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Nacionales

¿Cómo apareció “El arca de Noé” en Chilanguera?

Roxana Lemus

sábado 3, noviembre 2018 - 12:01 am

Desolación y llanto, eso es lo que la familia Claros vio la mañana del 31 de octubre de 1998 en lo que quedaba del caserío Hacienda Vieja, del cantón Chilanguera, en Chirilagua, tras haber sobrevivido al desastre ocasionado por el desbordamiento del río- que arrasó con más de 500 viviendas y acabó con la vida de más de 80 personas en la zona- producto de las lluvias generadas por la tormenta tropical “Mitch”.

“Fuimos a ver el río a eso de las ocho de la noche, pero a las once ya no aguantamos ni el sueño ni el frío. A la medianoche vino un muchacho que es sordomudo, trabajaba con mi esposo en el camión, él vivía por la iglesia católica, tocaba y tocaba la puerta, pero mi hijo menor lo escuchó y se levantó; le dijo ‘qué pasó’ y ya hizo los mates que el río se había salido, entonces él nos fue a hablar ‘papi, mami, dice el mudo que se salió el río’, en ese momento empezamos a salir nosotros”, recuerda María Raquel Alfaro de Claros, habitante de Chilanguera.

Raquel Alfaro se resistió a salir de Chilanguera la tarde del 30 de octubre de 1998, esperaba que el río no ocasionara desastres. / Wilson Urbina

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Alfaro, de 52 años de edad, indica que su esposo, Roberto Claros, le propuso la tarde del 30 de octubre abandonar el caserío, pero ella se resistió esperando que el río no ocasionara ningún desastre.

En aquel momento la familia tenía un camión de ocho toneladas (de los que sirven para transportar arena). Ante la advertencia del sordomudo, Raquel y Roberto subieron a sus hijos al camión y lo cargaron con colchas. En el camino pitaron por todas las viviendas tratando de alertar a las personas para que huyeran del lugar. “Íbamos a salir recto pero ya no se podía, el río estaba lleno, entonces salimos hacia acá (abajo del río), donde ahora es el caserío (Nueva Chilanguera), pero ahí había una quebrada antes y no nos dejó pasar, esa quebrada estaba hasta el tope”, asegura.


Ninguna de las salidas permitía el paso (debido al nivel del agua), eso obligó a la familia a estacionarse en una casa frente a la escuela del caserío. “Nos quedamos ahí y toda la gente, los que sintieron el agua, la gente de los alrededores, se fue a subir al camión, había como 40 personas en el camión…Ya Dios hizo que nosotros nos quedáramos ahí (en la tarde), porque esa gente no se hubiera salvado”, reflexiona.

El río arrastró personas, animales y cultivos en el cantón Chilanguera. / Wilson Urbina

Raquel calla un momento, la mirada parece perdida, gesticula con las manos y dice: “Después le pusieron el Arca de Noé, al camión”.

Con la fuerza descomunal que la tormenta tropical azotó en Chilanguera fueron pocos los que lograron sobrevivir a la tragedia. La madrugada del 31 de octubre fue la más agonizante para la familia Claros y 40 personas más, que con angustia veían al camión balancearse por la furia intempestiva de “Mitch”.

“Hasta unas señoras con niños tiernitos se metieron, se subieron al camión y  ahí amanecimos, cuando ya eran las cinco de la mañana, salimos del camión y empezamos a ver que todo desolado, todo aquello era un desierto, no veíamos las casas que estaban un día antes…De repente empezamos a ver gente llorando perdida, buscando a sus familias, a sus hijos, unos a sus hermanos, sus padres, otros en calzoneta perdidos que preguntaban ‘¿adónde estoy?’, porque ya no habían casas, no sabían dónde estaban”, agrega.

Roberto Claros aún conserva imágenes de la devastación que sufrió Chilanguera por el desbordamiento del río. / Wilson Urbina

Raquel reflexiona otro momento más y piensa que, de no haber sido por el camión, seguramente esa misma situación habría atravesado ella, su esposo o sus hijos, o quizá las 40 personas que aquella madrugada vieron en el camión, al vehículo de la salvación, un rústico palco donde veían la vida ahogarse, mientras mataban las horas apunta del Padre Nuestro y el Ave María.

Las FAES, PNC y cuerpos de socorro llegaron a rescatar a las víctimas en helicópteros. Los accesos estaban bloqueados por el río crecido y el lodo. / Archivo DEM

 

 




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