Editorial & Opinion

El asesinato de Quassem Suleimani

Carlos Manuel Echeverría Esquivel / Exembajador costarricense en El Salvador

martes 7, enero 2020 - 12:00 am

Como Director General de Política Exterior de Costa Rica que fui, aprendí que cuando sucede un evento como el que registra el título de esta limitada opinión, prefiero esperar a que por lo menos el polvo regrese al suelo, pues se carece de la información completa y lo que uno opina se torna especulativo, aunque un juego de apuesta atractivo. No podría decir que el  asesinato del General Suleimani fuera un ajusticiamiento, pues fue liquidado sin ir a juicio por los crímenes que pudiera haber propiciado.

Calificados comentaristas han criticado el acto como uno de terrorismo selectivo, que se da cuando el asesino escoge a su víctima antes de ejecutar el atentado y luego procede. Está práctica es un tema siempre en debate, especialmente cuando la víctima no era alguien metido de lleno en la gestión de actos que atentaran contra la seguridad de un estado. En este caso en particular, es claro que el General Suleimani, no era mansa paloma alguna y posiblemente se puede probar que no andaba en Bagdad en la boda de la hija de un íntimo amigo. Sin tener las evidencias y como diplomático que he sido, no puedo concluir con base a percepciones que el General Suleimani estaba vinculado al ataque contra la Embajada de los EE.UU., técnicamente territorio norteamericano. Sin embargo, aunque se dice que llegó a Bagdad a una reunión con el jefe de Hezbollah, que bien pudo realizarse en Teherán, el instinto me indica que no es descabellado suponer que andaba en “artes” de su causa, “malas” para algunos, “buenas” para otros.

Me parece una locura que el individuo anduviera en Bagdad, donde ciertamente Irán tiene gran influencia, pero donde la presencia de los EE.UU. es gigantesca y la influencia de los Sunni opuestos a Irán es enorme, así como la capacidad de maniobra del Mossad israelí es reconocida. Muestra de arrogancia de Suleimani, que atenta contra la idea de que era una persona brillante o un deseo de convertirse en mártir, lo que no tiene mucho sentido. Como decimos en Costa Rica… “se puso para que le dieran”, siendo un hombre en guerra contra Israel y los EE.UU.… de esto no me cabe la menor duda.

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Quizás Suleimani interpretó mal las señales y pensó que EE.UU. está en franca retirada del Medio Oriente, lo cual pienso jamás va a ocurrir. No dejaría nunca a Israel solo, ni a sus aliados árabes a merced de la poderosa potencia regional que es Irán, regional reitero y agrego…limitada, de tercer orden a nivel mundial. Además, han invertido muchos recursos  en la estratégica zona, desde la no bien pensada eliminación de Sadam Hussein de la ecuación medio oriental. Simplemente la presencia norteamericana, tecnológicamente superior como es, se mimetiza en otro tipo, más sutil y por supuesto más barata.

Adicionalmente hay que analizar el caso actual, tomando en cuenta el antecedente del asalto a la Embajada Americana en Teherán, que posiblemente le costó la relección al Presidente Carter. En vísperas de elecciones, el Presidente Trump no se quedaría de brazos cruzados, sabiendo además que le puede sacar “kilometraje” al acontecimiento político-militar. Habían otras alternativas, como un bombardeo selectivo a blancos no civiles en Irán, mucho más caras y de consecuencias difíciles de prever y manejar, pues ya sería un ataque directo al territorio iraní, lo que quizás no dejaría otra posibilidad a Irán que montar escaramuzas contra los EE.UU., lo que sería una locura o autoinmolación y maniobra peligrosísima, convirtiendo quizás a Suleimani en un archiduque Franz Ferdinand moderno.


No creo que los persas quieran que su país sea atacado directamente, lo que puede suceder si la provocación es desproporcionada. Creo Irán será cuidadoso con su respuesta y se concentrará por medio de sus aliados en Irak y el Medio Oriente, en propulsar la salida de EE.UU. de ese país. “Berreará” sin duda, lo cual es lógico y desahogo inmediato  de su frustración.

Irán es un país bloqueado parcialmente por Occidente, con problemas económicos de gran envergadura y una capacidad militar, si bien competitiva para los estándares del Medio Oriente, incapaz de competir con los EE.UU. y sus bombarderos estratégicos en Diego García o con el poderío militar israelí y el aporte que los sauditas y sus aliados en el Golfo Pérsico puedan hacer. Recordemos aquel dicho “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”, aplicable a los saudíes e israelitas en este momento. Israel por otro lado, ha hecho todo un arte, el dividir a los árabes y enfrentar a sus aliados árabes con los persas.

Los ayatolas además enfrentan una situación política interna difícil, que hace que muchos ciudadanos, podría ser no privilegien en este momento la causa nacionalista o lo harían con menor entusiasmo. El régimen acaba de asesinar al menos a cientos de manifestantes. Cualquier error de cálculo puede ser fatal para su permanencia en el poder, a pesar del control que sus aparatos de seguridad todavía tienen sobre la población iraní.

China y Rusia no creo tengan apetito para meterse en el conflicto, mientras no se toquen sus intereses vitales; tendrán los EE.UU. que ser cuidadosos. Rusia es militarmente fuerte pero principalmente en lo estratégico, lo disuasivo a una conflagración nuclear, en base a las viejas teorías de paridad disuasiva o al menos “force de frappe”, nociones en boga en los años setenta. A Putin le interesa mantener el status favorable que ha obtenido en el Medio Oriente. No me cabe la menor duda de que Rusia y EE.UU. están conversando y que Rusia juega sus cartas en el área. Rusia no tiene la capacidad económica, para una nueva guerra en el Medio Oriente con resultados imprevisibles. Esto no quiere decir que por errores de cálculo de alguien, no se vayan a involucrar en una descabellada aventura bélica mayor.

En el caso de la China, le interesa que le siga llegando el petróleo iraní y que los musulmanes en el oeste de su país estén tranquilos. Sin duda, los EE.UU. también conversan con los chinos. Éstos, al igual que los rusos, saben que entre Irán y los norteamericanos, hay una animadversión  casi enfermiza.

Del Presidente Trump, de quien mucho no me gusta,  me agradó la frase que lanzó.... “Irán jamás ha ganado una guerra, pero jamás ha perdido una negociación”, lo cual es cierto, tanto para la antigua Persia como para la actual Irán. Me gustó, es la actitud correcta; la guerra es terrible, en ocasiones inevitable, pero debe hacerse todo lo posible por no llegar a ella.

En mis tiempos como diplomático, siempre le dije a los amigos en el Departamento de Estado de los EE.UU., que a mi limitado juicio es un error tratar a una civilización tan vetusta y desarrollada como la persa, como si fuera una de beduinos en el desierto, lo que digo sin querer ser peyorativo. Con ellos, hay que “sentarse” a  conocerse, hacer el esfuerzo por dejar atrás las fustigaciones recíprocas y entonces negociar.




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