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Editorial & Opinion

Bukele, el Estado frente a las demandas sociales

Francisco José Fermán / Abogado

miércoles 10, abril 2019 - 12:00 am

Empecemos por decir que Bukele no representa aún al Estado, es sólo la cabeza visible de un gobierno por formarse, de cuyos fines, estructura y planes poco se sabe.

En el momento crucial del traspaso del poder político, asistimos a un nuevo escenario en el que se espera haya un cambio radical de actores, con un libreto sensato que todavía está por escribirse.

El Estado se define como la instancia política que determina una organización social, sujeta a un orden ideológico-filosófico que, a través de leyes fundamentales, regula los límites y los alcances del poder político ejercido por los gobiernos.

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Para el caso de un Estado democrático, el gobierno, en la rama ejecutiva, es el órgano que administra al Estado.

Según los teóricos de la ciencia política, los estados democráticos de Occidente se basan en la ya conocida división de poderes, entre los cuales, el Órgano Ejecutivo lo ejerce el gobierno legítimamente electo, junto a los otros órganos primarios del Estado: el Judicial y Legislativo, que se relacionan entre sí.


En este contexto, el nuevo mandatario debe buscar el fortalecimiento de su autoridad y mando mediante el nombramiento de un equipo multidisciplinario al frente de instituciones que enlacen con los otros órganos del Estado, así como con grupos de interés, grupos de presión, para construir gobernabilidad.

Volviendo al caso del presidente electo, vemos la alarmante ausencia de un referente político que muchos temen podría ser el actual presidente de México, el socialista AMLO, amigo de las plazas públicas y otros gestos de marcado populismo, con los cuales el FMLN hartó a los salvadoreños durante diez años.  De las actitudes y pensamiento políticos de Bukele, poco se sabe, excepto rumores de estar orientado hacia una doctrina socialdemócrata, socialcristiana e incluso socialista de indefinido carácter. Estas especulaciones surgen mientras el presidente electo mantiene silencio sobre su plan de gobierno y nada responde a su cuestionado Plan Cuscatlán.

Por otra parte, el hecho de que Bukele se abstenga de participar en el proceso de transición del anterior gobierno al suyo, demuestra falta de criterio jurídico y político por la responsabilidad que su gobierno asumirá de cara a lo actuado y gastado por el gobierno saliente del FMLN.

Lo que muchos esperan es que pirámide del Estado salvadoreño sea invertida, en tanto que los intereses del pueblo queden en la parte superior y de esta forma la ciudadanía tenga mayor participación en las relaciones de fuerzas de la Sociedad que se manifiestan en el nuevo ciclo de la dinámica social y política del país.

Tales intereses se perfilan con claridad cuando miles de salvadoreños claman por la recuperación de los territorios usurpados por las pandillas y poder  transitar sin sobresaltos por las calles del país; aprovechar los avances tecnológicos y control de la criminalidad de cuello blanco para frenar la corrupción; que se mejore la infraestructura escolar y la calidad docente en beneficio de los jóvenes en edad escolar; que se administre de manera honesta y eficiente la Salud Pública; que cesen las hostilidades hacia el sector privado para mejorar el clima de inversión nacional y extranjera. No paran allí las demandas de la sociedad dirigidas al nuevo gobierno que sólo podrá responder a ellas con un equipo eficiente y honesto.

Hasta el momento la ciudadanía parece estar dando el beneficio de la duda al futuro mandatario, cuya escasa experiencia política se espera sea fortalecida por el aporte de las voces más autorizadas en materia de gobernanza.

Se espera, asimismo, adopte un estilo de gobierno ajustado a reglas que garanticen los principios de legalidad y honestidad esclarecidas por la periódica rendición de cuentas de su mandato. Todo ello en oposición a las manipulaciones entre bastidores y maniobras oscuras usuales en gobiernos anteriores.




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