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Detective Pikachu: rompiendo la maldición de los juegos de vídeo

Atilio Flores

sábado 1, junio 2019 - 12:00 am

Como dulce nostalgia llega “Detective Pikachu” a las pantallas de cine; sin embargo, ¿logrará hacerle justicia a la franquicia de estos peculiares animalillos llamados Pokémons?

Dentro de la cultura popular de los años 90’s, sin duda, resaltan estos exóticos animales que conviven con los seres humanos en un mundo donde entrenarles para realizar batallas es el ideal de cada niño y niña. Bajo esa premisa la historia se aleja de lo tradicional que marcaba la serie y el videojuego de esa época y le apuesta a una adaptación del mundo Pokémon desde la perspectiva del juego de “Detective Pikachu” de 2016.

La historia parte de como Tim Goodman (Justice Smith) un exentrenador Pokémon, tiene que ir a Ryme City para descubrir qué es lo que le ha ocurrido a su padre, el destacado entrenador Pokémon y detective Harry Goodman. Es ahí donde encontrará y entablará amistad con el Detective Pikachu (Ryan Reynolds), el antiguo compañero pokémon de Harry.

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Lo curioso de la trama es que este Pikachu, aparte de ser un detective, es capaz de hablarle a Tim y éste de entenderle, por lo que se verá en la necesidad de unir fuerzas para descubrir el misterio que está detrás de la desaparición del padre del muchacho.

La dinámica en torno a la comedia dentro del filme se consigue por la personalidad de Pikachu, y esto es bien logrado gracias a la empatía de sus diálogos aunado a las ocurrencias desmedidas que van surgiendo. La elección de ser interpretado por el comediante Ryan Reynolds, le hace funcionar con su humor entre inocente y sarcástico, aunque no llegando a ser ácido, como lo ha sido en Deadpool.


Hasta este punto, es de agradecer que la historia se desvincule en cierta medida a la que tradicionalmente marca la serie, permitiendo tomar una forma más propia y evitar que genere un cliché en torno a estereotipar la semejanza de los protagonistas de la película con los referidos en la versión animada. Lo que ha evitado que los fanáticos rechacen la película de entrada, tal como fue el caso de Dragón Ball Z, o la opción de cambiar el perfil que se tuvo de Betty Mármol en Los Picapiedras en 1994, de ser escultural a tener el físico característico de Rosie O’Donnell, y qué decir del catastrófico cast de la secuela.

Sin embargo, la historia, llegando casi al final de su segundo acto se torna bastante pretensiosa en lo que busca lograr, haciéndola confusa y con varios elementos surgidos de forma “Deus ex machina”, o es decir, aquello que surge convenientemente para desarrollar la historia, lo que en vez de abonar a la trama, la vuelve menos creíble, pese a contar con un buen diseño de producción. Esto hace que el final se vuelva bastante inconciso, lo que arroja por el triturador todo lo encantador y bonito que logra conquistar en la primera mitad, incluyendo la participación forzada de Ryan Reynolds al cierre.

Algo que se complementa muy bien con el diseño de producción son los brochazos que le dan al estilo del ciber punk que tiene la ciudad, con el uso de luces neón entre magenta y azul, mezclados con el característico cine negro y a los efectos visuales que tiene para recrear a los míticos pokémons. Es de aplaudir aquí el trabajo realizado por R.J. Palmer, quien fue el encargado del diseño casi realista de los pokémons, trayéndolos a la vida desde aquella versión en dos dimensiones que acentuó la serie y el juego de Gameboy.

Similarmente, hay ciertos personajes, como el de la periodista que busca ser detective al más estilo fantasioso y el del hijo del alcalde de Ryme City, que son  acartonados, sacados y clonados de la forma más descarada, que por su falta de personalidad no abonan nada a la película, más que ridiculizar momentos de seriedad que debe de tener.

Pese a esas fallas, Detective Pikachu no deja de ser entretenida de principio a fin, y en cierta medida logra romper el estigma que se tiene respecto a la “maldición” que sufren todas las películas de acción real que han pasado al cine tomando como base los juegos de vídeo, de ser un rotundo fracaso por la inconsistencia de sus guiones, tal como han sido claros ejemplos las adaptaciones de Súper Mario Bros, Mortal Kombat, Street Fighter, Assasin’s Creed, y otras de bajo presupuesto que hacen que se pierda el interés por verlas en el cine.




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