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Editorial & Opinion

Dios, Unión, Libertad

Jaime Ramírez Ortega / Consultor legal y de negocios

jueves 7, febrero 2019 - 12:00 am

Se terminó la campaña y las elecciones, y se espera descansar del ambiente tóxico, de odio y división que imperó durante todo ese tiempo, pero lo más positivo es que no habrá una segunda vuelta, lo que supone un ahorro sustancial, para las precarias condiciones económicas que vive el país. Ahora bien, los salvadoreños tenemos que pasar la página y ver hacia adelante, dado que no podemos continuar anclados al pasado, para coser los tejidos sociales debilitados; se tienen que poner las esperanzas en el Señor Jesucristo, y ver hacia el futuro, y levantarnos como nación para proclamar Dios, Unión y Libertad.

Es evidente que el soberano se cansó y se hartó de los despilfarros, las promesas inconclusas, la corrupción, el nepotismo, la malversación de fondos públicos, el amiguismo, los contratos chuecos, y de la vida de lujos de algunos funcionarios públicos; todo ello ha estado a disposición para la partidocracia, donde se han usufructuado de la cosa pública, pero con pocos resultados a favor de la población, ya que los hospitales siguen desvencijados y sin medicinas; las escuelas públicas, sin recursos; y la Policía Nacional Civil, con miles de carencias, entre algunas instituciones sufrientes. De modo que todos estos abusos de los partidos políticos que hoy están en el espectro, sin excepción, fueron el caldo de cultivo para que el pueblo eligiera a un presidente con una trayectoria política polémica, ya que para unos ciudadanos no manejó bien los recursos públicos de los municipios de Nuevo Cuscatlán y San Salvador; para otros ciudadanos es un héroe impoluto e intachable que no será capaz de robar. Como quiera que sea, Nayib Bukele es el nuevo presidente de El Salvador, por mayoría calificada en primera vuelta.

En ese orden de ideas, felicito a Nayib Bukele por haberse convertido en el séptimo presidente después de los Acuerdos de Paz; aunque por razones de convicción personal nunca coincidí con su plataforma política, pero debo reconocer que supo conectar con la población sobre la urgencia de un cambio generacional de políticos que se han resistido a dejar el poder. Pero el haber ganado la presidencia no representa un cheque en blanco, donde podrá hacer y deshacer con los recursos públicos; al contrario, está más que obligado a marcar la diferencia y no defraudar la confianza de las personas que votaron por él.

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De paso tiene la oportunidad de convencer aquella parte de la población que no voto por él, pero que tiene el escepticismo de no confiar con facilidad, si no hay evidencias mínimas de honestidad, dado los dos últimos gobiernos del FMLN que prometieron el cambio, pero al final solo fueron más de lo mismo; entonces, con esta nueva realidad política que se escribió recientemente, obliga a todos los partidos políticos tradicionales a renovarse y hacer un verdadero relevo generacional, con rostros nuevos y frescos, es decir, con nuevas personas que sean capaces y que comprendan la realidad política actual.

Ante este escenario, tanto el FMLN como ARENA, que son los dos partidos que se han alternado el poder en los últimos 30 años, lo primero que deben hacer es reconocer con humildad que se equivocaron al buscar únicamente sus intereses y se alejaron del verdadero propósito de servir a la población; en consecuencia, deponer sus cargos sería lo mínimo que tienen que hacer para salvar lo poco que queda del FMLN, y de lo desquebrajado que ha quedado ARENA. De modo que Nayib Bukele ganó, no por la calidad de sus propuestas, ni por el despliegue de Nuevas Ideas, sino por la terquedad de las cúpulas de perpetuarse en el poder.


Que esta historia sirva al virtual presidente para no cometer en el ejercicio del poder los mismos errores que cometieron sus antecesores. Recordemos que Mauricio Funes dijo que en su gabinete iba a hacer de meritocracia y que gobernaría con la Biblia y la Constitución; al final,   todos sabemos que nada de eso ocurrió, por lo tanto Nayib Bukele debe saber que los ojos de la población están sobre su persona, lo primero que debe hacer buscar unir a los salvadoreños y darle cumplimiento a cada una de las promesas de campaña.

Y cualquier funcionario que elija, lo debe hacer por méritos y capacidades, dado que para nadie es desconocido que algunas personas que lo rodean, tienen una trayectoria política bien cuestionada, y desde ahí se verá si va formar un gabinete diferente o será más de lo mismo, porque si al FMLN y ARENA, no se le perdono nada en las urnas, tampoco él será la excepción para las próximas votaciones.




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