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Editorial & Opinion

Capital político

Roberto Cañas López / Académico y Firmante de los Acuerdos de Paz

miércoles 27, febrero 2019 - 12:00 am

Faltan tres meses para que Nayib Bukele sea investido como presidente de la República y la pregunta es ¿llegará al 1 de julio con el mismo capital político adquirido el 3 de febrero: aumentará ese caudal o lo disminuirá? Dependerá de la conducta del presidente electo y de otros aspectos de la coyuntura actual.

Por capital político se entiende el acumulado formado por la credibilidad y confiabilidad de un político. Esta forma de capital se atesora o se pierde dependiendo si se mantienen puntos de vista vinculados al interés de la población. Esta forma de capital se recolecta a través de posiciones de liderazgo. Otros autores sostienen que capital político se refiere a la confianza y la influencia que un actor político ostenta, en un momento determinado, frente a la opinión pública.

Cuando se habla de capital político se trata de un tipo de divisa invisible que fluctúa por factores que tienen directa relación con la reputación y confiabilidad del político. El capital político es variable, se obtiene y se pierde, se acumula y se gasta en el ejercicio de la política; es el producto de la presentación de iniciativas, de las reuniones públicas y las discretas; es el ejercicio responsable del poder y el buen juicio y hasta del sentido común.

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Un aspecto esencial que permite ganar o perder capital político es el manejo de las expectativas. La población espera que con Nayib todo vaya mejor: que disminuya la delincuencia, que exista más empleo, que el costo de la vida disminuya. Hasta ahora lo que existe son anuncios: tenemos la noticia de Berta María de León que está interesada en ser la titular de la cartera de Seguridad Pública del gabinete de Bukele y existen un plan de gobierno donde lo principal es la prevención.

Es un juicio generalizado, según la experiencia internacional, que no se da a conocer a los integrantes del gabinete con mucha anticipación, pues es lanzar a los leones a estas personas y habrá quienes se ocuparán de destazarlas para que los miembros del gabinete propuestos lleguen con los pies hinchados al 1 de junio.


Asistimos ahora a un hecho nuevo en el panorama político; se trata que los partidos que se turnaban en el Órgano Ejecutivo en los pasados años, Arena y el FMLN, han perdido gran parte de su capital político. Las explicaciones ya se han dado, es por el hartazgo de la población que se expresó el 3 de febrero; está por verse si estos partidos pueden recuperar el capital político que perdieron en las lejanas elecciones de 2021, será muy difícil, ya que las posiciones, según se estima, serían peores a las actuales.

En el periodo de transición, además de los anuncios que pueda hacer el presidente electo y la presentación de su gabinete de gobierno, Nayib debe dar a conocer su programa para los primeros 100 días.

Todo gobierno cuando se estrena empieza con lo que popularmente se define como sus cien primeros días. Un periodo en el que la opinión pública está pendiente de los primeros pasos del nuevo gobierno.

Es un período de algo más de tres meses que sigue a la toma de posesión, es el  tiempo más efectivo que tiene un ejecutivo para comunicar al conjunto de la ciudadanía cuáles son sus características y sus prioridades. Es decir, para anunciar cómo es el gobierno y qué pretende hacer y después, amparado con el capital político que tiene, hacer las grandes obras que se propone; posteriormente, todo es más difícil.

Para entender la importancia comunicativa de estos cien primeros días, hay que partir de las incógnitas por resolver, teniendo claro que la mayoría se resolverá a lo largo de estos cien primeros días de gobierno. En este período, el conjunto de los ciudadanos podrá hacerse una “idea” del nuevo gobierno que es y qué propone, y la imagen que se formen del gobierno los ciudadanos a lo largo de estos días, es la que se quedará en su mente a lo largo de todo el quinquenio. Esta “primera impresión” es casi definitiva, ya que no hay nada más difícil que cambiar percepciones cuando éstas ya están solidificadas en la mente de los ciudadanos.

Estos cien primeros días, son pues, claves para cualquier gobierno y para un gobierno con visión mediática, son un regalo del cielo. Aprovechar estos días es construir la imagen del gobierno y, sobre todo, empezar con buen pie el quinquenio. Por el bien del país ojalá que le vaya bien.




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