Editorial & Opinion

Contertuliando desde el Pulgarcito de América (I)

José Eduardo Sancho / Académico

jueves 12, diciembre 2019 - 12:00 am

América del Sur está sacudida por una ola de movimientos sociales con diversidad representativa, espontánea convocatoria, grupos dispersos, mini grupos radicales, masiva participación ciudadana en cacerolazos. Es un movimiento con dirección poli-céntrica, independiente al sistema de los partidos, no electoral, opera paralelo al poder legislativo, ejecutivo y es extra parlamentario.

Dos motivaciones de fondo provocan esta irrupción ciudadana ante gobiernos. Una cuando el gobierno desmantela la democracia alternante. Otra son exigencias de bienestar mínimo que desmejoran los Gobierno de izquierda, centro o derecha, elegidos democráticamente que con poca sensibilidad social imponen y continúan con medidas económicas del Banco Mundial, FMI.

Los gobiernos reaccionan rápidamente. Creen que es leyes, apertura, pensiones, precio del transporte público, la colegiatura de educación, salarios. La presión es más de fondo, se quiere ocultar.

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Ecuador, suspende subir el precio de la gasolina. Oculta la distribución, uso de la divisa petróleo-banano.  Chile da salida con una Reforma Constitucional, interviene el Ejército. Argentina, la alternancia de Gobierno traslada el problema a otro Gobierno. Bolivia fractura la alternancia democrática y convoca a nuevas elecciones, pero no explica el uso de la divisa sus recursos naturales estratégicos.

Venezuela, por la amenaza de invasión externa, interfiere, retrasa la salida viable. El movimiento civil queda débil por la emigración de cuatro millones de pobladores a países vecinos. Los líderes quedan con el doble poder sin movimiento civil de respaldo, son dos gobiernos internos que deben convocar a elecciones y dar pasos políticos inéditos, mientras el ejército no interviene. Colombia, es síntesis de confrontación de movimientos sociales emergentes con el aparato estatal municipal, Gobierno, donde incide un cacique neocolonial que es contrapeso a la cultura ciudadana que se expresa culturalmente por el dialogo. No interviene el ejército.


En América Central los líderes de partidos protegen la corrupción de grupos financieros y líderes políticos. En Guatemala, irrumpe el movimiento social espontáneo presiona salidas de presidentes. Con 24 partidos eligen candidatos a la Presidencia. El Ejército no da golpe de Estado.

En Honduras un líder de Gobierno, lo protege el partido, trastoca la alternancia democrática y polariza la vida política. Los movimientos sociales presionan, pero el gobierno no da salida, protege corrupción, no dialoga en un impasse. El ejército no da golpe de Estado.

En Nicaragua, después de abrir la Mesa en el 2018, cuando los ciudadanos desbordan al régimen y piden elecciones inmediatas. El Gobierno y su cacique neocolonial, cierra el diálogo nacional, año 2019, entroniza el terrorismo de Estado paralelo con las “divinas turbas”, que son del partido sandinista, que desmantela el civismo y la identidad propia nacional. El Ejército no interviene.




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