Editorial & Opinion

El debate

Rafael Domínguez / Periodista

miércoles 16, enero 2019 - 12:00 am

Aún y cuando nos falta mucho para establecer verdaderos debates electorales, no hay duda que se dan pasos cada vez más acelerados para alcanzar la meta. Un debate electoral es parte fundamental de la posibilidad que se le abre al elector de no solo escuchar propuestas, sino que éstas puedan ser cuestionadas desde puntos de vista contrarios, lo cual fortalece las posibilidades o las desvanece en la mente del elector, dándole oportunidad de repensar su voto o de consolidarlo.

El debate es un ejercicio de la democracia, quien no está en la disposición de un debate no está listo para gobernar y la historia nos lo demuestra ya que en aquellos gobiernos donde el mandatario se negó a debatir, siendo candidato, hubo generalmente cerrazón a las ideas de otros, incapacidad de acuerdos y toma de decisiones arbitrarias. El debate es un ejercicio de capacidades, primero comunicativas que implica la capacidad de síntesis, claridad de ideas y posibilidad de trasladar emociones y pasiones que son las que un líder necesita para ser apoyado; segundo, capacidad de defender ideas y posiciones, lo que podríamos decir es habilidad para convencer y demostrar lógica en los enunciados; tercero, capacidad para cuestionar a otros, es la agilidad con la que se puede contraponer un concepto para desbaratar una propuesta contraria; cuarto la capacidad de control y dominio propio, la capacidad de recibir ataques y cuestionamientos sin perder la cordura y la lucidez, demostrando madurez de carácter, una necesidad para un gobernante. El debate es la culminación de una campaña, es la forma más breve y efectiva de hacerse notar y demostrar cualidades sobre otros participantes, pero sobre todo es la ventana que el elector necesita para “comprar las ideas” que se le presentan, las que se supone van a mejorar su vida, su empleo, su seguridad, su confianza, su preparación educativa y la de su próxima generación; es un servicio para el elector no solo un beneficio para el candidato.

Debatir en otros países que han comprendido su valor, es incluirlo en la currícula de las escuelas y universidades, es parte de las habilidades no solo políticas electorales sino de la convivencia diaria, porque se debate todos los días, porque todos los días intercambiamos ideas y somos sujetos de influencia; el debate es el que se da en las calles para resolver un problema de tránsito, un problema legal, un simple conflicto familiar pasa por esta preciosa capacidad de intercambiar puntos de vista. Lastimosamente para los salvadoreños el debate es sinónimo de pelea, de agarrón entre bandos, es el conato para la violencia, digo esto porque al inhibirnos en la capacidad de debate lo que queda es la violencia, la imposición de las ideas y la resistencia a las ideas; por eso me molesta y me afecta que el debate presidencial no haya estado completo y que uno de los candidatos haya optado por lo salvadoreño de siempre: generar contienda en lugar de generar debate y regalarnos a los electores la oportunidad de crecer democráticamente; la oportunidad de aprender que pensar distinto no es pecado ni conflicto, pero lo es cuando crees que solo lo que tú piensas tiene valor.

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El debate organizado por ASDER, al igual que los otros debates realizados, son buenos en el propósito pero están limitados, porque nosotros mismos, como ciudadanos, no estamos listos para un verdadero debate; si, somos nosotros los oyentes y televidentes somos los que debemos estar preparados, no solo los candidatos, ya que debemos saber que un debate dejará a nuestro preferido, totalmente expuesto, con oportunidad de recibir conceptos mejores sobre sus conceptos. Ver a nuestros héroes políticos caer en el escenario de las ideas no es fácil y eso es importante porque como electores debemos aprender que dar y quitar apoyo es también parte del ejercicio, que cambiar de parecer, cambiar de bandera, cambiar de voto es parte de ese ejercicio, pues no estamos para votar a ciegas, sino con un voto consciente, que afectará a todos los ciudadanos una vez se convierta en poder otorgado al mandatario.

De tal manera, puedo decir que aún y cuando no tengamos todavía verdaderos debates, estamos cada vez más cerca y hay que prepararse para liberar ese poder existente en tan importante ejercicio de ofrecer ideas y vender ideas, defenderlas y cuestionarlas, ideas que pueden llevar nuestro futuro a lo mejor de sus posibilidades o postrarnos cruelmente en la incapacidad. Lo mejor de todo ha sido que este debate me permitió ver quién de los candidatos no está preparado, porque no está preparado quien no comprende que sin debate sus nuevas ideas siguen siendo tan viejas y corrientes como el más corriente de los políticos de siempre.





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