Editorial & Opinion

El CNP y el derecho de autorregularnos

Sherman Calvo / Empresario

viernes 16, agosto 2019 - 12:00 am

El Salvador ha administrado con éxito la autorregulación publicitaria por más de 50 años. Le hemos demostrado al Estado, sin costo alguno, que sabemos hacerlo. Tenemos principios éticos, cimentados en un Código de Ética que nació casi al mismo tiempo que el Consejo Nacional de la Publicidad (CNP), y un modelo de trabajo emblemático para Latinoamérica. Esta filosofía de trabajo es un trípode que vincula a medios, agencias y anunciantes; todos trabajando armoniosamente y demostrando que es posible autorregularse e innecesario cualquier intento externo de regulación.

La libertad de expresión comercial –como una de las ramas del árbol de la Libertad de Expresión– está protegida por los convenios internacionales. Es una manifestación legítima de la libertad, y como tal, debe ser respetada por el Estado. Es en este punto donde muchas veces se plantea una discusión sobre los límites de esa libertad. Si estamos pidiendo al Estado que no intervenga en nuestro espacio de comunicación, ¿quién vigilará que esa libertad sea ejercida dentro de un marco de responsabilidad? ¿Quién evitará que se cometan abusos? ¿O es que esa legitimidad otorga a los comunicadores publicitarios una licencia de inmunidad para usar esa libertad sin limitaciones de ninguna índole? Por supuesto que no. Esto equivaldría a una patente de libertinaje.

Nosotros creemos que la actividad publicitaria, como cualquier otra actividad que se realiza en sociedad, debe estar sujeta a reglas, a una normativa, como todo lo humano.  Reglas que mantengan a la comunicación comercial dentro de parámetros de veracidad, legalidad, honestidad, decoro y respeto a los valores de la comunidad. Esto es lo que conocemos como Autorregulación Publicitaria.

publicidad

En 1965 los anunciantes, las agencias publicitarias y los medios de comunicación se ponen de acuerdo, y crean un órgano representativo llamado CNP, Consejo Nacional de la Publicidad de El Salvador. El CNP administra un sistema de vigilancia de la publicidad para garantizar que se cumpla a cabalidad el Código de Ética Publicitaria que todos firmaron el 16 de mayo de 1980. Esto asegura una publicidad responsable, regulada por sus propios autores.

La autorregulación publicitaria funciona exitosamente en los países miembros de la Unión Europea, en Estados Unidos y Canadá. En América Latina opera en Brasil, Chile, Colombia, El Salvador y en México. Además, la autorregulación publicitaria está en vías de implementación en países como Argentina, Honduras, Paraguay, Perú y Uruguay.


La autorregulación publicitaria no es nueva, ni es una invención oportunista o trasnochada de los publicitarios. Está sustentada en sabios y sanos principios éticos y, además, soportada por el Principio de la Subsidiaridad. EL ESTADO DEBE PROMOVER LA AUTORREGULACIÓN PUBLICITARIA.

La publicidad es un acelerador del consumo que no debe ser confundido con el consumismo, somos un lubricante de una maquinaria productiva. Y el gobierno es el responsable de estimular esa maquinaria productiva para que la publicidad pueda acelerarla. Necesitamos un sano tejido productivo, para que la publicidad haga su trabajo dentro de una sociedad de consumo, pero si no está creciendo la economía hay menos inversión.

En su diálogo con los gobiernos de América Latina, la SILEC solicita con insistencia que se les dé la oportunidad a todos los mercados de la región, de ejercer la autorregulación a través de sociedades intermedias de la Industria de la Publicidad, como el Consejo Nacional de la Publicidad de El Salvador. Las comunidades publicitarias de América Latina están maduras y cuentan con líderes capaces de ejercer un autocontrol eficaz de la comunicación comercial.

El entorno profesional está creciendo y mejorando, el talento existe y las universidades han alcanzado un alto nivel profesional. Sin embargo, se necesita un clima de inversión favorable, estable y seguro jurídicamente, con un clima de negocios atractivo para hacer que las marcas compitan. El agravante para las gremiales de la industria es que la perspectiva de crecimiento es incierta, así como para cualquier otro sector de la economía, la publicidad se encuentra en una posición delicada y “sufre, al igual que todas (las industrias), porque está adentro del mismo escenario tratando de hacer su mejor papel”.

La industria de la publicidad no necesita incentivos porque ha demostrado capacidad de auto incentivarse. Lo que se necesita es que se respete y garantice la libertad de expresión comercial.

El gobierno debe escuchar a dichos líderes, estimularlos, y permitirles organizarse para la autorregulación. Este voto de confianza a un CNP autónomo puede marcar la diferencia entre criar ciudadanos recelosos, escurridizos y conflictivos, dentro de una atmósfera policíaca de censura, y cultivar profesionales responsables y colaboradores, conscientes de su compromiso con la comunidad.




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