Nacionales

Cinco historias de madres salvadoreñas dedicadas a sus hijos

Saraí Alas / Krissia Torres

viernes 10, mayo 2019 - 12:01 am

Año con año las muestras de reconocimiento hacia las madres se ven reflejadas en la compra de flores, globos, invitaciones a comer o visitas al cementerio entre los salvadoreños que agradecen a quienes les dieron la vida y amor.

En el país, muchas madres tienen profesiones diversas. Las hay enfermeras, ingenieras, periodistas, doctoras, maestras, empresarias, arquitectas, médicos, abogadas, secretarias, recepcionistas o quienes realizan oficios, como amas de casa, zapateras, carpinteras, motoristas, quienes, no obstante sus labores, siempre cumplen sus funciones de atención hacia sus hijos y esposos, después de sus arduas tareas.

Diario El Mundo recolectó interesantes historias con ocasión de esta fecha dedicada a las madres, instituida no solo como un merecido homenaje a su abnegación y entrega, sino para celebrar y visibilizar el trabajo de diferentes mujeres, muchas de las cuales se desempeñan en diferentes profesiones y otras tantas que se dedican a las ventas para dar alimentación y procurar mejores oportunidades para sus hijos.

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“Mis hijas son el regalo más grande que Dios me ha dado”


 

Con una sonrisa en el rostro, Karla Hernández, quien actualmente es diputada por el partido Alianza Republicana Nacionalista (Arena), madre de una joven de 22 años y una menor de 12, afirma que sus hijas son “el regalo más grande que Dios le ha dado”.

“Yo tengo dos hijas, orgullosamente, pues son el regalo que Dios me ha dado y creo que para mí el mayor orgullo es ver que son buenas niñas y me llena de mucho orgullo decir que son personas que practican el amor al prójimo o que tienen un corazón bueno”, dijo la diputada.

Hernández manifiesta que ser diputada y madre a la vez ha sido un reto, debido a que es difícil equilibrar el tiempo entre su familia y el trabajo pero que siempre ha logrado salir adelante.

“En mi casa para mi familia, en particular para mis hijas, lo más  difícil es ver cuando, debido a mis posturas políticas, soy sujeta de agresiones y ataques, descalificaciones o difamación, como cuando en un medio digital en Facebook alguien público un artículo denigrándome; recuerdo que mi hija mayor realmente se descompuso, lloró mucho”, dice Hernández al recordar el momento de tristeza de su hija.

La diputada señala que para sus hijas fue difícil entender que las descalificaciones o agresiones en su contra son parte del trabajo, porque ella debe de tomar una postura sobre temas de relevancia para la sociedad salvadoreña, pero asegura que a pesar de todo seguirá trabajando para hacer un mejor país.

Para Hernández, lo más importante es continuar trabajando y apoyando a otras mamás que también luchan por dar un buen ejemplo a sus hijos y asegura que es satisfactorio saber que en la Asamblea Legislativa tiene un lugar donde con decisiones responsables ayuda a transformar El Salvador.

 

“Pedirle a Dios lo necesario y echarle ganas a la vida”

 

Todas las mañanas, a las 7:00 a.m. María del Carmen Torres Azucena llega junto a su esposo a un taller de reparación de zapatos, ubicado sobre la 15 calle Poniente, donde todos los días espera que personas lleven su calzado.

Sentada en un banco de madera, María del Carmen escucha llegar a su primer cliente, quien le pregunta si es posible coser su zapato y ella accede. Con las herramientas en sus manos, la zapatera empieza a revisar los daños que tiene el botín que le llevó su cliente.

María del Carmen dice que ella llegó a trabajar en la reparación de zapatos porque debía dar alimentación y estudios a sus dos hijas, quienes actualmente se encuentran estudiando.

“Mi desempeño era vender ropa pero como mi esposo tiene esta creatividad, me vine como ayuda idónea, además yo tenía que tratar la manera de ayudarles a mis hijas, darles de comer, a veces la necesidad lo hace a uno ver en que nos podemos desarrollar”, dice María del Carmen mientras arregla el zapato.

A medida pa­san los minutos, María del Carmen asegura que ser madre y esposa es difícil pero que cada mañana, su esposo y ella tienen una motivación para continuar trabajando. Después de un largo silencio, la zapatera indica que no le costó aprender mucho el oficio y que para brindar lo necesario a sus hijas laboró como vendedora de ropa y cuando fue más joven vendía dulces y chiles  en los buses.

A María del Carmen se le llenan los ojos de lágrimas cuan­do recuerda que uno de los momentos más difíciles de su vida fue perder a su primer hijo, a los 18 años. “No se lo deseo a nadie, tengo mis otras dos hijas, pero es una pérdida irreparable, ya no lo celebro igual”.

Y a pesar de haber sufrido la pérdida de su hijo, la zapatera asegura que todos los días deben “pedirle a Dios por lo necesario y echarle ganas a su vida”.

 




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