Cerrar [X]

Editorial & Opinion

Desafíos de la juventud

Jaime Ramírez Ortega / Consultor legal y de negocios

jueves 15, noviembre 2018 - 12:00 am

Para nadie es desconocida la falta de oportunidades que viven los jóvenes en El Salvador, aunado ello, esta mala calidad educativa, la poca inversión en la juventud, la brecha de la desigualdad, la corrupción y la inseguridad, producto de ello, surge el descontento social, la rebeldía, la proliferación de las pandillas, el crimen, el narco menudeo y por último la migración, es decir, que los jóvenes enfrentan una gran cantidad de desafíos, que no les permite avanzar en los sueños, porque el mismo sistema se encarga de ahogar cualquier destello de luz que produce cada joven con un nuevo talento.

De manera que una gran parte de la juventud salvadoreña está siendo orillada a delinquir, o a convertirse en el nuevo cabecilla pandilleril, dado que el Estado y la sociedad misma les han negado la oportunidad de aspirar a mejores niveles de vida por la vía licita, de tal suerte que el primer desafío que tiene el joven de barrio es aprender a vivir en una zona donde predomina la ley del más fuerte, debe someterse a las reglas de las pandillas si bien le va, de lo contrario desde pequeño lo obligan a delinquir y a convertirse en uno de ellos, pero si se niega, lo asesinan a él y a toda su familia.

Por otra parte, estos jóvenes, son perseguidos por algunos malos miembros de la Policía Nacional Civil que, por el hecho de ser pobres, y de barrio, son etiquetados automáticamente como pandilleros, cuando muchos de estos jóvenes con esfuerzo salen a estudiar o ganarse honradamente el pan de cada día, pero lamentablemente estos malos elementos policiales los fustigan, los golpean y les siembran falsas pruebas; en otras palabras, están asesinando al futuro de El Salvador y están ahogando quizás al mejor escritor o matemático salvadoreño.

publicidad

Algo se tiene que hacer para detener esta espiral de violencia que no tiene fin, y que cada día va en aumento en la que miles de jóvenes siguen muriendo, está claro que los modelos represivos de seguridad establecidos por los gobiernos en los últimos 30 años han fracasado, por lo que tenemos que reiniciar y enfocarnos en los factores que inciden para la proliferación de las pandillas y el crimen organizado se debe comenzar a pensar fuera de la caja y entender que su abordaje debe estar centrada en la causa raíz, y no en el efecto que éste produce.

En otras palabras, el problema de la delincuencia juvenil radica en el mal sistema educativo y la ausencia de los padres de familia en la educación de los hijos, de modo que, al combatir a la delincuencia con represión, lo único que se adquiere es que estos grupos muten en otras formas de delinquir, además de fortalecer su estructura delincuencial, entonces debemos ver con amplitud el panorama, y crear una política criminal de Estado enfocada en la prevención, y con énfasis en  crear un modelo educativo que responda a las nuevas tendencias educativas que premien el talento y la creatividad.


Ya que debemos de reconocer que El Salvador no tiene recursos naturales como los tienen Venezuela, Argentina o Brasil; por ello, con mayor razón, debemos invertir en el único recurso que tenemos como es el capital humano, tal como lo hicieron, Singapur y Finlandia, en los años 60, y producto de esa inversión en educación, hoy tienen una renta per cápita similar a la de Francia o Italia, y con el mejor modelo educativo,  o sea, que debemos presionar a los candidatos presidenciales para que se comprometan a aumentar el presupuesto en educación hasta llevarlo al 6% del PIB, el cual podría distribuirse en la capacitación y tecnificación de los docentes en nuevas tecnologías educativas, y prepararlos para que se conviertan en agentes de cambio dentro del aula, de modo que aprendan a descubrir necesidades y talentos; por otra parte, se deben construir escuelas en aquellos lugares inhóspitos donde no hay, para que todos los salvadoreños tengan acceso a educación de calidad; así mismo, se debe invertir en crear talleres vocacionales en las escuelas, para mantener la mente de los niños ocupada, y lo esencial es enseñarles valores bíblicos, siendo éstos los más altos estándares morales.

De modo que, si queremos ver una sociedad diferente en unos 20 años, tenemos que darle a los niños y niñas acceso al mejor nivel educativo, ya que negárselos es contribuir a la pobreza, la desigualdad, inseguridad, a la carencia de mano obra calificada, a la migración y lo que es peor: a que los jóvenes se sigan arrojando a los brazos del crimen y de las pandillas.




RECOMENDACIÓN DE LA REDACCIÓN



Opine y Comente

Diario El Mundo abre este espacio de opiniones para que se pueda debatir, construir ideas y fomentar la reflexión. Por eso, pedimos que se evite hacer uso de ataques ofensivos, que incluyan malas palabras, de lo contrario nos reservamos el derecho de publicación.

Recuerde que este es un medio que está para generar opinión constructiva.