Nacionales

El Brigadier y su árbol salvadoreño de la Navidad

Carlos Cañas Dinarte

martes 24, diciembre 2019 - 12:01 am

Los abetos pueden crecer hasta 35 metros de altura y hasta dos dos de diámetro. / DEM

Sería interesante encontrar y leer el informe completo del Doctor Salvador Calderón. Es posible que se localice entre los más de 10 millones de documentos almacenados en el Archivo General de la Nación, en el Palacio Nacional. En su ausencia, resulta significativo analizar ese pequeño párrafo de la memoria ministerial del general Calderón.

Habían transcurrido ya casi cuatro décadas desde que otros naturalistas, como los doctores David Joaquín Guzmán Martorell, Darío González y Sixto Alberto Padilla habían recorrido el territorio natural para elaborar sus listados de la botánica nacional con fines comerciales e industriales. Se trataron de los primeros esfuerzos por obtener recursos endógenos para generar industrias como la generación de papel -esencial para el periodismo impreso, por ejemplo-, la construcción de casas -en especial, si estaban incorporadas dentro del programa de casas baratas del gobierno, como la colonia El Bosque, en la capital- y la farmacopea, en la que toda resina o sustancia que pudiera emplearse para el tratamiento masivo de la tuberculosis era bien recibida y promovida. Eso explicaba el éxito inmediato de productos farmacéuticos como el elixir Zorritone, fabricado por el doctor Antonio Calderón Morán (Ancalmo).

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La parte más significativa del fragmento es aquella que expresa que “por su natural belleza [ese abeto] debiera ser nuestro Árbol de Navidad, así como en los países europeos el propio de cada una sirve para el mismo fin”. Es decir, había una pretensión de fijar un nacionalismo botánico para las festividades navideñas. Aquel abeto de ramas en forma de cruz (del que deriva su nombre) podía ser un “árbol casi desconocido”, que solo se daba por entonces en las alturas del departamento norteño de Chalatenango, pero no era una especie arbórea propia de El Salvador. ¿Cabría la posibilidad de que hubiera algún otro propósito en pretender incentivar su cultivo como árbol navideño?

Desde la crisis financiera internacional de Wall Street en 1929, el país arrastraba una situación económica difícil, en especial por sus afanes monoagroexportadores centrados en el café y, en menor medida, en el azúcar.  Con una masa poblacional muy amplia sin trabajo en los campos y las poblaciones urbanas, El Salvador comenzó a ver grandes movimientos de inmigración y emigración hacia los campos bananeros de Honduras y otros destinos dentro del territorio estadounidense y la zona del Canal de Panamá. Entre 1936 y 1937, la situación a la baja en los precios internacionales del café representó otro duro momento para la economía nacional. En ese sentido, cabe la posibilidad de que el gobierno buscara alternativas de cultivo para las zonas altas y frías del país, esas mismas donde por entonces se desarrollaban los máximos centros cafeteros. Aunque el fragmento no lo revela, es muy probable que se quisiera formar una industria maderera intensiva, de la que se pudieran extraer las puntas de los abetos para los interiores de los hogares, en imitación de como se usaban en Estados Unidos para las festividades anuales de Navidad y Año Nuevo.


El Abies religiosa era una especie rara de abeto dentro del territorio nacional y una especie no-nativa. Es un árbol muy conocido en los estados mexicanos de Michoacán y México, donde se le denomina oyamel o axcoyatl. En especial, son árboles que se dan dentro de terrenos neovolcánicos de clima semifrío subhúmedo dentro del clima tropical pluviestacional. Sus troncos llegan a medir hasta 35 metros de altura y sus copas cónicas están repletas de follaje oscuro, con algunos matices azul y blanco… ¡como los de la bandera salvadoreña! Desarrollados en alturas de entre 2700 y 3500 metros sobre el nivel del mar, sobre todo en la sierra de Angangueo, los bosques de oyameles cuenta con una protección oficial significativa, pues forman el ecosistema en el que hibernan millones de Danaus plexippus o mariposas monarca tras su larga migración desde Canadá y Estados Unidos.

¿Pretendió el doctor Calderón lograr una aclimatación artificial de mariposas monarca en zonas al norte de El Salvador? ¿Buscaba abrir experiencias pioneras con un mariposario bajo protección oficial? ¿Por qué identificó a ese abeto como una especie salvadoreña y no se inclinó por otra, como algún pinabete? Reitero: habría que buscar y leer el informe completo del Dr. Calderón para saber sus antecedentes y propósitos, pero el fragmento de la memoria ministerial del general Calderón sirve para trazarnos una idea de las pretensiones nacionalistas de la férrea dictadura martinista.

En los años siguientes, el tema del abeto como árbol oficial de la navidad salvadoreña desapareció del lenguaje gubernamental y no trascendió a la prensa y a la sociedad en general. En las décadas de 1970 y 1980, fuertes combates entre el ejército y la guerrilla desplazaron a importantes masas de población de diversas zonas del departamento chalateco. Así fue como resurgió la zona boscosa de La Montañona. ¿Sobrevivieron ejemplares del Abies religiosa entre esos árboles? No he podido localizar menciones a ese abeto en los informes emitidos por Prisma, el Ministerio del Medio Ambiente y Recursos Naturales y otras entidades internacionales.

Desde unos 40 años hacia el presente, vivimos en la era del plástico y de degradación planetaria debido al acelerado cambio climático que nosotros mismos hemos provocado. Hace unos cuantos años atrás, en el parqueo adjunto al Museo Nacional de Antropología “Dr. David J. Guzmán”, unos empresarios llevaron varios furgones refrigerados que transportaban decenas de árboles naturales de navidad, importados desde Canadá. Recuerdo que hicieron “venta loca”, con aquel producto arbóreo, pese a lo caro de cada ejemplar.

En la actualidad, el árbol de navidad (de plástico) es un elemento bastante común dentro de los hogares salvadoreños y en algunos espacios públicos, como la plaza capitalina Salvador del Mundo.

Sería interesante pensar en la posibilidad de contar con alguna especie maderable que se pudiera cultivar de manera sostenible, cuyas puntas pudieran servir como árboles navideños, para que después pudieran reciclarse y volver a sembrarse para continuar con el ciclo de producción. Es cuestión de inversión económica y de educación de la población. Urgimos de menos discursos y de más acciones efectivas y de impacto real a favor de nuestro planeta, el único en el que vivimos… por el momento.

Su desarrollo al norte del país era principalmente silvestre. / DEM




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