Cerrar [X]

Editorial & Opinion

Caravana Migrante

Eugenio Chicas / Diputado del FMLN al Parlacen

martes 23, octubre 2018 - 12:00 am

La grave crisis migratoria que sufre Honduras a raíz del desesperado flujo de miles de personas que de manera sorpresiva y espontánea se abalanzaron a las carreteras, abandonando sus empobrecidos territorios para buscar desesperadamente el tan ansiado “sueño americano”, es estremecedora.

Unos se desplazaron de forma regular según el marco de acuerdos del CA-4 que permiten el libre tránsito entre nuestros países, otros irían indocumentados. Finalmente, ante el obstáculo e impedimentos legales de los propios países de la región, incluyendo El Salvador, éstos decidieron atravesar ríos y caminos fronterizos apenas resguardados por la providencia, cruzando suelo guatemalteco para llegar y atravesar México, no exentos de represión.

Este éxodo alcanzó considerables proporciones mediáticas mundiales, con desgarradoras imágenes que muestran el empeño y valentía del avance de la multitud, sorteando todas las barreras sin más amparo que la intemperie del final de un copioso invierno. El cansancio o el hambre no detuvieron el decidido propósito de la multitud y el respeto recibido a su paso estimuló el orgullo con el que exhibían su bandera, generando un inmediato apoyo social progresista que también criticó la falta de asistencia humanitaria por el sufrimiento visible en estos migrantes -que en nada se diferencian de los nuestros-.

publicidad

Conmueven historias como el deceso de German al caer de un vehículo, la del niño Mario de 12 años que viaja solo, dolidas estampas del sufrimiento reflejado en curtidos rostros, precaria vestimenta, desvencijado calzado y los míseros aperos con los que de manera decidida miles se lanzaron a esta incierta peregrinación que arrastra niñez y hasta mujeres en gestación. El testimonio frecuentemente escuchado es desolador: escapar de la precaria condición económica y de violencia, huir de la desesperanza y de la falta de oportunidades.

Sorprende el errado tratamiento institucional de atender la parte legal de la crisis y la conservadora pérdida de olfato político para identificar correctamente una coyuntura; las formalidades solo son válidas para circunstancias regulares de ingreso y tránsito por la región, no para situaciones como ésta. Considero que pesó mucho para Centroamérica la fuerte presión ejercida por la administración Trump y tuvo un efecto directo en la desatención humanitaria y la falta de solidaridad. Vi más preocupación en aplacar la molestia de aquella administración, que en la oportuna atención sensible a la crisis. Esta fría reacción es grave conociendo que la migración irregular es un problema de larga data compartido entre nuestros países.   Esa desmesurada influencia política y diplomática de la administración del presidente Trump -que se enfrentará a una medición de medio periodo dentro de 15 días con las próximas elecciones norteamericanas-, y que se aferra a una errada política de tratamiento al fenómeno migratorio y genera más tensiones en las complejas y desiguales relaciones entre el Triángulo Norte y EE.UU., trajo indudablemente consigo un superficial tratamiento de la crisis.


Aunado a lo anterior, los desaforados tuits de Trump con amenazas económicas y de militarización fronteriza, su permanente desprecio e irrespeto por los países latinoamericanos y su desconocimiento al aporte de sus migrantes para engrandecer esa nación, contrastan con la franca declaración de Amnistía Internacional expresando que la caravana no es una amenaza a la seguridad.

Es digno reconocer el desempeño de México en esta coyuntura, sobre todo por las nuevas luces de esperanza que muestran las declaraciones del presidente electo López Obrador, futuro mandatario azteca. La vida demostrará el alcance de esta particular marcha, si es un hecho aislado o un producto de la profundización de una crisis, tal como ocurre con desplazamientos migratorios masivos de África hacia Europa. En nuestra región ha habido más migraciones forzadas, determinadas especialmente por diferentes conflictos y guerras civiles, pobreza y desigualdades generadas por gobiernos autoritarios que siempre contaron con el beneplácito de administraciones norteamericanas, especialmente en la década de los ochenta; o por las precarias condiciones productivas que dificultan la seguridad alimentaria ante el impacto de recurrentes estragos cada vez más graves y frecuentes del cambio climático, así como la elevada vulnerabilidad –cuyo responsable principal es la voracidad económica de la actividad extractiva de los países más industrializados-.

Actualmente otra avalancha migratoria crece motivada por la falta de políticas públicas sostenidas de crecimiento económico y el desigual intercambio económico entre el primer mundo y la distancia con naciones pobres, profundizándose la marginación social que aleja las oportunidades y multiplica la violencia, empujando el nuevo éxodo. Por lo tanto, más que barreras migratorias y el sometimiento por amenazas y presiones políticas, la estrategia debe ser: consensuar de manera justa el desarrollo. Dejemos de maltratarnos y no permitamos que nos amenacen, pongamos este tema en la agenda del Parlacen esta semana.




RECOMENDACIÓN DE LA REDACCIÓN



Opine y Comente

Diario El Mundo abre este espacio de opiniones para que se pueda debatir, construir ideas y fomentar la reflexión. Por eso, pedimos que se evite hacer uso de ataques ofensivos, que incluyan malas palabras, de lo contrario nos reservamos el derecho de publicación.

Recuerde que este es un medio que está para generar opinión constructiva.