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Editorial & Opinion

El agonizante socialismo chavista

Armando Rivera Bolaños / Abogado y Notario

sábado 1, diciembre 2018 - 12:00 am

Cuando el hoy extinto coronel Hugo Chávez, dictador de Venezuela, anunció hace varios años, con bombos y platillos, que comenzaba una nueva era para Hispanoamérica por medio de su proyecto ideológico denominado “Socialismo del Siglo XXI”, recuerdo cómo la izquierda continental reaccionó con entusiasmo inusitado a ese anuncio, volcando con mayor fuerza su aversión hacia los Estados Unidos de América al que ya casi consideraban un país en decadencia acelerada. Solo pensadores que conocen la ideología caduca de marxismo-leninismo que, en resumen era la base de ese trasnochado plan de expansión comunista, advirtieron que tal ideología  fracasó, casi desde sus inicios, en la misma Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), que a pesar de su gran extensión territorial, inmensa población y grandes recursos naturales, cada año fue perdiendo poder económico y sumiendo a sus pueblos en la desesperación y la pobreza, hasta el punto que uno de sus últimos gobernantes, completamente  convencido que solo la iniciativa privada es capaz de mover las ruedas del progreso, la estabilidad política y el bienestar social se decidió, con valentía, a realizar el cambio (perestroika) que los rusos anhelaban desde hacía siete décadas atrás, pero cuyas peticiones fueron siempre sofocadas con represiones sangrientas, exilios hacia Siberia o encarcelamientos perpetuos en condiciones tenebrosas, a juzgar por los relatos que salieron al conocimiento público, narrados por quienes los sufrieron en carne propia y lograron sobrevivir.

Como una consecuencia de este feliz acontecimiento, naciones europeas que también estaban sojuzgadas por el imperialismo ruso, viviendo en condiciones paupérrimas, readquirieron su independencia de nuevo y hoy son países de gran auge industrial y económico. El caso más emblemático fue el de Alemania, que después de la II Guerra Mundial quedó dividida entre las potencias vencedoras. Pero fue la parte correspondiente a Rusia, donde el pueblo alemán sufrió las peores condiciones, hasta el grado que separaron a Berlín por un infamante muro, desde cuyas torres, los soldados soviéticos disparaban a toda persona que intentaba cruzarlo hacia el Berlín de la libertad. También el muro cayó, como cayera el régimen oprobioso fundado en 1917 por Vladimir Illich Uliánov (Lenin), quien antes mandó a eliminar a sus oponentes políticos como León Trotsky y muchos más. Dijo que lucharía por los obreros y campesinos, pero cuando se hizo del poder toda la URSS sufrió miserias, explotaciones, juicios penales ilegales, torturas carcelarias, exilios masivos y ejecuciones genocidas. La economía rusa solo servía para el engrandecimiento palaciego de sus gobernantes y aduladores. Hoy, igual paisaje se dibuja en Cuba, Nicaragua, Venezuela y Bolivia, donde el hambre abunda y los alimentos escasean; donde la miseria y la degradación humana son evidentes. Los exilios se transformaron en caravanas migrantes.

Sin embargo, cuando Chávez anunció su trillado socialismo veintiunero, las condiciones sociopolíticas de América Latina permitían un augurio fatal favorable, pues en Ecuador gobernaba Correa; en Argentina, Cristina Kirchner; en Bolivia, Evo Morales (aún sigue); en Chile, Michelle Bachelet y en Brasil, el gigante respetable de Sudamérica, nada menos que Luiz Inácio Lula da Silva, mismos que admiraban a Chávez, como a las tiranías de Ortega en Nicaragua y Raúl Castro, en Cuba. Pero la historia del izquierdismo volvió a repetirse, como ayer en la URSS. Esos gobernantes, como lo hicieron Lenin, Stalin, etc. se dedicaron a destruir las fuentes laborales de la empresa privada; se apropiaron de ingentes sumas del erario público para sus amigos y colaboradores (la hija de Chávez en este momento será enjuiciada en “el imperio” por corrupción multimillonaria); florecieron contratos y dádivas fraudulentas; surgió el desempleo en cantidades inimaginables y la economía sucumbió en manos inexpertas y hambrientas de riquezas ajenas. En el contexto actual, la dictadura de Nicolás Maduro (herencia de Chávez), está próxima a ser desconocida por 40 importantes naciones europeas y de otras partes del mundo; en Bolivia, persiste un enconado encuentro entre Evo y el pueblo boliviano que lo rechaza abiertamente; la dictadura orteguista de Nicaragua se hunde en el descrédito; Cuba, sigue anhelante su ideal libertario y en Brasil, la derecha obtuvo éxito electoral, mismo que augura el fin del Foro de Sao Paulo. Y el presidente electo de México, el izquierdista López Obrador, ya afronta problemas…

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