Editorial & Opinion

¡Cuidado! La muerte anda en motocicleta

Jaime Ulises Marinero / Periodista

martes 28, mayo 2019 - 12:00 am

Las imágenes de la mujer abrazando a su compañero de vida muerto en una calle capitalina,  al igual que la del joven abrazando a su hermana moribunda en la carretera a San Miguel, son tristes y dolorosas. Dos accidentes desgraciados que le costaron la vida a dos personas.

Hasta la semana pasada en lo que va del año en el país se registraban 166 motociclistas o acompañantes muertos producto de accidentes, así como al menos 889 lesionados, producto de 986 accidentes en los que se han visto involucradas motocicletas.

El sábado pasado a eso de las 6:00 de la mañana Edwin Israel López, de 31 años y padre de dos niños, murió cuando conducía su motocicleta con la cual chocó contra un vehículo particular, sobre la 29a. calle Poniente y 10a. avenida Norte de San Salvador. Su acompañante resultó lesionado. Los periodistas captaron las imágenes de la compañera de vida abrazando el cadáver de Edwin y luego reclamando al conductor del vehículo, supuestamente responsable del accidente.

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Apenas cinco días antes en San Miguel falleció la joven Blanca María Quintanilla Penado, de 18 años, instantes después de que la motocicleta conducida por su hermano chocara contra un vehículo placas nacionales conducido por un ciudadano coreano. En el vídeo captado por una cámara de videovigilancia, se observa cuando el ciudadano extranjero se pasó el alto del desvío Las Placitas y el joven motociclista que conducía a toda velocidad no pudo evitar chocar, saltando por los aires él y su hermana. Es indudable la responsabilidad del ciudadano coreano, pero también es evidente la imprudencia del motociclista al conducir a excesiva velocidad.

Realmente conducir una motocicleta en las zonas de mucho tráfico suele ser una ventaja, pero también un grave riesgo. Ventaja ya que se puede avanzar en los congestionamientos viales y en cuanto a que se gasta menos combustible, pero grave riesgo en cuanto a que un ligero roce con un vehículo, generalmente es un seguro vuelco con consecuencias graves.


En carretera abierta andar en motocicleta es excesivamente riesgoso, cuando se conduce a altas velocidades, de manera imprudente, sin la concentración necesaria y sin la debida protección. Una motocicleta accidentada casi siempre equivale a por lo menos una víctima gravemente lesionada. En el peor de los casos equivale a  por lo menos una persona fallecida.

Cuando uno conduce un carro tiene que hacerlo con mucha concentración, evitando a los motociclistas que, no todos, suelen manejar de manera imprudente, haciendo un carril extra entre el carril derecho y el izquierdo, y a veces subiendo a las aceras o sobrepasando de manera incorrecta. Muchos conductores, especialmente de autobuses y microbuses, suelen manejar a la ofensiva irrespetando a los conductores de vehículos livianos y “apartando” a los  motociclistas que se atreven a acercarse a ellos, tal vez desconociendo que los conductores tenemos “puntos ciegos” desde nuestra perspectiva al volante.

He visto motocicletas en las que van hasta cinco personas. El padre, la madre y hasta tres hijos, sin cascos o indumentaria de seguridad adecuada. En las grandes ciudades es común ver a tres personas en una motocicleta, donde el pasajero de en medio casi siempre es el hijo (a) pequeño (a). En carreteras abiertas es común ver a motociclistas exponerse y exponer a otros.

La División de Tránsito de la PNC debe ser más rigorista con los motociclistas. Yo he visto en la autopista al aeropuerto a motociclistas hablando por teléfono mientras conducen o haciendo el famoso e irresponsable “caballito”. Son más de 300,000 motocicletas en el país y eso es bueno, pero lo malo es que decenas de miles de motociclistas no tienen licencia y que muchos, aún teniendo licencia, conducen con mucha irresponsabilidad y sin conciencia. Generalmente un accidente motociclístico trae fatales consecuencias.

Se debe ser drástico con todos los conductores. Conducir cualquier tipo de vehículo es un privilegio que implica una tremenda responsabilidad. Somos los garantes de nuestra vida y la de los demás. No se debe conducir bajo el efecto de las drogas o de las bebidas embriagantes y siempre debemos hacerlo concentrados. Cualquier distracción nos puede costar la vida o provocar la muerte de otros.

Conducir una motocicleta es un riesgo permanente, pues el conductor y más el acompañante  se vuelven vulnerables. Hay que ser responsables. Si conducimos un vehículo pesado o liviano debemos respetar a los motociclistas, pero antes, ellos deben respetarse a sí mismos. La muerte anda en motocicletas, pero con responsabilidad y concentración se logra evadir.




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