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Editorial & Opinion

¿Dónde están los hombres en las propuestas electorales?

Ana Cevallos / Economista investigadora ICEFI @cevallob

jueves 20, diciembre 2018 - 12:00 am

En El Salvador se necesita hablar de paridad en un sentido amplio. En términos simples significa un reparto 50/50 del trabajo remunerado y no remunerado, de tal forma que las personas se inserten en ambos de manera indistinta a su sexo biológico y especialmente en igualdad de condiciones como sujetas de derechos.

Esto contiene varias implicaciones socioeconómicas y políticas. La principal, superar la idea de que el feminismo (los feminismos) y la igualdad de género son asuntos exclusivamente de las mujeres. Derivada de esta, superar la falsa dicotomía hombre/mujer. Finalmente, incorporar a los hombres al ámbito reproductivo (cuidado y servicios domésticos) y a las mujeres al ámbito productivo (mercado laboral formal y política).

Así planteado cuando de igualdad y, concretamente, cuando de paridad se trata, ¿por qué no escuchamos hablar de paridad en los cuidados? ¿Por qué en los discursos políticos actuales solo escuchamos hablar de las mujeres? Estas fueron las preguntas que me formularon recientemente en un taller, cuya respuesta y reacciones motivan la presente columna. Además de que resulta propicio abordarlo en el marco de la actual contienda electoral.

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Considero que el aparente olvido de la paridad en los cuidados trasciende de factores de índole cultural que conciben el rol cuidador como «antinatural» para los hombres y «natural» para las mujeres, sobre todo cuando se trata de paternidad y maternidad. En realidad, considero que se evita hablar de ello debido a que trastoca la principal estructura de poder que sustenta el sistema económico actual: la división sexual del trabajo.

Así planteado, no se trata de un inocente olvido sino que de un esfuerzo por mantener el status quo dado que el sistema actual se vale de la desigualdad de género para perpetuarse. El hecho que el bienestar de las personas sea asumido por las familias (y predominantemente por las mujeres) permite que el Estado se desatienda de cumplir sus obligaciones. Además, facilita que el mercado disponga de la fuerza de trabajo que necesita a un menor costo, pues el reconocimiento de los mismos derechos en materia reproductiva y de cuidados, permisos de paternidad por ejemplo, implicaría (de forma explícita, implícita o simbólica) que tanto hombres como mujeres, como factor productivo, representaran un mismo costo.


No ocurre así dada la desigualdad de derechos en los cuidados, por tanto las mujeres aunque tengamos las mismas capacidades que los hombres no logramos incorporamos de igual manera en los ámbitos donde los hombres tienen predominio.

De esta manera vemos un mercado laboral masculinizado, que además se refuerza con la falsa asociación de que los asuntos de carácter público solo competen a ellos, con lo cual también predominan en el mundo político. Lo contrario ocurre con las mujeres que prevalecen en el ámbito doméstico y que se enfrentan a importantes barreras para acceder a los espacios considerados masculinos.

Es por ello que la paridad en los cuidados constituye una condición necesaria para alcanzar la igualdad real, pues mientras los hombres sigan excluidos de los cuidados, ya sea por norma cultural o por el marco legal vigente, las mujeres continuaremos excluidas de los ámbitos públicos (mercado laboral y política). Por tanto, pese a los esfuerzos a favor de la igualdad de oportunidades las brechas de género en el ámbito productivo persistirán, pues las mujeres no lograremos romper el techo de cristal que nos impide aprovechar nuestro capital productivo.

De esta forma, los esfuerzos por la igualdad probablemente se reducirán a buenas intenciones y lo que es peor, a un discurso. Esto ya ocurre en la actual campaña electoral donde vemos propuestas pro mujeres, pero no se dice nada sobre los hombres y tampoco se discuten los temas que afectan directamente a las mujeres más pobres (el aborto, por ejemplo). En consecuencia, no permitamos que la lucha por la igualdad se instrumentalice. Exijamos paridad en un sentido amplio a fin de erradicar las causas de la desigualdad. En este sentido, exijamos a los candidatos y candidatas incorporar en su agenda acciones que permitan la democratización de las familias, dado que de esto depende la democracia real. Esto implica, exigirles una política fiscal que nos permita alcanzar una sociedad de personas sustentadoras-cuidadoras en igualdad, la cual, como condición necesaria, demanda de la paridad en los cuidados y, como condición suficiente, de la paridad en el resto de derechos económicos, sociales, culturales y políticos.




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