sus investigaciones, MT recopiló los testimonios de 183 bordadoras a domicilio, quienes señalan a siete empresas que demandan sus servicios: Handworks S.A. de C.V., Jacabi S.A. de C.V., Konffetty S.A. de C.V., Industrias Margareth S.A. de C.V., Velásquez Soto S.A. de C.V., Creaciones Alejandrina y María Isabel Alonso Rochi de Vidrí. Esta última cerró operaciones en 2016. En años posteriores se identificaron a otras dos: Excellent Seams S.A. de C.V. y Recursos Humanos de Latinoamérica S.A. de C.V., dedicada a la subcontratación de personal.

Una rápida consulta en el buscador Google arroja más de 162,000 resultados para Anavini, la marca de ropa infantil de Jacabi. La mayoría son de boutiques y plataformas de comercio electrónico como eBay y Amazon. En The Best Dressed Child, por ejemplo, se venden vestidos de esta marca hasta en $194. Anavini incluso se comercializó en la cadena estadounidense de almacenes de lujo Saks Fifth Avenue. En The Best Dressed Child también se vende otra marca infantil salvadoreña, Vive la Fete, de Konffetty, con precios de hasta $154 por un vestido.

 

“Atado de manos”

Jorge Bolaños, director general de Inspecciones de Trabajo, asegura que si bien el Ministerio de Trabajo y Previsión Social (MTPS) inspeccionó en el pasado a empresas denunciadas por violar los derechos de las bordadoras a domicilio, están “atados de manos” por un Código de Trabajo obsoleto que no ofrece garantías para incentivar la denuncia e impone multas irrisorias.

Bolaños explica que en 2015 inspeccionaron a Jacabi, Velásquez Soto, Industrias Margareth, Konffetty, Rochi de Vidrí, Excellent Seams y Handworks. Creaciones Alejandrina no se encontró en la dirección proporcionada por las denunciantes, dijo. Una de las trabas que encontraron es que “en las inspecciones dicen no tener bordadoras a domicilio (…). Niegan su existencia y en las planillas no hay evidencias”, afirma.

El Código de Trabajo  contempla un régimen para el trabajo a domicilio y el artículo 72 ordena al MTPS crear un registro de los empleados bajo esta modalidad. Sin embargo, la disposición se atiene a la buena fe de las compañías, ya que son ellas quienes deben presentar esa información a la cartera de Estado.

Hasta la fecha, y a raíz de las inspecciones, solo Excellent Seams las registró, asegura el MTPS en un informe de labores de marzo de 2015. Diario El Mundo solicitó al ministerio datos más actualizados sobre este registro, vía la Ley de Acceso a la Información Pública, y la cartera de Estado aseguró que hay dos empresas textiles que han cumplido esta disposición, pero se negó a revelar quiénes son.

La falta de estadísticas oficiales sobre el número de bordadoras a domicilio que existe en El Salvador y para cuántas empresas trabajan es una muestra de lo invisible que es el fenómeno para el Estado. MT, asegura su directora ejecutiva, Montserrat Arévalo, se ha reunido con la Dirección General de Estadísticas y Censos (Digestyc) para proponerle que en su Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples (EHPM) incluya un módulo sobre el trabajo a domicilio. Hasta la fecha no han tenido éxito.

TAMBIÉN: Icefi: las bordadoras son invisibles por culpa del Estado

La organización empezó a explorar esta modalidad de trabajo en 2012, cuando encontraron a un pequeño grupo en Santo Tomás, pero las condiciones de seguridad en las zonas rurales se han deteriorado tanto que “ya no es posible ir por la libre a buscar bordadoras, como fuimos muchas en su tiempo. Eso se nos salió de las manos a nosotras, pero además es una responsabilidad del Estado”, afirma Arévalo.

Tras las inspecciones de 2015 se archivó el caso de Konffetty “porque no se encontraron bordadoras a domicilio”, indica Bolaños. También el de Industrias Margareth, Rochi de Vidrí y Excellent Seams porque subsanaron las infracciones. Jacabi fue multada con $414.28, mientras Handworks y Velásquez Soto con $114.28 cada una. Bolaños señaló que otra debilidad del actual Código es el bajo monto de las multas, porque aún están en colones y no son suficientes para que una empresa desista de violar las leyes.

