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Editorial & Opinion

De derechas e izquierdas

Aldo Álvarez / Abogado, catedrático y directivo del CD

viernes 14, diciembre 2018 - 12:00 am

Entre los estudiosos del tema de la ciencia y de la filosofía política –estando la escuela italiana entre las más desarrolladas-, el tema de la “derecha” y la “izquierda” política ha cobrado suma relevancia. Así, autores como Dino Cofrancesco piensan que si con la desacralización del Marxismo-Leninismo se acabó para siempre la lectura maniquea de la oposición derecha-izquierda, ésta no resulta del todo carente de sentido, pues considera que “La liberación del hombre del poder injusto y opresivo sigue siendo, pensándolo bien, el quid de la cuestión de la izquierda como ‘categoría de lo político’, capaz de resistir a cualquier proceso de desmitificación. Además, también la derecha representa una modalidad de lo humano, puesto que expresa el arraigo en la base de la naturaleza y de la historia, la defensa del pasado, de la tradición, de la herencia”.

Así pues, una definición para ser no contingente, no ocasional, no subordinable a la variedad de posiciones históricamente determinadas, debe moverse siempre hacia la determinación de la actitud mental, de la idea inspiradora, en una palabra del “alma” de quien se declara de derechas -lo que naturalmente es válido, incluso para el que se declara de izquierdas-. El alma de la derecha puede ser expresada sintéticamente con el lema: “Nada fuera ni en contra de la tradición, todo en y por la tradición”. Si después se constata la existencia de distintas modalidades de la derecha, esto depende de los distintos significados de “tradición”. Cofrancesco indica seis de ellos: como arquetipo, como asunción ideal de una época axial o decisiva, en la historia de la humanidad, como fidelidad a la nación, como memoria histórica, como comunidad de destino, y finalmente como conciencia de la complejidad de lo real. Detrás de estas distintas acepciones del término se vislumbran distintos movimientos, o también tan solo distintas tomas de posición personal, pero el alma común puede explicar cómo puede producirse históricamente el paso, según los distintos momentos, de la una a la otra. Por poner un ejemplo, el trasvase en los años entre las dos guerras mundiales, de no pocos militantes políticos de la derecha conservadora a la tradicionalista y de ésta a la totalitaria.

A lo que apunta Cofrancesco no es tanto a la recopilación de un repertorio de opiniones, que son en su mayoría interesadas, pasionales, marcadas ideológicamente, de personas o grupos que se declaran de derecha o de izquierda, como a la elaboración de una distinción “crítica” de los dos conceptos, entendiendo por crítica un análisis valorativo o puramente descriptivo, capaz de renunciar o cargar los términos en cuestión de significados de valor que se excluyen mutuamente, y que tenga bien presente que derecha e izquierda no son conceptos absolutos, sino históricamente relativos, o sea, “sólo dos maneras posibles de catalogar los distintos ideales políticos”, y por lo tanto “ni los únicos, ni siempre los más relevantes”.

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El uso crítico de los dos conceptos es posible, siempre según Cofrancesco, sólo si se renuncia a concebirlos como indicadores de totalidades históricas concretas, y se los interpreta como actitudes de fondo, como intenciones según la definición de Karl Mannheim. En otras palabras, se pueden explicar ciertas confusiones, o superposiciones, que inducen a considerar que la distinción sea originariamente inexacta, o resulte inútil en un determinado contexto histórico, donde hombres de derecha y de izquierda se encuentran en el mismo campo de batalla, sólo si los dos términos se utilizan en sentido débil para designar una actitud política, y en cambio no se interpretan como la expresión de una vocación que permanece constante más allá de los sistemas de gobierno adoptados a partir de una “mentalidad”.

Desde el punto de vista señalado, el hombre de “derecha” sería el que se preocupa, ante todo, de salvaguardar la tradición, y el hombre de “izquierda” en cambio, sería el que entiende, por encima de cualquier cosa, liberar a sus semejantes de las cadenas que les han sido impuestas por los privilegios de raza, casta, clase, etc. “Tradición” y “emancipación” pueden ser interpretadas también como metas últimas o fundamentales, y como tales irrenunciables, tanto por una parte como por la otra, y se pueden alcanzar con distintos medios según los tiempos y las situaciones. Ya que los mismos medios pueden ser adoptados unas veces por la izquierda y otras por la derecha, resultaría consecuentemente que derecha e izquierda pueden encontrarse y hasta emularse en relación con los medios según el contexto histórico de que se trate. (Continuará… )





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