Opinión

DIÁLOGOS DE MEDIA NOCHE

Por Juan José Monsant Aristimuño/Exembajador venezolano en El Salvador

viernes 31, mayo 2019 - 3:36 pm

Por Juan José Monsant Aristimuño/Exembajador venezolano en El Salvador

Noruega es más que la percepción que se tiene de Noruega. Va más allá de un país amigablemente neutro, aunque fue invadido por los nazis, y amagado de serlo por los soviéticos. Pero creemos que los noruegos son especiales, y lo son. Han logrado convertirse en la tercera economía del mundo, creadora de ciencia y tecnología, exportador nato de petróleo y derivados, quizá el único país con garantía de seguridad social para cada uno de sus ciudadanos y habitantes, muy lejos de la degradación del sistema de salud estadounidense, que no lo tiene, por estar más cercano a una comercialización de bonos de una Bolsa de Valores, que en el hombre en toda su dimensión y fragilidad humana.
Célebre por su temperamento liberal ante la religión, el sexo, la política, defensora de los Derechos Humanos y la paz, ha logrado un estado de bienestar generalizado que, sustentado en la economía de mercado, es el país donde el salario de un obrero es el menos lejano al de cualquier empresario de cualquier paìs del mundo.

Con esta genérica presentación y nuestra simpatía a cuestas por tan afortunado país y nación escandinava, que nos hace creer que es posible la convivencia humana sin los destrozos del marxismo y del capitalismo desenfrenado es lógico concluir que, en situaciones de conflicto que pudieran acarrear guerra entre las naciones, se requieran los buenos oficios de Noruega para entender los orígenes, desarrollo y alternativas pacificas que pudieran considerarse, para evitar, de ser posible, la conflagración general.

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Seguramente, esta fue la base sobre la que se sustentó, lo que pudiera considerarse el último, pero de verdad el último intento de mediación, negociación, diálogo, buenos oficios entre la tiranía del crimen internacional organizado arraigado en Venezuela y la oposición venezolana, representada por la única institución legítima de lo que aún queda de un país: su actual Asamblea Nacional. Y de ella, por el Presidente encargado, por disposición constitucional, Juan Gerardo Guiadó, quien desde ese momento, dejó de ser representante del partido Voluntad Popular, para serlo del conjunto de los venezolanos.

Luego de una nueva jornada de heroísmo con sus respectivos muertos, torturados, malogrados, encarcelados, violentados, violados, la Asamblea Nacional anunció el desconocimiento de las elecciones presidenciales de mayo del 18, y eligió como presidente de la Asamblea Nacional al joven diputado Juan Gerardo Guaidó Márquez, quien de inmediato fue investido de conformidad con el artículo 233 de la Constitución Nacional, como Presidente encargado de Venezuela, ante la ausencia permanente del Presidente del Ejecutivo; quien luego de juramentar ante su pueblo en cabildo abierto el pasado 23 de enero, trazó la ruta inalterable para el rescate de la democracia: 1) Cese de la usurpación del poder, 2) Gobierno Transitorio, y 3) Elecciones libres, trasparentes y supervisadas.


Bastó su sencillez, juventud y determinación para convertirse, desde ese momento, en la voz y acción que conduciría la liberación de la tiranía mas compleja y siniestra que haya conocido el continente. Diálogo, solo para determinar el día que se van, dijo. Y le creímos, aceptamos y unimos. Venezuela parecía un nuevo 23 de enero sin colores ni facciones. La liberación, aún por medio de fuerzas nacionales y continentales; porque ya la tiranía no es venezolana, es cubana, iraní, siria, de los carteles de la droga, traficantes de bonos, armas, personas y minerales, terroristas de Hamas, Hezbolla, de las FARC y del ELN, mercaderes de China, Rusia y Turquía.

Por ello cuando trascendió la noticia que el gobierno y la oposición se encontrarían en Noruega para negociar, dialogar, concertar o tomar un vino tinto caliente con canela, un baño de agua helada, cayó sobre nosotros, sobre los países amigos, sobre Almagro, sobre Estados Unidos. Cuando se supo que quienes abogaban por un gobierno compartido, representaban a la oposición, muchos lloramos, incluso los muertos, desde los neonatos hasta los ancianos desde aquella joven transportada en una moto, hasta el joven que murió en los brazos de su amigo guerrero, y quienes ya no verán su patria libre.

Guaidó, a pesar del madrugonazo noruego, conserva parte de la fe de su pueblo, pero le recuerda que el Presidente es él. Se negocia entre iguales, no con tu exterminador.




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