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Editorial & Opinion

Cuando los robots paguen impuestos

Juan José Urbina / Economista Senior de Icefi @Juanjourbina

sábado 6, octubre 2018 - 12:00 am

Lo que actualmente conocemos como industria manufacturera, maquilera en nuestros países, está a punto de cambiar drásticamente, no para bien de muchos si no tomamos cartas en el asunto de inmediato. Muchos auguran que la siguiente revolución industrial se consolidará cuando las máquinas automatizadas sustituyan a las personas. Esto, más que un pronóstico, es una realidad que ya se encuentra entretejiendo.

Durante los primeros años de la revolución industrial (entre 1811 y 1816) nació un grupo de manifestantes que destruían telares industriales y máquinas de hilar como forma de protesta por haber sido sustituidos por estos artefactos. A este movimiento se le llamó Ludismo, pero al voltear la mirada a nuestra época podemos observar versiones más modernas del telar y la máquina de hilar; lo cual quiere decir que los luditas no tuvieron mucho éxito.

Hoy, 200 años más tarde, comenzamos a ver cómo muchas manufacturas, que solían ser intensivas en mano de obra, han iniciado procesos de automatización y reemplazo de personas por máquinas. Siendo una de las primeras afectadas la industria automotriz. Posiblemente hubo mucho rechazo de los obreros despedidos y mucha tensión, pero esta vez ninguna máquina fue destruida. Día con día vemos cómo las tareas en los servicios financieros, las compras, la vigilancia e incluso la construcción de hogares está siendo automatizada.

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Si fuéramos Bill Gates esto no debería preocuparnos, pues según su imaginario, que las personas sean sustituidas por procesos automatizados, creará tiempo libre para que las personas se dediquen a actividades de empatía (como la educación o el cuidado de ancianos o enfermos) y esparcimiento. Según Gates estas máquinas seguirán generando riqueza por lo que los sistemas tributarios deberán adaptarse para que estas máquinas paguen impuestos por las ganancias que generan, y así las personas, en general, puedan recibir compensaciones económicas que les permitan tanto mantener un nivel de vida decoroso como dedicarse a otras actividades más allá del trabajo.

Lo que Gates no toma en consideración es que, hoy por hoy, mucha de esta manufactura se realiza en países del mundo subdesarrollado. En zonas con regímenes especiales que no pagan impuestos -zonas francas- y que emplean personas que reciben salarios de miseria. Con la próxima revolución industrial se lograrán avances tecnológicos importantes, pero también se eliminará a muchas de las personas de la ecuación productiva. Entonces, ¿quién pagará los impuestos de los que habla Gates en los países, como los centroamericanos, con un extendido marco legal de privilegios fiscales a las empresas?


El sector manufacturero es uno de los pilares centrales de las estructuras económicas de Centroamérica. El modelo de exoneración tributaria de las zonas francas está muy extendido en la región. Mientras que en El Salvador y Honduras quieren llevar este modelo al siguiente nivel, y crear las controversiales Zonas Especiales de Desarrollo y Empleo (Zedes), dando no solo exoneración tributaria, sino una suerte de soberanía sobre estas zonas.

¿Será que sus promotores se dan cuenta de las implicaciones futuras que esto tendrá: menos puestos de trabajo y muy probablemente seguirán sin pagar impuestos? ¿Será que dentro de la mente de los planificadores se encuentra este escenario o como siempre las acciones tienen una visión cortoplacista de lógica de maximización de ganancias y de ayuda a sus financistas de campaña, dejando de lado el futuro de las personas?

En lugar de continuar la carrera por regalar territorios y perdonar impuestos, en el futuro cercano los Estados de la región deben buscar soluciones innovadoras para hacerle frente a los retos que esta nueva ola de modernidad acarrea. Por ello, en la última Asamblea General de la Naciones Unidas, el Secretario General António Guterres advirtió sobre estos cambios en la naturaleza del trabajo, e instó a las naciones a considerar redes de seguridad social más fuertes y eventualmente instaurar una renta básica universal.




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