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Nacionales

El daño invisible de la violencia

Iliana Cornejo / Karla Valladares

lunes 10, diciembre 2018 - 12:01 am

El bombardeo de información sobre hechos violentos parece ser, en El Salvador, el pan de cada día y con ello el asombro o la naturalidad con que las personas suelen asimilar dicha información.

Los daños que una persona puede tener después de observar una escena violenta, desde golpes, agresiones y la forma más extrema, un homicidio, pasan desapercibidos en toda la sociedad salvadoreña.

“Cuando vemos a la población salvadoreña que vive en contexto de violencia hay diferentes niveles de afectación; si usted ve un hecho de violencia en la calle eso no pasa desapercibido para el organismo, la mente y salud mental de cualquiera, ya sea que usted se entere, lo presenció o es la víctima de violencia, siempre hay un nivel de afectación, dependiendo que tan cerca esté usted del evento, pero no quiere decir que las personas que lo presenciaron no tienen afectación, por eso le digo el porcentaje de población afectada por violencia es mayor, si hablamos de la salud mental de un colectivo”, explica la doctora Emperatriz Crespín, jefa de la Unidad de Atención Integral a todas las formas de violencia, del Ministerio de Salud (Minsal).

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Los padecimientos más frecuentes después de presenciar un hecho violento son ansiedad, depresión, trastorno de estrés post traumático, trastorno de pánico y trastorno de conducta, en los niños; sin embargo, también están los efectos físicos, consecuencias de un hecho violento como dolores de cabeza, estómago, colitis, gastritis, diarreas, estreñimiento e insomnio.

¿Pero qué ocurre cuando la exposición a hechos violentos sucede constantemente? Según la doctora Crespín la persona tiene un proceso de desgaste e inicia un proceso de adaptación personal-psicológico “esa violencia se vuelve un mecanismo de sobrevivencia, empieza en algún momento a ser crónico, la autoestima de manera crónica se va afectando en el tiempo y hay personas que naturalizan, como víctima, y siguen viviendo en ese ciclo que consideran a sí mismo con menos valor al agresor”, agrega Crespín.  “La sociedad se ha adaptado a algo que sucede todos los días, pienso que si un día no hubiera muertos por hechos de violencia hasta sería noticia. Para nosotros es normal, si usted va a otro país, con uno que haya ya sacan la gran noticia, por eso se naturaliza porque sucede todos los días”, dice Nadia Ortiz, experta de salud mental del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR).


Ortiz agrega que una sociedad como la salvadoreña no es que exista una predisposición al mal, sino que la persona luego de estar expuesta a la violencia genera mecanismos de defensa que son normales, por ejemplo, si la persona es asaltada en el bus, su mecanismo de defensa es pensar que la próxima vez que se suba a una unidad de transporte puede ser asaltada nuevamente.

“Lo que puede generar es que ande con su trastorno de ansiedad permanente, a todo bus que se suba va a sentir que le late rápido el corazón, que la sangre se le acelera, dolor de cabeza”, dice Ortiz.

Según las estadísticas del Ministerio de Salud, en 2017 atendieron a 3,351 personas por alguna forma de violencia, entre ellos por primera vez y subsecuentes.

 

Buscar ayuda

Ruth Quintanilla, psiquiatra del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), explica que las personas buscan ayuda clínica por los dolores físicos pero que a medida conocen las particularidades, piden ayuda psiquiátrica y psicológica.

“Respondemos más rápido a una herida física pero el impacto emocional no lo tocamos hasta que ya no podemos con él, hasta que el insomnio es un muy grande, hasta que el apetito está demasiado afectado. Hay que darle la atención debida a la salud mental, porque no somos islas”, explica Quintanilla.

La experta en salud metal del CICR, Nadia Ortiz, dice que trabajan en cuatro aspectos prevención, promoción, tratamiento y rehabilitación; los primeros aspectos son trabajados en escuelas con niños y adolescentes, también con padres de familia –con quienes es más difícil- asegura.

“Cuando nuestra rutina diaria se ve muy afectada no esperemos que todo vaya mal; es como un carrito, si se le pincha una llantita hay que llevarlo rápido a que se la inflen de nuevo, es lo mismo, cuando vemos que solitos no podemos hay que recurrir a los expertos de salud mental”, insta Quintanilla.

Los males del aparato digestivo suelen ser consecuencia de la violencia. / DEM




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