Editorial & Opinion

Deficiente servicio en salud

Armando Rivera Bolaños / Abogado y notario

martes 28, enero 2020 - 12:00 am

El Art. 1 de nuestra Constitución, después de sus dos primeros incisos en los cuales se reconoce, primero, a la persona humana como “el origen y el fin de la actividad del Estado” y, posteriormente, reconoce como persona humana “a todo ser humano desde el instante de la concepción”, cierra su tercer inciso con esta conclusión fundamental: “En consecuencia, es obligación del Estado asegurar a los habitantes de la República, el goce de la libertad, la salud, la cultura, el bienestar económico y la justicia social”. Y cuando el silogismo constitucional habla de “los habitantes de la República”, comprende a todos los seres humanos que se encuentren dentro de los límites territoriales de El Salvador, sean nacionales o extranjeros. Un concepto universal muy interesante y que denota un avance en la composición protectora del Estado en términos poblacionales.

Con este primer artículo, nuestra Carta Magna establece, con meridiana claridad, los auténticos fines del Estado salvadoreño que cada administrador temporal, los ministros y todo funcionario o empleado en general, están obligados a darles estricto y fiel cumplimiento. Y una de estas obligaciones se relaciona con la salud de los habitantes. Dicho aspecto comprende tanto la salud curativa como la salud preventiva, mismas que, a su vez, se subdividen en las especialidades del campo médico, desde el profesional que dice ejercer la medicina general, hasta el especialista en una determinada área corporal u orgánica, sin dejar por fuera esa área tan especial de la llamada salud mental, que al parecer aún se encuentra en pañales en el sistema de atención sanitaria del país. La salud preventiva se relaciona con crear laboratorios no solamente como centros donde se elaboren vacunas, sino como auténticos centros de investigación científica de las enfermedades más peligrosas que atacan a los salvadoreños, en los cuales no ha existido una decidida ayuda, ni siquiera en las universidades donde funcionan escuelas de medicina.

Carecemos de auténticos sitios de investigación y de médicos dedicados a esa rama esencial de la salud. En el gobierno anterior se creó un departamento de control de medicamentos, del cual ya poco sabemos cómo sigue actuando y que, en determinados casos, detectó anomalías en la preparación de algunas medicinas, por contener factores que en lugar de curar, acabarían por agravar el cuadro clínico de los pacientes que los ingirieran. Ignoramos si hay alguna entidad que vele estrictamente por la ética profesional en el desempeño de médicos, practicantes, etc. que conforman el personal hospitalario básico, tanto a nivel oficial como privado.

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Claro que hay juntas de vigilancia de la profesión, incluso los psicólogos tenemos una, pero tal pareciera que no “tienen dientes” para imponer sanciones fuertes a los infractores, que hoy dejaron de tener “los paraguas encubridores del pasado”, con el desarrollo informático de la actualidad, tal como hemos visto con ese increíble caso denunciado por la familia de la doctora Ana Patricia Mina Miranda, médica del Seguro Social (ISSS) que a pesar de presentar síntomas inequívocos de una enfermedad ocasionada en el sistema renal, no fue atendida como era debido, por estarse celebrando una “fiesta sindical” y falleció en medio de sus mismos colegas irresponsables. De hecho, y lo digo ahora, el ISSS en lo personal me ha dado fuertes desazones frustrantes en el tratamiento médico de mi esposa y como la doctora fallecida, habremos miles de pacientes inconformes por la atención pésima que a veces nos proporciona esa entidad, a la que estoy afiliado desde hace seis décadas. ¿Y que podrá estar sucediendo en los nosocomios lejanos a la capital? ¿Qué hacen los jefes de unidad médica-quirúrgica y farmacias? ¿Qué criterios de selección tienen para emplear practicantes o médicos graduados? ¿Cómo escogen las universidades a los estudiantes que desean estudiar medicina, psicología, farmacia o enfermería?

Estamos, de nuevo, ante el peligro de una pandemia originada en China Continental. Tenemos pocos datos de su virulencia, morbilidad y mortalidad, pero lo preocupante es que tenemos un sistema de salud deficiente.





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