Cerrar [X]

Editorial & Opinion

¿Combatir los feminicidios?

Carlos Alvarenga Arias / Abogado y MAE

jueves 4, octubre 2018 - 12:00 am

¿Pero tienen alguna idea las autoridades en dónde se origina ese odio irracional contra la mujer por ser mujer? ¡Fácil! En la mente del hombre, del varón, del macho. Entonces, ¿tienen algún remedio contra esa enfermedad llamada, “mente masculina”?

Desde hace años vengo tocando este tema en mi página de Facebook, y es que es obvio que el odio hacia la mujer por parte de su pareja, por parte del compañero de vida, esposo, novio, compañero de trabajo, pretendiente, etc., va en aumento, en todas partes del mundo. ¡Todas!

No es el simple hecho que hoy en día hay más cobertura de este tipo de acontecimientos, es que las estadísticas lo dicen con claridad de mediodía en verano. El odio que el hombre desborda hasta llegar al feminicidio está en boga, tanto así que para mí es una pandemia. ¡Estamos matando a las mujeres! Y eso sin contar las amenazas, las lesiones, los insultos, los maltratos, las detestables violaciones, la esclavitud sexual, la marginación, la explotación laboral, etc. Los hombres, los varones, no dejamos de demostrar el potencial que tenemos de ser detestables.

publicidad

Ahora, luego de observar este fenómeno espantoso, yo me pregunto, ¿cómo puede ser que en países con culturas tan distintas como la India, Japón, España, Italia, EE.UU., El Salvador, se esté dando el mismo fenómeno?

Las muertes sanguinarias y con un odio que solo se ve entre pandillas o los Zeta, los hombres están matando a sus parejas con lujo de saña, en un desborde de odio que, ¡hombre!, ni en las fieras lo observa uno.


Este odio del hombre hacia la mujer pareciera que es un mal latente en el inconsciente del hombre, una enfermedad que solo necesita un detonador, algo que la ciencia debe descubrir, porque es obvio que necesita de muy poco para que salga a flote y se desate con consecuencias tan dolorosas y horrendas.

A mí me da por pensar que el hombre de las cavernas, al descubrir la sexualidad, tomó a la mujer como un objeto para satisfacer una necesidad por demás imperiosa, esclavizante, de su naciente humanidad, con la gravedad que en las otras especies animales (porque no me cabe duda que no tenemos pero ni un germen de divinidad y somos otra especie animal más en este planeta), sí tienen regularizada su sexualidad que “civiliza” el encuentro, el coito, la reproducción; lo hacen con períodos predecibles, en cambio los hombres no, pueden repetir hasta la enfermedad el encuentro sexual, varias veces a la semana, al día, y en esa suerte (mala suerte para la mujer), se fue desarrollando, con el plus agravante de la fuerza física, en una relación de sumisión, y cuando no era sumisa, la eliminación. Si la animal mujer no cedía al animal hombre para satisfacer su necesidad sexual, había que eliminarla.

La mujer tenía (y tiene) eso que el hombre necesitaba y el hombre tenía la fuerza para exigirlo, podía exigirlo y de no cumplirse, matarla. La mujer se convirtió desde entonces, y la publicidad, los medios, la música urbana, la pornografía, hoy día afirman eso, en un objeto sexual, en el objeto para desahogar una necesidad fisiológica, lo cual con el tiempo llevó a formarse en el cerebro masculino que la mujer es simple y llanamente un objeto. A secas.

Solo requiere un mínimo de imaginación para concluir que esa conducta repetida durante decenas de miles de años (300 mil años de existencia del homo sapiens), antes de que el ser humano se convirtiera en un ser sedentario (hace unos 25 mil años aproximadamente), y formara el concepto de núcleo familiar, ya habría horadado un hueco en su mente en el que todo intento de respetar a la mujer sucumbe; algo que se traga la idea de que la mujer es igual en todo, y aunque la ley, hoy en día, nos repita mil veces que la igualdad es evidente, ni en los países avanzados se logra respetar ese básico principio, e incluso vemos que en los estudios cinematográficos que generalmente son tan liberales, democráticos, anti status quo, establishment, anticonservadores, la mujer, aun cuando desarrolle un rol o papel en una película similar en importancia al del hombre, gana menos, considerablemente mucho menos. O sea, a la mujer se le sigue viendo inferior incluso en aquellos lugares donde más se enaltece su igualdad.

Corolario: el feminicidio se combate educando a los hombres.




RECOMENDACIÓN DE LA REDACCIÓN



Opine y Comente

Diario El Mundo abre este espacio de opiniones para que se pueda debatir, construir ideas y fomentar la reflexión. Por eso, pedimos que se evite hacer uso de ataques ofensivos, que incluyan malas palabras, de lo contrario nos reservamos el derecho de publicación.

Recuerde que este es un medio que está para generar opinión constructiva.