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Editorial & Opinion

Decepcionante campaña electoral

Federico Hernández Aguilar / Escritor

miércoles 12, diciembre 2018 - 12:00 am

Creo que sin darnos cuenta, los salvadoreños estamos viviendo la peor campaña presidencial de nuestra historia. Jamás tanta medianía y suciedad se había acumulado en el ambiente político en sustitución de verdaderos liderazgos y propuestas serias. La gran “anécdota” del actual proceso electoral no pasa de ser la riesgosa apuesta de alguien que pretende ser la alternativa de ARENA y FMLN mientras exhibe lo más despreciable de ambos partidos. Es duro tener que decirlo a menos de ocho semanas para los comicios, pero si algo hemos de sacar en limpio de la presente coyuntura es que la política nacional necesita a gritos de una cirugía mayor.

¿Por qué hemos llegado a niveles tan bajos? ¿Por qué nos ha tocado sufrir una campaña inodora, incolora e insípida, cuyo letargo ha sido roto no por mensajes creativos, plataformas brillantes o profundos intercambios de ideas, sino por descalificaciones vulgares, operaciones de desprestigio masivo y hasta irresponsables asedios a la institucionalidad electoral? ¿Por qué en lugar de dos partidos fuertes, consolidados por sus respectivas trayectorias y estrategias proselitistas, tenemos en cambio a una ARENA y un FMLN desgastados hasta la médula? ¿Por qué nuestra sociedad ha sido incapaz de generar terceras vías razonables, decentes y bien articuladas, conformándose únicamente con la aparición de “anomalías” del tipo Tony Saca o Nayib Bukele?

Como ya he explicado en otros espacios de opinión, solo ARENA tiene, en este momento en que escribo, la posibilidad real de ganar en primera vuelta el próximo 3 de febrero. Ni GANA ni el FMLN pueden con seriedad aspirar a eso: el primero porque está lejos del millón de votos que se necesita para lograrlo y el segundo porque ya le es materialmente imposible recuperar los números que le llevaron a sus mejores desempeños electorales.

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La territorialidad del Frente, sin embargo, juega todavía un papel importante. La campaña de Hugo Martínez tendría que enfocarse en paliar esa montaña de desencanto edificada por dos administraciones desastrosas, olvidándose conscientemente del voto nuevo. No porque a la persona del candidato le cueste atraer nuevos votantes, sino porque a estas alturas, con un partido que lo hala hacia abajo, cualquier dispersión es un lujo.

Pero que ARENA sea el único contendiente con opciones reales de ganar en primera vuelta no significa que vaya a hacerlo. De hecho, si me preguntan a mí, lleva varios meses rehusándose a afianzar sus ventajas naturales, si es que alguna vez logró identificarlas. Por eso, no obstante contar con la estructura y con la teórica motivación que le habrían dado un triunfo tempranero y holgado, ARENA está hoy al borde de un ataque de nervios, comiéndose hasta la cutícula de las uñas. Ninguno de sus adversarios ha sido artífice de esta incertidumbre: la principal fuerza opositora del país ha socavado, en virtud de sus propias decisiones, una victoria que tendría que haber asegurado desde hace tiempo.


La pregunta sigue en el aire. ¿Por qué tanta mediocridad en nuestro sistema de partidos políticos? Una respuesta honrada hemos de buscarla más allá de esas instituciones que dicen representarnos a nosotros, los ciudadanos, porque es evidente que ellas son el síntoma y no la causa. Tendríamos que cuestionarnos cuán exigentes hemos sido y hasta dónde hemos estado dispuestos a ejercer esa indelegable tarea cívica de pedir cuentas a nuestros gobernantes.

Mayor conciencia ciudadana es el único camino fiable para producir mejores funcionarios y verdaderos liderazgos políticos. Después de esta menesterosa experiencia electoral deberíamos tenerlo, ojalá, mucho más claro.




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