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Editorial & Opinion

Debatir, debatir, debatir

Bessy Ríos / Abogada, activista digital

miércoles 13, diciembre 2017 - 12:00 am

Los publicistas saben que logran mover las pasiones del electorado con comerciales emotivos o chistositos, saben que una canción pegadita la gente la escucha una vez y la anda “rumeando” todo el día.

Además, corresponde pintar las canas al candidato, y si no se pintan por completo, hay que ponerlas estratégicamente en la cabellera para dar un aire de interesante, no faltan las idas al spa para medianamente plancharle las arrugas, “botox”, depilación en cera para la barba y bigote, porque el candidato se ve muy “verde” cada dos días que le comienza a salir los pelos en esa zona.

También, están los que ensayan las entrevista, de qué lado ponerse, hacia dónde volver a ver –el mejor ángulo-, sonrisa, frase, guiño, mirada, cómo sentarse, no molestarse, controlarse, respirar profundo “oouuuummhh”, hacer los gestos ensayados lo más natural posible, por supuesto buscar meter el eslogan de la campaña de manera sutil y controlar la entrevista, dominarla, imponerse y no permitir preguntas incómodas, esas meras de contenido, propuestas y presupuestos ¿De dónde sale la plata? ¿Por qué lleva a ese asesor? ¿Qué opina de los casos de corrupción de su partido? … Bueno sabemos que esas preguntas casi nunca se hacen, porque los entrevistadores saben que si el candidato se siente incómodo no volverá a llegar y seguramente los demás tomen nota.Hay lujos que no podemos darnos, no sea los financistas retiren la publicidad para el programa.

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Está claro que no es en los programas de opinión, menos en los spots de campaña, donde los votantes logren tomar la mejor decisión en cuanto a por cuál candidato votar, esto lo digo para las votaciones generales y para las internas de cada partido político.

En las internas lo que se generan son alianzas y nada que ver lo de la idoneidad, usted platica con los liderazgos de las bases, hace promesas y consigue sus votos. Nadie evalúa su capacidad o la otra opción es que usted sea el candidato de la cúpula y, obvio, nadie se pelea con los meros del partido, porque por más que hablen hasta por los codos, los partidos políticos no son otra cosa que estructuras verticales, de obediencia y disciplina, se hace caso sin cuestionar; si quiere cuestionar, vaya y forme su partido –frase con la que callan a todo disidente- … francamente eso a mí no me suena a la dichosa “democracia interna”.


En el caso de las generales, hemos avanzado un poco, pues ya se comienzan a dar casi de manera natural los debates. Es importante seguir motivando esos espacios, en la academia y con los medios de comunicación. Unos tres debates bien hechos con temas específicos, con tiempos y con un moderador, que modere de verdad, sería suficiente para saber si el candidato solo se aprendió un discurso, solo sabe unas cuantas frases, si maneja su plan de trabajo, si otro se lo hizo y ni lo conoce… si solo es un producto publicitario vendido como estadista o si de plano tiene ese porte.

Por eso es importante la cultura del debate, pero este debe moverse para las internas de los partidos políticos, no es saludable para la democracia que se sigan haciendo los pactos y alianzas que se negocian para conseguir los votos, a través de esas negociaciones se permite que llegue el de los números y no el idóneo.

Desde los diferentes sectores de la sociedad debemos unirnos y pedir los debates en las internas, que las bases de los partidos puedan verlos, que los que estamos fuera de ellos también podamos ir observando las propuestas y los manejos, ese tipo de actividades son las que nos deberían influenciar para decidir por uno u otro candidato.

Pongamos ojo a los candidatos que consideran que debatir es una pérdida de tiempo, que se quieren imponer en las internas, que dicen “la ventaja” les permite no debatir con el del partido contrario… mucho cuidado ese que se hace el ganador y que dice que el debate lo pide solo el que está en desventaja, es un vendedor de espejos, alguien que no conoce su plan de trabajo y que solo es un producto publicitario, que sabe que el día que le toque debatir no podrá sostener su posición. Cuidado con esos candidatos “democráticos”, esos son dictadores asolapados.




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