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Nacionales

Chilanguera, 20 años después de la tragedia

Roxana Lemus

jueves 1, noviembre 2018 - 12:03 am

El  30 de octubre de 1998 los habitantes del cantón Chilanguera, municipio de Chirilagua, departamento de San Miguel, estaban a la expectativa por la crecida del río luego de tres días consecutivos de lluvias. La gente temía una tragedia, pero no se atrevía a dejar sus casas, ignorando que la madrugada del 31 de octubre cambiaría sus vidas y la geografía de la zona.

Como ladrón por la noche, el agua se metió aquella madrugada a todas las viviendas del caserío Hacienda Nueva- del cantón Chilanguera- tras el desbordamiento del río, arrastrando lodo, aves, mesas, trozos y arrasando con todo lo que cerca del afluente posaba.

Aquella devastación era producto de la tormenta tropical Mitch, fenómeno meteorológico que inició como onda tropical en las cálidas aguas de Costa de Marfil, en África, luego se convirtió en tormenta y finalmente en huracán (uno de los más mortíferos de la historia en el océano Atlántico).

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Una noche antes de tocar suelo salvadoreño, el huracán (de categoría cinco) se degradó a tormenta tropical, pero eso no detuvo la atroz furia del fenómeno climatológico en el oriente salvadoreño, el más afectado por las incesantes lluvias que, en un principio, parecían de temporal.

Chilanguera, uno de los nueve cantones de Chirilagua, fue uno de los sitios más afectados. Las constantes lluvias aumentaron el caudal del río que atraviesa el cantón; uno de los dos cerros que rodean la zona (La Marañonera y El Pancito) no soportó la humedad y el deslizamiento de tierra – que cayó sobre el afluente- fue inevitable.


“El río se metió a todas las casas, la corriente llevaba de todo, eso fue como a la 1:30 de la madrugada”, recuerda Ivette Vanesa Martínez, nieta de María Ángela Martínez, de 77 años de edad.

Sus ojos se humedecen al recordar ese sábado 31 de octubre y su mirada proyecta el dolor que se siente al tocar una cicatriz. Doña Angelita, como le gusta que le llamen, afirma que el río Chilanguera comenzó a llenarse desde las 6:00 p.m., del 30 de octubre y su caudal “no volvió a ser igual después del Mitch”.

“Yo vivía a la orilla del río, entonces yo quedé aislada, nos quedamos a media noche viendo la llena, cómo estaba, habían palos que le pegaban a la puerta y bueno, que llegó un chiflón a abrirla, pero estaba mi hijo que había venido de trabajar y él lucho contra el chiflón, si la puerta la bota no estaríamos contando el cuento”, afirma.

Acompañada de algunos hijos y nietos, la anciana pasó esa noche rezando, viendo entrar el agua a su casa y esperando que alguien llegara por ella y su familia.

“Una parte de agua se metía por la puerta y andaba dentro de la casa; el agua entró y nos llegó hasta aquí (bajo la cintura), porque mi casa tenía un relleno. Mucha gente creía que a mí me había llevado el río, pero por ese relleno bendito sea Dios”, dice.

“Había gente que cuando salía (de sus casas) el chiflón les quitaba a los niños de sus brazos y se los llevaba”, indica.

A las 5:00 a.m.,los vecinos –como pudieron- llegaron a ayudarle a ella y su familia; lograron salir con vida y movilizarse. La angustia invadió su corazón durante horas.

Al salir a la calle principal del cantón logró llegar donde personas que le ayudaron. Vivió de posada durante un tiempo, alquiló una casa después y esperó que la Cámara Salvadoreña de la Industria de la Construcción (Casalco) y la Asociación Nacional de la Empresa Privada (Anep), que había recolectado la ayuda económica internacional, trabajaran en la construcción de las 270 casas que fueron edificadas en un terreno donado por la Asociación Cooperativa Chilanguera de R.L. Seis meses después tenía casa nueva.

Una empresa distribuidora de energía conectó la electricidad gratuitamente y el gobierno estadounidense ayudó a la construcción de pozos de agua potable en la zona que ahora es Nueva Chilanguera primera y segunda etapa, comunidad que hace 20 años no existía.

“Yo vivo en la segunda etapa, aquí construyeron nuestras casitas, eran pequeñas, yo con la ayuda de Dios le he hecho otro cuartito, porque el que nos entregaron era pequeño”, asegura Angelita.

Como ella muchos sobrevivientes viven ahora en Nueva Chilanguera, zona que se encuentra retirada del puente bajo el cual corre un afluente pequeño, el mismo que hace 20 años creció de manera colosal y dejó de rodillas a la comunidad.




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