Editorial & Opinion

El cuento de la captura del Órgano Judicial por gobernantes desalmados

Lilliam Arrieta de Carsana / Abogada

martes 10, septiembre 2019 - 12:00 am

Les voy a contar un cuento de verdadero horror. Es la historia de cómo mueren las democracias cuando los gobernantes capturan al Órgano Judicial.  Y no se trata de ficción, sino que de hechos reales ocurridos en varias partes del mundo. Se los voy a contar para que aprendamos las lecciones de las dificultades que otros pueblos han tenido que soportar, para que se las transmitamos a las nuevas generaciones, pero, sobre todo, para que nunca dejemos que pase en nuestro país. Pero antes de contarles sobre Daniel, Hugo, Erdogan y Evo, tengo que recordarles que solo las cortes independientes pueden frenar los abusos de poder y defender los derechos de los ciudadanos, por lo que todos debemos evitar la captura del Órgano Judicial.

Este cuento de horror ocurrió y sigue ocurriendo en Nicaragua.  Llegó al poder Daniel, un líder vestido de revolucionario, quien poco a poco fue olvidando los ideales que algún día tuvo, para convertirse en un tirano que encarcela en oscuros lugares a jóvenes, a periodistas y a cualquiera que esté en su contra. En un país con un Órgano Judicial independiente, los derechos de estas y otras personas que han sufrido abusos por parte del gobernante o de su círculo, hubieran sido defendidos; pero el tirano nicaragüense capturó al Órgano Judicial, logró controlarlo y hasta logró que varios de sus amigos jueces siguieran en el cargo después de haberse vencido su plazo, entre otras cosas. En Nicaragua la gente vive con miedo de ser encarcelada, desaparecida o torturada, porque saben que no hay prácticamente nadie para defenderlos, porque la democracia hace ratos que murió en ese país.

Otro lugar donde ha ocurrido un relato de absoluto horror es en Venezuela.  Llegó al poder Hugo, un militar vestido de amigo del pueblo, quien dijo comprenderlos y quererlos como nunca nadie antes los había comprendido, pero sus palabras estaban cargadas de engaño y, poco a poco, fue destruyendo todo lo bueno que había hecho de Venezuela un país próspero, donde se vivía en paz.  Tener que entregar el poder para que otro gobernante electo por el pueblo pudiera ocupar su lugar, no estaba en sus planes y para quedarse en el poder y burlarse de todo lo que había prometido al pueblo venezolano, también capturó a los jueces del máximo tribunal.  Con la ayuda de estos magistrados mató la democracia en Venezuela y cuando Hugo falleció, dejó a un heredero, como en tiempos de los monarcas absolutos que se heredaban el poder, sin que el pueblo pudiera decir “amén”.

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En Turquía, el presidente Erdogan también capturó a los jueces, pero ahí el horror es aún mayor, porque no los compra con sobornos o beneficios de algún tipo, sino que literalmente se capturan y se meten presos a los jueces que se muestran independientes frente al poder.  En 2017, luego de un supuesto golpe de Estado, Erdogan metió presos a casi 4,000 jueces que osaron desafiarlo.  Este presidente también llegó al poder con cantos de sirenas en los que muchos creyeron, pero en ese país la democracia también murió. Ya no hay frenos ni contrapesos y es el país con el mayor número de periodistas encarcelados en el mundo.

El último cuento de horror ocurrió en Bolivia.  Llegó Evo. El primer presidente indígena de ese país, lleno de ideales y supuestamente inmune a las mieles de la riqueza y del poder. Pero en este terrorífico relato, el poder lo carcomió por dentro, hasta sus entrañas. Evo se quedó más tiempo del que debía en el poder y cuando llegó el momento de irse, decidió quedarse otro tiempo más, por lo que le consultó al pueblo si estaban de acuerdo que continuara en la presidencia, pero el pueblo le respondió que “NO”.  Sin embargo, Evo tenía amigos jueces en el tribunal constitucional, que le dijeron que “SÍ”. Y cuando Bolivia despertó…Evo seguía ahí.


Podría contarles también los relatos de terror de Guatemala, Honduras, Polonia, Hungría y otros países más, pero lo más importante de todo, es que recordemos que sin jueces independientes las democracias mueren y que, por lo tanto, debemos exigir a los gobernantes que no capturen al Órgano Judicial,  a los jueces que no se dejen capturar y como ciudadanos debemos permanecer con los ojos bien abiertos para no dejar que esto ocurra en nuestro país.




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