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Editorial & Opinion

¿Cuando surgen los catalizadores del cambio?

Aldo Álvarez / Abogado, catedrático, directivo del CD

sábado 8, diciembre 2018 - 12:00 am

Es posible que nos encontremos en estos momentos de nuestra historia en una etapa decisiva y crucial, al menos eso aparenta. Parece ser que la gente ya no está dispuesta a tolerar un estado de cosas en el cual las decisiones políticas que se toman desde las esferas del poder tienen o más bien son percibidas por una buena parte de la población como medidas tomadas para beneficiar a un pequeño grupo de interés, y no los intereses de las grandes mayorías. Nos preguntamos válidamente ¿Si este estado de cosas se esté proyectando hacia el campo electoral y de tal suerte que una buena parte de la población considere que el status quo actual ya no puede continuar de esa manera? ¿Que en buena parte de la población se haya ya instalado en su mente la percepción de que hay cosas que en el pasado se toleraron y que ya no están dispuestos a tolerar porque consideran que son nocivas, abyectas, repulsivas, aberrantes y contrarias a sus intereses? En fin, que hayan logrado conectar la causa de la calamitosa realidad en que viven con las decisiones que se toman desde las esferas del Poder y que sientan que tales decisiones, ni son tomadas pensando en sus intereses, y que además no le resuelven sus problemas más ingentes.

También una pregunta interesante que debemos hacernos en términos de cómo nos planteamos la manera en que buena parte de la población se encuentra analizando el proceso político en general que se está dando en nuestro país, de cómo la gente está percibiendo el proceso político electoral en particular, desde la perspectiva de los intereses ciudadanos y desde la perspectiva de la relación siempre tensa que existe entre el que gobierna y el gobernado. Sería interesante poder entender cómo se está percibiendo la actual campaña electoral en términos de la percepción que tienen los ciudadanos de la propuesta electoral y la manera cómo se promueven aquellos que intentan llegar al campo de la representación del ejecutivo. Tengo la percepción que parece ser que hay una especie de mutación “psico-político-electoral”, le llamaría yo, porque lo que en el pasado parecía ser un tipo de campañas bastante estandarizadas y que terminaban con resultados más o menos predecibles en términos de medición, en términos de encuesta y en términos de percepción, y que por tanto existía una predictibilidad medianamente acertada de los resultados, hoy nos planteamos si lo que se ha dado es una especie de traspaso de una suerte de “límite temporal”, entre cuándo y en qué momento se dan las grandes transformaciones en una sociedad y cuáles son los elementos que funcionan en términos de catalizadores y propulsores de fraccionamientos históricos que se dan dentro de un sistema político que tenga un determinado tiempo más o menos largo de estar funcionando.

Llegados a este punto nos preguntamos ¿Cuáles son aquellos acontecimientos históricos que permiten que los ciclos políticos tengan lugar, que aparezcan nuevos ciclos, nuevas configuraciones políticas, que hayan mutaciones en los sistemas, que se dé lugar a nuevos tipos de organizaciones o al menos la posibilidad de organizar diferente el poder? Hay aquí pues un planteamiento cíclico-político que tiene elementos sociológicos, psicológicos, sí, pero también de recambios generacionales que no deben ser soslayados, pues las percepciones de estas nuevas generaciones, no necesariamente coincidirán con las de aquellas previas al “fraccionamiento”, y eso pueda que sea un factor que propicie y catalice el ciclo político.

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Parece ser que el síntoma de nuestros tiempos -aquí y afuera- es la crisis de los sistemas políticos tradicionales, y parece ser también que tienen su raíz más profunda en la crisis de representatividad y en la crisis de credibilidad de estos sistemas políticos tradicionales. Tengo la percepción de que hay una desconfianza tan generalizada en la oferta política tradicional, que la falta de credibilidad está llevando a que la democracia representativa en la manera y en la forma en que ha operado en nuestro país, ha llegado un punto de falta de eficacia en resolver los problemas de las mayorías, que parece dar signos de agotamiento masivo y esto parece ser que nos está dando muestra de un fraccionamiento entre un antes y un después de un “parteaguas” en términos de planteamiento del final de un ciclo político. ¿Pero hacia dónde nos enrumba ese fraccionamiento? ¿Qué cambia, las formas o el fondo? Es que ese es el planteamiento fundamental en este período intercíclico político, ese es el punto, pues lo que se impone, es que debe cambiar el fondo.




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