Editorial & Opinion

El engaño de la ley

Rafael Domínguez / Periodista

jueves 13, junio 2019 - 12:00 am

Los salvadoreños estamos inmersos en algunos engaños que nos mantienen con la es­peranza de que aquello que anhelamos o soñamos puede lograrse de inmediato. Uno es pensar que la solución está en el dinero y la riqueza; otro, que todo lo que necesitamos los políticos lo pueden dar; y el más peligroso de todos, el decretismo, creer que todo puede arreglarse por medio de un decreto legislativo.

Sobre este último engaño, me parece que tenemos un buen ejemplo en la petición de algunos músicos nacionales que, respaldados por la ministra de Cultura y sus deseos de éxito en cartelera, presentaron expresamente su deseo de una ley para que las radios, todas las radios del país, incluyan 40 % de música nacional en sus programaciones.

Nuevamente aparece el deseo y anhelo personal convertido en proyecto de ley, porque eso es lo que está tras la petición, porque está planteada casi como una ley para crear artistas exitosos de forma instantánea, una ley que deja de lado la preferencia, el gusto, la capacidad de selección en la oferta a sus clientes de los propietarios de los medios radiales y peor aún el formato pre definido de la radio, en una combinación obtusa de supuestos derechos y mal gusto.

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La radio es una concesión entregada por el Estado a privados, contra el pago de un derecho de explotación, lo que incluye ceder la posibilidad de definir el concesionario sobre cómo y qué hará con la frecuencia para sostenerla, llamar a su público y mantenerlo cautivo a su emisión, esa concesión es totalmente libre y no habiendo censura previa ni limitaciones de libertad de expresión el concesionario entonces define si pone música, si solo habla, si la usa para fines religiosos, comunitarios, etc… lo que no puede es dejar de usarla ya que perdería inmediatamente el derecho de concesión. Las radios musicales, para poder poner la música que los clientes escuchan, define primero un nicho de mercado, un perfil, ya sea juvenil, ranchero, salsero, etc… luego llena ese perfil con la música del género adecuado, también paga por esa música el derecho de autor y explotación de difusión sonora y paga por usar todo el repertorio disponible, por ende tiene derecho de discriminar qué va a hacer sonar y que no, según su formato y según el elemento más importante: lo que al oyente le gusta. Si tiene éxito en su formato y su contenido, entonces podrá, y será hasta entonces que podrá explotar el beneficio de la audiencia, por lo general, con venta de publicidad. Como comprenderán, es un negocio como cualquier otro que arriesga, invierte, administra, tiene clientes, vende y cobra por un servicio que tiene costos, que paga impuestos, que pelea día con día contra la tecnología y la invasión mundial de fuentes de acceso a la misma música.

De ahí que pretender que la Asamblea Legislativa decrete y obligue a que las programaciones contengan determinado número de canciones nacionales es una violación a derechos en muchos sentidos, pero el más importante al derecho del cliente de elegir y consumir lo que le gusta, ya que si prefiere una radio con corte de habla inglés no le gustará le pongan canciones nacionales, porque hay que ponerlas, igualmente se violan derechos de libre contratación y no digamos competencia desleal contra otros artistas que serían discriminados por su origen o raza. Con lo anterior no estoy diciendo que los artistas nacionales no merezcan o no deban tener apoyo, creo que sí, de hecho desde mis primeros días de radio allá por 1986 les he dado el apoyo, los he visto aparecer, crecer, llegar a los número uno y desaparecer, pero no porque una mano secreta los levante, sino porque el oyente los ha preferido; desde ese entonces, en las radios salvadoreñas siempre ha habido espacio para ellos, tanto que el ahora impulsor de la idea, el Sr. Jhose Lora, tuvo oportunidad e instaló su propia radio, donde empujo la música nacional pero fracasó, como muchas otras que lo han intentado con música nacional y no nacional, porque son muchos los factores que intervienen en el éxito o no de una radio y hoy en la era digital con más agravantes.


Creo que si de apoyar al artista se trata, un decreto solo es válido si sirve para implantar la música obligatoria en las escuelas, eliminar los impuestos a la importación de instrumentos, la creación de un conservatorio nacional o modificar la ley de telecomunicaciones para que el dinero de las concesiones de radio vayan en parte al Cenar o a las academias de música; igualmente, para que las tres radios del Estado: Cadena Cuscatlán, Radio Legislativa y Radio Nacional puedan ser los espacios que necesitan para su propósito. Hacer empresa con yugos legales es tirar a la basura cualquier discurso que suene a modernismo, diferencia y atracción de inversión y un decreto como éste no es más que volver al mismo engaño de que una ley corregirá lo que por capacidad no podemos corregir o podemos alcanzar.




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