Cuando las empresas niegan la existencia de las bordadoras, explica Bolaños, el segundo paso es visitar las viviendas de las trabajadoras y aquí surge la segunda traba. El temor a perder su empleo las hace desistir de la denuncia, añade. Ese miedo a las represalias es confirmado por el Sindicato de Trabajadoras de Bordado a Domicilio (Sitrabordo). Carmen Meléndez, secretaria de Organización y Censo señala que “a las que se unieron (al sindicato), las quitaron”. Sitrabordo obtuvo la personalidad jurídica en mayo de 2016 con 35 bordadoras y hoy en día ya son 52 las afiliadas.

Los datos que el MTPS entregó a Diario El Mundo indican que entre 2012 y lo que va de 2018 se realizaron 13 inspecciones relacionadas al bordado a domicilio, a solicitud de denunciantes o como parte de los planes habituales. Seis están en trámite sancionatorio y seis resultaron en multas. Cuatro apelaron la decisión y dos están pendientes de pagar la infracción.

Bolaños asegura que este año detectaron siete infracciones por no pagar el salario mínimo gracias a las denuncias de las bordadoras, pero declinó revelar la identidad de las empresas involucradas porque los casos “siguen en proceso”.

 

Las que vencieron el temor a denunciar

No todas las bordadoras a domicilio deciden guardar silencio. Aunque la mayoría calla por temor a perder sus ingresos, el sistema judicial salvadoreño ya ha conocido casos emprendidos por estas trabajadoras, con el apoyo de MT. En los últimos dos años, la organización ha respaldado a siete bordadoras que han denunciado a las empresas para las cuales trabajan, en particular por despidos injustificados.

 

$200
Precio
Las prendas con las creaciones de las bordadoras a domicilio se venden hasta en $200 en el extranjero.

En 2016, señala Judith Menjívar, abogada de la organización, se entablaron tres procesos laborales, de los cuales dos se ganaron y uno se perdió. El año pasado se presentaron otros cuatro casos. Tres se resolvieron a favor de las denunciantes, pero uno de ellos pone al descubierto otra arista del fenómeno del bordado a domicilio: el trabajo infantil. A través de la Procuraduría General de la República (PGR), MT logró el reinstalo de una niña de 14 años, que había sido despedida sin justificación.

 

Los detalles de los casos no se divulgarán para proteger a las involucradas, pero lo cierto es que representan una pequeña parte de los atropellos que sufren las trabajadoras y demuestran que “el Estado salvadoreño tiene una deuda con las bordadoras en cuanto al acceso a la justicia”, indica Montserrat Arévalo, fundadora y directora ejecutiva de MT.

La abogada de la organización identifica tres grandes trabas para los procesos legales que emprenden las bordadoras. Una es lo difícil que resulta comprobar su relación laboral con las empresas. Ante la falta de un contrato por escrito, se puede utilizar la prueba testimonial pero “en todas las empresas, no solo con las bordadoras, no cualquiera pone en peligro su estabilidad laboral para servir de testigo en un caso de despido”, señala Menjívar.

A esto se suma el desconocimiento de las instituciones y de los juzgados de lo laboral sobre el trabajo a domicilio. “Por más que se les explique que es un trabajo a mano, piensan que es con una máquina. Consideran ilógico también que una persona pueda hacer un trabajo de 12 a 16 horas, por ocho días”, explica la abogada.

Por más que se les explique (a los jueces laborales) que es un trabajo a mano, piensan que es con una máquina. Consideran ilógico también que una persona pueda hacer un trabajo de 12 a 16 horas, por ocho días”
Judith Menjívar
Abogada de Mujeres Transformando

 

Otra de las dificultades es comprobar la relación de las bordadoras con sus supervisoras. En la mayor parte de los casos, las personas encargadas de tratar con estas trabajadoras solo se presentan con un nombre, sin apellidos. Las bordadoras, pensando en que las empresas en el fondo las benefician con un empleo, explica Menjívar, no preguntan detalles sobre sus superiores.

Una de las desventajas reside en el Ministerio de Trabajo. La abogada asegura que ha solicitado inspecciones y las planillas de los trabajadores para identificar a las personas que tienen contacto directo con las bordadoras, pero estas diligencias “no se cumplen en tiempo y forma”. En uno de los casos, la cartera de Estado tardó tres meses en responder a la solicitud, cuando para presentar una demanda solo se tiene un plazo de 15 días. “Tengo un escrito donde les solicité diversas acciones. Yo las necesitaba en marzo y las vinieron a entregar en junio”, asegura.

