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Editorial & Opinion

Con mis hijos no se metan

Jaime Ramírez Ortega / Consultor legal y de negocios

jueves 20, septiembre 2018 - 12:00 am

Hace unos días nos reunimos con un grupo de personas, entre académicos, pastores, laicos y libre pensadores, para discutir acerca de la ideología de género y la diversidad sexual que se ha venido implementando de forma sigilosa en El Salvador, desde hace más de una década, lo cual ha rendido frutos, dado que ya no hay pudor, ni respeto por los espacios públicos, debido a que una gran cantidad de jóvenes que practican la orientación sexual diferente a lo heterosexual, se toman de la mano y se besan en público, como si se tratase de algo normal, y ciertamente es así, porque ninguna práctica de desviación sexual, puede ser normal.

Ahora bien, lo que sí se debe erradicar de la mente de los ciudadanos es que en razón de la orientación de algunas personas se fomente hacia ellos el odio, la homofobia y discriminación. Sin temor a equivocarme, puedo constatar que existen varias iglesias en el país que están haciendo una labor extraordinaria para trabajar de forma espiritual con la juventud que ha caído en estas prácticas, para instruirles en el camino del Señor Jesucristo, y hay una gran cantidad de historias exitosas; esto significa que no se está fomentando la discriminación ni la homofobia, como se está haciendo creer.

Todo cristiano auténtico debe estar comprometido con los valores del reino, siendo el más importante amar a Dios con todas las fuerzas, con todo el corazón y con toda el alma; el segundo es semejante: amar al prójimo como a sí mismo; de modo que no se podría ser un faro de luz en medio de la oscuridad, ni muchos menos ser dignos  representantes del Señor Jesucristo, fomentando el odio y la homofobia; así que las puertas de las iglesias deben permanecer abiertas para todas aquellas personas que tienen necesidad real de tener comunión con el Señor Jesucristo.

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Lo anterior implica entender que se tiene un problema y que se necesita la ayuda de un ser superior que puede cambiar el interior y el exterior, como el caso de Saqueo, quien era un cobrador de impuestos que poseía una agravante adicional: era jefe de publicanos, es decir, el que determinaba la política de recaudación de impuestos en nombre de Roma; o sea, se deleitaba en el cobro abusivo de impuestos y una gran parte de estas riquezas iba directamente a sus arcas personales, lo cual constituía un robo a la población; por eso no solo era mal visto, sino que era aborrecido por sus prácticas corruptas.

Estando en condición de pecador, Jesús llegó a morar a la casa de Saqueo y, sin reproches, dijo que la salvación había llegado; todo ello provocó una metanoia que dio como resultado un arrepentimiento genuino por parte de Saqueo, llevándolo a confesar que, si a alguna persona había defraudado, él devolvería cuatro veces más. De manera que, así como Saqueo entendió, por medio de la presencia de Jesús en su vida que era un pecador, de la misma manera lo necesitan un alcohólico, drogadicto, adúltero, fornicario y el que practica el homosexualismo o lesbianismo; necesitan de la presencia de Jesús en sus vidas para que haya un cambio de mentalidad y un arrepentimiento.


Por lo tanto, se debe ser tolerante y respetuoso de las ideas de otras personas, pero de la misma manera se les exige a las personas que andan promoviendo la diversidad sexual, que respeten al cristianismo y no usen su simbología en sus marchas, como si se tratase de cualquier cosa. De manera que los que amamos al Señor Jesucristo y a la familia, formada por un hombre y una mujer nacidos así, no retrocederemos un centímetro para darle cabida a la ideología de género y a la diversidad sexual que quiere cambiar la mentalidad de los niños, haciéndoles creer que no hay nada de malo que un niño se bese con otro niño.

Ante ello, los padres de familia están obligados a cuidar la salud mental de sus hijos, para que crezcan en un ambiente más propicio a su desarrollo emocional, ya que suficiente la exposición que tienen los niños de ver día con día, violencia, extorsión, hurtos y corrupción, como para agregarle las desviaciones sexuales. ¡Que Dios ampare a El Salvador!




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