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Editorial & Opinion

Educación, factor de reducción de la delincuencia

Roberto Cañas López / Académico, firmante de los Acuerdos de Paz

miércoles 17, abril 2019 - 12:00 am

Es perturbador enterarse que un niño de dos años murió tras una brutal paliza de su padrastro pandillero. Se encoge el corazón cuando se conoce que agentes de la Policía Nacional Civil de Sonsonate, reportaron el hallazgo de los cadáveres de un hombre y una mujer ultimados a balazos y junto al cadáver de la mujer se encontró una niña de dos años de edad, que resultó ilesa al ataque armado. No hay palabras para expresar el desasosiego que genera saber que dos jóvenes estudiantes del ITCA fueron asesinados al extraviarse en Mejicanos por buscar una ruta alterna para llegar a sus casas. Miles de niñas, mujeres y jóvenes se encuentran desprotegidos en nuestro país y son víctimas de la violencia y la delincuencia. El alma nacional está enferma y no estamos haciendo lo suficiente.

La educación tiene como función principal transformar vidas y trabajar de manera consistente en construir la paz social y erradicar la pobreza. La educación es un importante catalizador del desarrollo humano. La escuela juega un rol de primer orden para prevenir y erradicar la violencia y delincuencia.

En los Centros Escolares se puede contribuir de manera efectiva a la disminución de la criminalidad, al mantener a la juventud fuera de la calle y ocupada durante el día; la asistencia escolar tiene efectos sobre la participación de los jóvenes en actividades delincuenciales. La escuela contribuye de manera efectiva a la eliminación de situaciones que incrementan las probabilidades de que los jóvenes desarrollen conductas violentas o delictivas de lunes a viernes con los estudiantes regulares y los fines de semana debe ser Escuela Abierta a toda la comunidad.

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La literatura internacional que analiza cómo influye la educación en el desarrollo de conductas delictivas y comportamientos de riesgo por parte de jóvenes ha identificado que la escuela es un espacio principal de socialización y construcción de identidad.

Educar para la vida significa desarrollar en los alumnos capacidades para entenderse. La tarea fundamental de la escuela es educar para la ciudadanía. Los estudiantes deben aprender que tienen deberes cívicos ante las demás personas y organizaciones de la sociedad y que esos deberes solo se pueden entender bajo la lógica de un enfoque de derechos, donde los deberes no son más que la otra cara de la moneda.


La escuela debe propiciar en los alumnos una formación que les permita conocer las normas que constituyen el marco legal en el cual se desarrolla la vida en sociedad y lograr que esos conocimientos aprendidos se conviertan en hábitos de ciudadanía.

Aprender a convivir es uno de los pilares de la educación y uno de los retos más importantes de la educación en el próximo quinquenio.  Los jóvenes deben formarse para conocerse a sí mismos, para después poder relacionarse con los demás, y ser  ciudadanos tolerantes, empáticos, solidarios.

La deserción escolar coloca a los jóvenes en situación de vulnerabilidad a la criminalización y exclusión. 8,584 estudiantes desertaron de las aulas debido a la violencia desde 2017. El impacto de la deserción estudiantil en las actividades delincuenciales es grande.

Los factores de riesgo asociados a la deserción escolar son múltiples e involucran aspectos individuales, familiares, sociales y educativos, destacando: las problemáticas familiares, la violencia familiar, el nivel de ingresos, la pertenencia a grupos delictivos y la escolaridad de los padres y a todo esto se suman los desplazamientos forzosos que sufren actualmente las familias

“Los niños y adolescentes son las principales víctimas de la violencia en el país y el desplazamiento forzado interno les afecta directamente, no solo es un fenómeno de adultos. Hay familias que se están viendo obligadas a desplazarse internamente para huir y eso añade nuevas vulneraciones a los derechos de este sector de la población, no solo su integridad física sino que pierden sus estudios, el arraigo con su entorno, pierden amigos y se ven expuestos a más inseguridad y revictimización”.

La seguridad ciudadana es un bien público que tiene que ser construido de manera conjunta entre el gobierno y los actores sociales. Es necesario incentivar la participación ciudadana para impulsar acciones de prevención de la violencia y la delincuencia.

En los próximos cinco años es indispensable  promover acciones que favorezcan el buen desempeño y permanencia escolar para evitar la deserción. Ejecutar acciones de educación para la ciudadanía y Cultura de Paz para la prevención social de la violencia y la delincuencia. Fomentar actividades culturales y deportivas para desarrollar estilos de vida saludables y libres de violencia. El desafío que tienen los próximos titulares de educación es enorme.




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