 

“Ustedes no tienen derecho a nada”

“Donde trabajaba antes, en Handworks, ahí pasé una experiencia bien fea”, relata Sandra, con los ojos pegados al piso de tierra de su casa. En ese entonces, los bordados aún no le habían robado la agudeza de su vista. Ahora usa anteojos por tanto trabajo nocturno, que en varias ocasiones desarrolló iluminada solo por una candela.

Cada fin de año, recuerda, una empleada de la empresa le solicitaba firmar un documento y ella lo hacía sin cuestionar. Pasaron cuatro o cinco años hasta que un día pudo leer lo que había estado firmando durante todo ese tiempo. Ya había abierto los ojos, dice.

Esa vez, Sandra no se retiró de inmediato después de firmar y se quedó frente a la computadora. Alcanzó a ver un par de líneas, pero fingiendo no entender lo que pasaba, le pidió a la empleada que le leyera lo que había firmado. “Es que vi mi nombre ahí, léame que dice”, le insistió varias veces, hasta que la mujer cedió.

Yo le dije ‘usted no me preguntó si quería firmar en contra mía, usted no me dijo nada. Y se va poniendo enojada y me dice ‘mire, las bordadoras, ustedes son eventuales. Ustedes no tienen derecho a nada’”
Sandra (nombre ficticio)
Bordadora a domicilio

 

Sandra, entonces, confirmó que el documento hacía constar que renunciaba a todas sus prestaciones laborales, como indemnización o vacaciones. “Yo le dije ‘usted no me preguntó si quería firmar en contra de mía, usted no me dijo nada’. Y se va poniendo enojada y me dice ‘mire, las bordadoras, ustedes son eventuales. Ustedes no tienen derecho a nada. Cada fin de año se les da un reconocimiento, pero no tienen por qué darles nada’”.

Sandra se indignó. “Y por qué, pues, si yo les bordaba día y noche. Para sacarle esos bordados, a las 11:30 era la hora que yo me acostaba. Solo me levantaba para echarle las tortillas a mis hijos”, dice. “Con mi segundo grado, sin saber nada, dije que iba a preguntar en el Ministerio de Trabajo”, añade. “Si ellos ya saben – asegura Sandra que respondió la empleada-. Ellos tienen conocimiento, ¿usted cree que esta empresa está ilegal?”.

Handworks se inscribió como sociedad en el Centro Nacional de Registros (CNR) el 29 de julio de 2004. Los documentos consultados por Diario El Mundo indican que renovó su matrícula en 2018.

 

“Me dijeron ladrona, que le estaba robando a la empresa”

Rosario se inició hace unos 20 años en el bordado a domicilio. Aprendió en el taller de “una señora de la (Colonia) Escalón, pero ella me trataba bien”, dice. Luego llegó a Handworks y una de las cosas que no le terminaba de convencer del lugar es que no le pagaban la tarifa acordada. “Me descontaban, eso no me gustaba, pero por la necesidad yo seguía. Mi hermana también les bordaba”, relata. “Entre las dos nos poníamos y a veces no alcanzábamos con todo”, recuerda.

Cada año, afirma, junto con otras mujeres – no eran más de cinco, calcula – iban al banco a retirar dinero que, si bien estaba a su nombre, ella creía que era de Handworks porque así se lo habían asegurado en la compañía. Calcula que le entregaban $300 en el banco y a la salida debía devolverlos a empleados que las acompañaban en esa diligencia.

 

20
Años
Mujeres Transformando estima que el bordado a domicilio es una práctica que existen en El Salvador desde hace más de 20 años.

A cambio de realizar esa operación, Rosario recibía $50 y así fue durante casi cinco años, hasta que “un muchacho me dijo que eso era mío, era lo de la renta”. En la siguiente ocasión, se negó ir al banco. “Me dijeron ladrona, que le estaba robando a la empresa y yo me sentí bien mal, bien avergonzada y dejé de ir. Ya no fui a ese lugar”, dice con las manos entrelazadas en su regazo. “Fíjese que a las de la planta les daban sus canastas de víveres, pero para nosotras nada. Nos decían que nosotras estábamos bien en la casa porque podíamos descansar y ver a nuestros hijos”, recuerda.

En varias ocasiones, mientras relataba estos hechos, interrumpía su historia para lamentarse por la pérdida de su vista. “Mire, si yo ya no veo, ¿y quién me responde a mí por eso? Nadie. Y viera cómo les trabajaba y les entregaba todo rápido para que no se les atrasara la exportación. Yo espero que puedan ayudarnos, que se sepa todo esto”.

LEA LA CUARTA ENTREGA: El trabajo infantil, la otra arista del bordado a domicilio




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