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Editorial & Opinion

Candidatos, atiendan la opinión pública

Armando Rivera Bolaños / Abogado y notario

sábado 15, diciembre 2018 - 12:00 am

Una característica de los dictadores y presidentes populistas, es que nunca prestan atención ni interés a la opinión pública, a la que muchas veces descalifican en sus mensajes oficiales, ensalzando únicamente lo que sus amanuenses, funcionarios, partidarios y aduladores les dicen o escriben, desconociendo, de esa forma, los clamores, peticiones y necesidades de una sociedad que les indica los problemas más apremiantes,  o las acciones que faltan por realizar para lograr tanto el  desarrollo integral de la nación, como el bien común. Adoptan, con o sin conocimiento, la postura egocéntrica de aquel famoso rey absoluto, Luis XIV, de la Francia previa a la Revolución, que se jactaba de su poder con la típica frase de “El Estado soy yo”, ordenando mil disposiciones dañinas para el pueblo, sin faltar sus veleidades reales, sus comilonas rebosantes de viandas y exquisitos vinos, mientras degustaba de los placeres libidinosos con gráciles y atrayentes cortesanas.

Precisamente, hace pocos meses observábamos por los cables internacionales, como el dictador venezolano, Nicolás Maduro, en uno de sus viajes al extranjero, llegó a uno de los restaurantes más refinados del mundo, para que el cocinero le sirviera en su mesa un plato de carne que únicamente gentes adineradas pueden solicitar.

Maduro, por mucho que auto justifique esos “caprichos”, para nosotros los hispanoamericanos sigue siendo un individuo que proviene, como la gran mayoría de nosotros, de clase media. Y saboreaba deleitosamente aquella carne, mientras a centenares de kilómetros, millones de venezolanos buscan sobras alimenticias entre los promontorios de basura, o comen un solo tiempo al día, mientras la desnutrición asoma su efecto angustioso en los cuerpos enflaquecidos de los seres más indefensos, como son los niños de un país que, hace pocos decenios, era potencia económica de elevado y respetable nivel.

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Su acercamiento a chinos y rusos, ha traído por consecuencia, que ahora se piensa explotar supuestos yacimientos mineros, en las extensas selvas del Esequibo, que por siglos, sigue considerándose como una de las mejores, fértiles y más grandes reservas naturales del mundo, que alberga especies exóticas y valiosas de fauna y flora, ríos límpidos y paisajes arrobadores, que dentro de pocos años, serán exterminados, o desecados, haciendo de aquel tesoro natural un angustioso desierto, sin considerar las tribus autóctonas que la izquierda ha dado en llamar “pueblos originarios”, quienes también corren peligro de vivir sus últimos tiempos.

Y mientras Venezuela agoniza de hambre, enfermedades y desatención hospitalaria, las mazmorras de la tiranía más cruel de la historia venezolana, revientan por el hacinamiento de centenares de reos cuyo único delito fue protestar ante el dictador. Éste   ahora busca adquirir costosos aviones rusos, de gran poder ofensivo por sus cargas nucleares, diz que “para proteger la integridad territorial de la República”, pero que, en la realidad, es solo para asegurar su rol opresor y antipopular.


Todas esas desgracias se hubieran podido evitar, si desde la época de Chávez, los políticos y partidos venezolanos hubieran atendido los llamados de alerta que se hacían por los medios del país. Desoyeron la opinión pública y allí están los resultados de poner oídos sordos y ojos ciegos, a lo que la sociedad honesta desea que se realice. Esta es la razón que fundamenta el odio visceral que tienen las dictaduras, los regímenes populistas y oprobiosos de Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Cuba, contra la libertad de expresión y el sagrado derecho que asiste a los pueblos de ser informados libremente.

Nosotros estamos inmersos en plena campaña electoral. Y de hecho, hay indicios, solapados pero evidentes, de querer amordazar con subterfugios aparentemente legales, la libertad de prensa que aún gozamos. Por eso, es necesario, vital a la democracia, que los candidatos y los ciudadanos, pero, en especial, aquellos y los dirigentes partidarios, analizar las diversas opiniones públicas que se publican, o se difunden por radios y canales de televisión. Tanto las favorables a su equipo de campaña, como las desfavorables o muy críticas. Y sacar conclusiones honestas, límpidas, sin tergiversaciones o ataques irresponsables como ya se manifiesta en un candidato y supuestos seguidores, que no tienen ni el mínimo respeto cristiano al dañar la memoria de nuestras madrecitas fallecidas.

Espero atiendan este llamado de atención.




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