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Editorial & Opinion

El emprendedor

Rafael Domínguez / Periodista

miércoles 26, septiembre 2018 - 12:00 am

En los variopintos discursos siempre escuchamos sobre la necesidad de los “emprendedores” de empujar a esa raza especial de ciudadanos que pese a las dificultades o motivados por ellas, crean negocio, tratan de salir adelante por esfuerzo propio. Esos discursos si bien son importantes y ponen en el sentido correcto la discusión sobre cómo crear riqueza o multiplicar el empleo, se quedan en mera utopía cuando las realidades del día a día no son las propicias para que florezca ese emprendedurismo.

El Salvador y otros de los países de la región, aunque empujen en el discurso, no lograrán los resultados si no hay condiciones y eso es abrir de otra manera la institucionalidad, los impuestos, las estructuras administrativas y el ordenamiento jurídico, entre otras cosas, para que ese emprender pueda ser. Un emprendedor necesita que su idea, por buena o mala que sea, tenga oportunidad, necesita facilidad para asociarse o flexibilidad para crear empresas sin asociarse a nadie; necesita comprender los procesos y que sea fácil registrar marcas, logos, patentes, igualmente debe ser sencillo poder abrir una cuenta bancaria empresarial, pero aún (en la era digital) un sello de hule es impedimento para un trámite, no digamos el acceso a vender en línea. Se necesita acceso a las pasarelas de pago nacionales e internacionales, la facilidad para repatriar dinero de esas pasarelas como Paypal, 2checkout, etc… un emprendedor necesita facilidad para importar, para enviar y recibir transferencias bancarias, se necesita clasificar las empresas según su estado, porque una empresa de cinco años no es lo mismo que una que va a comenzar, pero nuestro sistema cataloga bajo el principio de igualdad a todos de la misma forma y eso, aunque jurídicamente es correcto, se vuelve un problema para emprender, porque no te pueden pedir a ti que emprendes una idea, lo mismo que una empresa ya en funciones puede dar, tenemos que abrir los procesos según condiciones, por ejemplo: en las tasas de impuestos nacionales y o municipales, no hablo de exenciones pero sí tasas diferenciadas considerando que para que un negocio sea rentable por lo menos pasaran dos años de arduo esfuerzo y no podemos ponerle al emprendedor primero carga tributaria antes que empiece a generar resultados; así mismo, muchos otros trámites que deben irse eliminando o incorporando según el avance de cada emprendimiento, puesto que muchos en su gran mayoría no sobreviven ni 12 meses y se pierden buenas oportunidades por el exceso de requisitos, esfuerzos, impuestos, que matan la libertad creativa y el resultado financiero, es decir, el gobierno y sus estructuras nos desalientan antes de tener por lo menos certeza de que nuestra idea puede ser exitosa.

En esto del emprender se cree muchas veces que lo único que se necesita es una idea y capital para echarla andar, pero en la práctica es mucho más que eso, se necesita enfrentar un monstruo de burocracia que no entiende de emprendedores, solo de requisitos y de exigencias; muchas veces hasta pareciera un monstruo antiemprendedor porque su diseño es no facilitar a nadie poder nacer, crecer y ampliar un negocio, más bien ver nacer y matar lo más pronto posible cualquier intento. Para emprender no solo se trata de plata, sino cómo ésta puede multiplicarse y dónde es que se estará usando; es analizar cómo por cada dólar generado el Estado puede ayudarte a generar más, por cada empleo formal generado, cómo el Estado puede ayudarte a crear otro o por lo menos facilitarte multiplicar la venta; pero el sistema, para poner un ejemplo, te exige, al crear una empresa, por lo menos dos empleados en la planilla del ISSS y una dirección física para tu negocio, pasando por alto que la mayoría de emprendimientos son digitales y no tienen ni oficinas ni empleados y que quien emprende lo que menos quiere es costos.

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La idea de un gobierno que compra productos y servicios nacionales, y que pone incluso una cuota de inversión en empresas nacionales puede ser bueno, el problema es que se le da contrato solo a las mismas durante períodos muy largos, por ejemplo: si se necesitan al año 1000 galones de desinfectante para pisos  eso debe ser comprado seis meses a una empresa y seis meses a otra, principalmente emprendedoras, con menos de un año de existir, que pueden usar ese recurso para crecer, pero si es una sola empresa la que vende al estado las posibilidades de emprender se reducen demasiado, al igual que la oportunidad de aumentar en marcas y nuevos productos que además incrementen la competencia.

El emprendedor para crecer necesita competir, necesita innovar, sobrepasar a los ya existentes y abrirse espacio, por ello tenemos que generar de otra forma la oportunidad, porque en el sistema actual las ideas, las innovaciones terminan casi al mismo tiempo de crearse porque no hay mercado o porque el mercado no está listo para la competencia y la institucionalidad fortalece al más grande y no apoya al más pequeño, el sistema debe acompañar el crecimiento, proteger al recién llegado, abrirle espacio para ubicarlo pronto en la plataforma de competencia, para luego dejarlo crecer pero nutrido de lo necesario.


Cuando en los discursos hablen de emprendedores recordemos que son necesarios pero que sin cambios reales en la manera en la que la nación los recibe y los apoya solo seguirá siendo discurso.




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