Editorial & Opinion

Descuido crónico del recurso hídrico

Armando Rivera Bolaños / Abogado y Notario

viernes 24, enero 2020 - 12:00 am

En su libro narrativo “El Jetón”, en la parte correspondiente a “La Siguanaba”, Arturo Ambrogi acota unas líneas donde dice que aquella patética mujer de nuestras tradiciones, se aparecía con frecuencia “en las otrora límpidas corrientes del río Tomayate”, lavando sus voluminosas glándulas mamarias, mientras reía a carcajadas. Asimismo, leíamos en bachillerato un libro de historia patria, donde se narraba que nuestra capital salvadoreña fue fundada originalmente a orillas de un limpio y fresco río, allá por donde después se construyera el barrio La Vega que muchos consideraban se referían al hoy contaminado río Acelhuate. Incluso, recuerdo que cuando llegué preadolescente de la zona oriental a vivir en Soyapango, era costumbre irnos a bañar a un río caudaloso, conocido por Aguacaliente y que hoy prácticamente ha desaparecido. Esa fuente hídrica ya comenzaba a ser contaminada por una planta de energía eléctrica, que allí funcionaba a base de petróleo.

En mi época de niñez, el servicio de agua que llegaba a los hogares era por medio de las llamadas “pajas de agua”, que se adquirían y pagaban mensualmente en las alcaldías que contaban con tal servicio, mismas que, a su vez, eran controladas por el “Departamento de Obras Hidráulicas”, que funcionaba en una pequeña oficina instalada en el Ministerio de Obras Públicas, poco antes de llegar al barrio San Jacinto, que a su vez estaba encargado de mantener y ampliar el servicio de agua potable a petición de las municipalidades. Los encargados de limpiar tuberías y arreglar los chorros de las casas que contaban con “paja de agua”, eran obreros en fontanería, quienes utilizaban herramientas sencillas para desempeñar sus labores. Posteriormente, y por iniciativa de unos ingenieros, el Directorio Cívico Militar que gobernaba el país, dio nacimiento a la entidad que hasta hoy conocemos como “Administración Nacional de Acueductos y Alcantarillados” o Anda.

Sin embargo, fue hasta el año siguiente que Anda nació a sus actividades oficiales cuando se eligió a la primera Junta de Gobierno que estuvo integrada por los recordados ingenieros José Alfonso Valdivieso, Atilio García Prieto, Francisco Ricardo Santana, Rafael Justiano Rivera y León Enrique Cuéllar, quienes echaron a caminar la nueva entidad rectora del servicio hídrico a nivel nacional; pero aquí también se observan dos aspectos esenciales que ahora podrían explicar la actual crisis hídrica que ha abatido con inusitada fuerza al área metropolitana del gran San Salvador, afectando a más de un millón 200 mil personas y que, al parecer, comienza a dar asomos de solución favorable, tal como lo anunció por cadena radial y televisiva el presidente Nayib Bukele.

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En efecto, en cuanto a regulación administrativa, dotación de servicio a centenares de hogares, mejoramiento e instalación de tuberías, ampliaciones técnicas, purificación de las fuentes naturales, potabilización del líquido, etc. ha sido Anda la entidad que ha llevado esa responsabilidad en estos 58 años de vida institucional. Pero dejamos descuidado el aspecto de la educación medioambiental, de velar cada ciudadano por la purificación del agua, especialmente en la conservación y pureza de las fuentes naturales.

Últimamente hemos visto en reportajes diversos, que ríos caudalosos como el Grande de San Miguel, el Lempa, el Torola y muchísimos más, se ven inundados de gigantescos promontorios de basuras, desechos orgánicos diversos y, sobre todo, de cantidades asombrosas de productos plásticos. Aquí deben entrar en activo y esforzado juego las alcaldías municipales, las autoridades escolares y los funcionarios de salud. Y, de hecho, todo el gabinete ejecutivo.


Hay un evidente descuido ecológico y lo hemos venido escribiendo con vehemencia, previendo el futuro de este país que crece aceleradamente en su nivel demográfico. Y junto al crecimiento poblacional, crecen las demás necesidades que la Constitución señala como vitales para la nación: educación, agua potable, carreteras, clínicas, reforestación, trabajo, etc. De nuevo debemos conjugar las labores edilicias con el aspecto hídrico y, como un complemento fundamental, que las alcaldías del país, trabajen con centros escolares y unidades de salud, para evitar basureros en ríos y reforestar el territorio nacional.




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